13 de setembre 2007

Ancho es el mar...


¡Quién cabalgara el caballo

de espuma azul de la mar!

De un salto

¡quién cabalgara la mar!

¡Viento, arráncame la ropa!

¡ Tírala, viento, a la mar!

De un salto,

quiero cabalgar la mar.
¡Amárrame a los cabellos,

crin de los vientos del mar!

De un salto,

quiero ganarme la mar.


Rafael Alberti

17 d’agost 2007

Dues visions contradictòries

La del nord-americà Andrew Keen: Troba malament que la gent pugui dir el que pensa o manifestar les seves creacions a traves de Internet, mitjançant pagines web, blogs o simplement a traves de “you tube”, tot al·legant que aquesta proliferació converteix la cultura en una cosa d’aficionats.

No us sona això a el que deien aquells que estaven en contra d’en Galileo? (per a dir un cas).

En el seu llibre “The cult of the amateur” critica la democràcia cultural a la xarxa, comparant a qui escriu blogs o penja els seus vídeos a You Tube, amb una immensa redacció de micos escrivint sense to ni so. I propugna lluitar en contra d’això. I com, em pregunto?

Estic d’acord en lluitar en contra del mal us que es pugui fer de la xarxa, com la publicitat encoberta, o la pornografia infantil. Però lluitar en contra de que la gent utilitzi aquest mitja per a expressar el que pensa o fer les critiques que li sembli, penso que es una forma de censura i que introduir mesures per a evitar-ho seria com anar cap endarrera.

I parlant de censura trobem un altre personatge de pensament contrari a qualsevol forma de censura: en John Maxwell Coetzee, sud-africà nacionalitzat australià, premi nobel de literatura, que acaba de publicar en el nostre país el seu assaig “Contra la censura” i que ha vingut a la universitat de Múrcia per a, entre altres coses, llegir fragments del seu proper llibre “Diario de un mal año”. Coetzee es contrari a la manipulació i a les prohibicions, qualificant als censors de persones que tenen molt de poder i amb mentalitat burocràtica i fiscalitzadora. Diríeu que està retratant a en Keen?.

Una expressió pintoresca d’en Coetzee, tot i la seva proverbial economia dialèctica: “un censor que dicta una prohibició es com una persona que tracta d’impedir que el penis se li posi erecte.

I vosaltres, amb qui us quedeu?
De totes maneres "e pur si muove"

31 de juliol 2007

Y...¡31 DE JULIO!

El personaje estaba acodado en el alfeizar de la ventana, bueno, si es que puede llamarse ventana la cristalera del edificio en una de cuyas plantas se había parado. El alfeizar era en realidad una barra de madera en la que quedaba encajado el cristal. Era tarde, más tarde de lo que había esperado marchar, pero algo le retenía allí, ahora que ya no tenía urgencia alguna para hacer cosas determinadas.

Sorbía lentamente Coca Cola de una lata mientras contemplaba el patio interior de manzana a la que daba aquella cristalera. Las paredes empezaban a teñirse de una semioscuridad gris que hacia resaltar más las luces interiores de las viviendas que poco a poco iban encendiéndose, a medida que sus habitantes se iban quedando sin la claridad exterior.

El contraste entre el gris y las luces amarillas que lucían en las ventanas de las casas proporcionaba una idea de calidez, puro espejismo.

Sabía que detrás de él no había nadie;
hacía bastante rato que todo el mundo había abandonado ya sus puestos de trabajo. Pese a la imaginaria calidez, a su espalda notaba una cierta frialdad, que no era debida precisamente al aire acondicionado, aunque este funcionaba a plena marcha para el único visitante del lugar, que era él.

Oyó distintos crujidos: de los muebles, de las mamparas, de los ordenadores. En tantos años, nunca había oído tales ruidos allí. O por lo menos no se había fijado en ellos. Recordó la ocasión en que unos ruidos similares le dieron un buen susto.

Fue en Madrid. También estaba solo en la oficina, a horas tardías. En aquella ocasión era la única persona que quedaba en el edificio entero y paulatinamente había ido oscureciendo, hasta que sin darse cuenta era ya plena noche.

La misma tarde una compañera le había explicado la leyenda urbana del edificio. Años atrás cuando lo construyeron, no demasiados años, un albañil se había precipitado al vacío muriendo estrellado contra el suelo. Cuando las oficinas fueron ocupadas por la Compañía, los empleados manifestaban que en ciertas ocasiones oían ruidos en la séptima planta, hasta el punto que nadie quería quedarse solo en aquella planta.

Dada su naturaleza escéptica en la materia, nuestro personaje había sonreído y le había significado a su interlocutora que leyendas de este tipo las había a montones, pero que se trataba solo de eso, de leyendas, como la de la chica de la curva.

Cuando empezaba a pensar en recoger y marcharse empezó a oír ruidos, como crujidos y suaves golