Les ales s’em desfan a les ones. Mar amic, vent enemic, blau estimat. El cor se m’atura en els roquers. I jo ho veig tot clar, molt mes clar. Aquella gavina volandera, que segueix la meva barca Em fita desconfiada i em crida fugissera. I jo em buido en l’aire infinit
Tras leer la carta publicada en el periódico “El Mundo” por un ciudadano apedillado Valderribas (curioso, el corrector de Word me señala un error para apedillado y me sugiere aperrillado), mi confianza en la capacidad proactiva del ser humano ha sufrido otro duro golpe.
Tan solo ayer en una reunión con amigos me esforzaba en recordarles aquello de que entre seres humanos de todas las razas y de todos los orígenes es más lo que nos une que lo que nos separa. Pero hay quien se empeña en que no, que no es así y hace esfuerzos para que se incrementen las restas, las distancias. Esta es la verdadera Torre de Babel bíblica y no la del idioma, porqué estoy convencido que las personas son completamente capaces de comunicarse sin que hablen el mismo idioma. Aunque sea por signos. Pero no de entenderse.
¡Y cuando llego a casa me encuentro con la nota de esta publicación, que me remite un amigo y que incluyo más abajo! Aparentemente incluir esta nota parece que pueda darle más publicidad a los infames comentarios del cretino que la suscribe, pero creo que precisamente la lectura de los mismos lo que suscita es rechazo.
Este desprecio me duele, como me duele igual la cretinez del concejal que publica en un blog una llamada para herir gratuitamente a personas de otra autonomía, invitando a adoptar niños de allí. Por cierto, ¿no pertenecía este concejal al partido político cuyo máximo representante en Catalunya se ha allanado a las pretensiones del partido en el Gobierno español a fin de que no tenga que presentarse su Presidente a dar explicaciones sobre financiaciones en el Congreso?
Se empieza así y se inicia una espiral de odio y una soflama de “nacionalismos patrióticos” en defensa de no se que esencias, absolutamente innecesarias para una sociedad equilibrada y plural.
A mi modo de ver todas estas manifestaciones parten (como ha sido siempre históricamente) de intereses económicos y de poder, de quienes alientan a la gente de tendencias más radicales o también más crédulas, para que exacerben el ambiente y sacar así beneficio.
La cuestión es ¿cómo los ciudadanos que no compartimos estos criterios podemos librarnos de los políticos ineficaces, cuyo interés reside en mantenerse como sea en el poder? ¿Cómo podemos librarnos de los personajes vociferantes que en lugar de dialogar para aproximar criterios e intentar comunicarse para conocer y entender, se limitan a insultar y a descalificar? ¿Cómo podemos librarnos de aquellos que individual o corporativamente solo buscan beneficios a costa de la indefensión, de las penas y de las miserias de los seres humanos?
La democracia es el mejor sistema político que existe, pero adolece de ciertas debilidades que deberían de corregirse para evitar las sevicias de quienes aprovechan los intersticios para lucrarse de ello. Hay muchos ejemplos, pero me viene a la memoria uno inmediato, el del “nombramiento” de un embajador (¿embajador?) sobre la persona de un hermanísimo. ¡Y nos quejábamos del hermanito de Alfonso Guerra! Eso si, ahora la cuestión tiene cobertura.
No me olvido de quienes están al acecho para sacar provecho de todo este desbarajuste y que ahora quieren pasar por corderos cuando en el pasado han sido también instigadores, tradicionalmente situados en la “derecha” y que cuando les ha interesado han venido corriendo a llamar a la puerta haciendo manifestaciones de hablar catalán en privado para congraciarse. Aunque en la actualidad para mi esto de derecha e izquierda no tiene mucho sentido y yo la división la establecería más bien entre los que detentan el poder (de cualquier tipo: político, económico, fáctico), los que no y los que pretenden detentarlo, ofreciendo el oro y el moro.
Me maravilla que con la cantidad de información de que se dispone actualmente no seamos capaces de ser más objetivos en nuestras apreciaciones y obrar en consecuencia. Al fin y al cabo somos los “clientes” quienes tenemos la última palabra, pero para ello haría falta que la sociedad no primase tanto lo inmediato y supiese mirar más hacia el futuro, eligiendo a quienes realmente fuesen capaces de gobernar en interés de la sociedad y no de si mismos y también aislar a los viloentos y a aquellos que se creen originales y cuya única originalidad es el insultar a los demás.
Pero me temo que la sociedad o está escasamente interesada para involucrarse (la ignorancia ya les va bien a quienes gobiernan) o está excesivamente fragmentada.
El ámbito de los intereses es cada vez más reducido: estado, autonomías, comarcas, ahora posiblemente veguerias, ayuntamientos, barrios, urbanizaciones, manzanas de casas, asociaciones, lobbies, grupos de interés, mi rellano, etc., donde cada cual tira por su lado. Cada vez impera más aquello de ¿Qué hay de lo mío?, menospreciando la posibilidad de hacer frente común contra aquellos problemas que realmente acosan a la humanidad: el hambre, las enfermedades, la denigración de la naturaleza, la pérdida de calidad de vida, las rebajas de bienestar social, los políticos ineptos, los insultadores profesionales, etc., etc..
El mundo está loco…Hay alguna parada para bajarse?
Carta publicada en la sección de Cartas al Director del periódico "El Mundo", firmada por J. Valderribas
Vaya por delante que mi simpatía por vascos y catalanes es la misma,es decir, ninguna. Pero al menos sé distinguir entre un adversarioválido y otro que no lo es. Dicha distinción es muy importante para todo español que se precie, cuyo objetivo en la vida debe ser dar por riclitados los nacionalismos periféricos. Aunque el nacionalismo vasco está emponzoñado por los crímenes abyectos de la banda etarra, son un rival de mucha más enjundia para la nación española que los siempre timoratos catalanes. Y voy a tratar de explicar el por qué. Mientras los vascos han sido siempre un elemento incómodo en todas las invasiones que ha padecido la península, (romanos, godos, árabes), los catalanes se han dejado siempre conquistar por el primero que ha pasado por allí.A un lado la resistencia al invasor, al otro, los fenicios que por un plato de lentejas dejan que se mancille su honor. De hecho, un castellano recio siempre se sentirá más identificado con el carácter rudo y batallador del vasco, dejando momentáneamente a un lado el episodio repugnante que lleva a cabo una banda de asesinos desalmados, que con la falta de carácter, el "acongojamiento", el rechazo al enfrentamiento y el amor por el dinero y no por lo propio que caracteriza a nuestros particulares judíos.
oPor todo esto, no me extraña que al primer ataque serio que se leplantea al nuevo gobierno de la Generalidad, sean los propios catalanes los que sacrifiquen a Carod. Mientras los vascos recibieron una presión incomparablemente superior durante el periodo previo a las últimas elecciones autonómicas, y por desgracia para la nación española con resultado nefasto para nuestros intereses, en Cataluña no han sabido resistir ni el primer achuchón.Era de esperar, no tienen sangre. Ellos mismos destruyen a suslíderes. No tengamos ninguna duda de que con un par de escaramuzasmás, el gobierno de la Generalidad caerá, se convocarán elecciones anticipadas y volverán a gobernar CiU y el PP. Todo debe estar bajo control. Dicen mis contactos en Cataluña que ERC, de hecho el único intento mínimamente serio de ponernos un poco nerviosos, va a quedar electoralmente diezmada el 14-M, mientras que los siempre dóciles chicos de Pujol van a salir ganando de este embrollo. Y ya sabemos que a esta gente con un par de contactos económicos seles tiene más que domesticados. De hecho, encarnan al auténtico fenicio. En definitiva, y para apagar los temores de un buen amigo mío, nuestra auténtica preocupación debe estar centrada en el norte. Los catalanes se anulan ellos mismos, y si se ponen un poco nerviosos, sacamos la tontería del fútbol (el Barsa, ese gran narcótico) y ya están entretenidos para unas cuantas semanas.
Dicen que las nubes configuran caprichosas imágenes en las que puedes encontrar multitud de parecidos. Llevo días mirando al cielo y no encuentro ningún parecido a algo o a alguien...¿Será que estas nubes son muy poco explicitas, o que mi imaginación hace aguas?
Leo una entrevista realizada a un tal Giacomo Marramao, catedrático de filosofía en Roma (¿le habrán hablado a este señor las connotaciones de su apellido italiano en este nuestro país?). Marramao ha publicado un libro, Apología del tiempo oportuno, donde enuncia cosas tan interesantes como:
“…el futuro no existe, nosotros existimos. El futuro depende de nuestra acción, de la interacción con las condiciones. En la historia siempre existe la experiencia de la bifurcación…”
No estoy completamente de acuerdo, porqué en sí su afirmación de que el futuro no existe queda contradicha acto seguido, cuando afirma que depende de nuestra acción. Por tanto, el futuro existe puesto que lo estamos elaborando con nuestras acciones a cada momento.
Lo que si pueden haber, examinándolo desde el momento presente, son varios futuros distintos. Si la visión de futuro se analiza de ahora hacia adelante, puede ser que el futuro sea incierto, pero en todo caso será o uno u otro. Otra cuestión será el resultado que produzcan las opciones elegidas que habrán dado como resultado este futuro, que en ese momento ya será presente o pasado.
Si Hitler no hubiese llegado al poder, es decir si no hubiera obtenido el soporte necesario para ello, en base a las elecciones de futuro que hicieron en aquel momento tantos y tantos ciudadanos que le apoyaron, posiblemente no hubiera habido que lamentar tanto horror.
Si el futuro se analiza a toro pasado, lo que se puede hacer es sacar experiencia de lo ocurrido para no incurrir en nuevos errores. Aún así hay que contar con la resistencia humana a aprender de la experiencia y también con una serie de imponderables que entran en juego y que pueden abortar cualquier intención de mejorar el futuro: las circunstancias concatenantes. Pero eso es otra historia.
En cambio sí estoy de acuerdo con la afirmación que hace Marramao de que la felicidad es un concepto que incluye en si mismo la capacidad de hacer experiencia intensiva de todo, incluso del dolor.
Por otro lado, me gusta su idea de que deberíamos de tratar de vivir el presente más intensamente. La prisa, la ambición, el afán por conseguir cosas, sea en propio o inducidas por otros nos marcan constantemente, haciéndonos vivir cada instante en función de lo que tiene que suceder en el futuro.
Gran parte de la culpa de que esto sea así la tienen las exigencias derivadas de la globalización y de una economía de mercado orientada hacia un consumo galopante en los paises occidentales. La sociedad se ve constantemente presionada para ir más y más deprisa: hay que producir más, hay que conseguir más objetivos, hay que vender más, hay que gastar más, hay, hay, ay ay ay.
Y como muestra de concepto de futuro, aquí podeis ver una imagen de las publicaciones que en mi niñez llamábamos "tebeos o historias del futuro". Se ve anacrónico ¿no?.
Me ha llamado la atención una fotografía publicada hoy en los periódicos, como consecuencia de la visita del príncipe Felipe a Afganistán. En ella unas niñas pequeñas sonríen al príncipe mientras le estrechan la mano, seguramente preguntándose “y este a quien nos han dicho que saludemos amablemente ¿Quién debe ser?”
Sonrisas infantiles, como las de cualquier niño o niña en otras partes del mundo. Pero detrás se ve el destino de esas niñas. Una mujer adulta (se supone) está detrás de las niñas, vistiendo el “burka” tradicional en aquellos pagos, de un vistoso color azul, sí, pero que no deja al descubierto ni un milímetro de piel de la mujer que viste esa prenda sometiéndola a un verdadero calabozo ambulante. Incluso sus ojos están ocultos detrás de una rejilla de la misma tela del vestido.
Dicen que muchas mujeres en ese país eligen libremente ese tipo de vestimenta, pero la verdad, no me lo puedo creer. Vamos a suponer sin embargo que sea así. Los occidentales tenemos derecho a opinar que eso no nos guste, pero ¿tenemos derecho a pretender cambiar sus sistemas culturales o sociales y occidentalizarlos?
Yo creo que no, siempre y cuando esas pautas de comportamiento no supongan humillación, esclavitud, maltrato, etc. Pero si ese fuese el caso ¿Qué hay que hacer? ¿Invadir ese territorio como en una cruzada y en nombre de nuestros valores imponer otras pautas culturales y sociales distintas?
Gran dilema este, que me trae a la memoria unas declaraciones de Paul Collier, Director del Centro de estudios para el desarrollo del Tercer Mundo, de la Universidad de Oxford, en las cuales defendía la ingerencia armada en determinados países, los que él llama “El club de la miseria” para hacer posibles mejores condiciones de sanidad, educación y alimentos.
Es evidente que una intervención de este carácter tendería a modificar los rasgos propios del país intervenido, convirtiéndose en un neocolonialismo, ello suponiendo que se consiguiera eludir la penetración de intereses económicos ajenos al propósito en si. No hay más que ver lo que está ocurriendo en Irak, por ejemplo.
Pero por otra parte, ¿es lícito permitir la persistencia de situaciones de hambruna y explotación en determinados países como consecuencia de la corrupción reinante?
Yo creo que antes de abordar una intervención armada, cómo sugiere Collier, los países occidentales deberían de hacer un examen de conciencia y tratar de erradicar dentro de ellos mismos todas aquellas conductas, acciones y corruptelas, que muy posiblemente estén perseguidas o penadas en los propios países, pero que son practicadas de cara a esos pertenecientes al club de la Miseria.
Ventas de armas, trabajo en condiciones de esclavitud, explotación de materias primas…sobornos. Hay que perseguir a quienes desde los países occidentales fomentan estas situaciones.
El problema es que hay demasiados intereses por en medio. A guisa de ejemplo, ¿hay alguien que crea que las bombas de racimo son un beneficio para la humanidad? ¿Cómo alguien puede defender su fabricación y utilización? (de esta o de cualquier arma) Y sin embargo ahí están los tibios resultados de la Convención celebrada recientemente en Dublín, para tratar de suprimirlas, Convención a la que no han asistido los países donde se localizan los principales fabricantes de estas armas: Estados Unidos, China, Rusia, Israel, India y Pakistán, a cuyos gobernantes es patente que les importan un bledo las terribles consecuencias de la utilización de esas bombas.
¿Sería pedir la Luna que se eliminen de una vez?
No suelo leer las esquelas. Bueno, de vez en cuando.
A uno ya le va cogiendo el temor de leer algún día la esquela de alguna persona conocida, de un amigo con quien hace tiempo que no tienes relación o de algún antiguo vecino. La vida es así.
Porqué la propia seguramente no la puedes leer, aunque se hayan dado casos de que si, por causa de un error o de alguna broma macabra.
El contenido de las esquelas suele ser bastante anodino, tristemente interesante para los deudos del fallecido o fallecida, pero de escaso relieve para quienes no estén relacionados. Salvo que se trate de un personaje conocido, en cuyo caso las esquelas se multiplican en tamaño y número.
Aún así, hay algunas inserciones que llaman la atención, como la que hace algunos días leí en el periódico.
Una pobre mujer de 56 años había fallecido y se le dedicaba una esquela, en la cual destacaba, no su condición como ser humano (o humana, para ser políticamente correcto y no ofender a la escritora Laura Freixas), o por sus propios títulos, sino por haber sido la “esposa del señor……., gerente de la empresa….tal, del grupo cual”
Y yo me pregunto, ¿es que ni en una esquela se puede dejar de hacer publicidad?
Otra cosa curiosa que he visto es la invitación que un Tanatorio hace para asistir al "Concierto de primavera", a celebrar en el Oratorio del Tanatorio que cursaba la invitación. Espero que la invitación no estuviese dirigida a los principales clientes del negocio funerario.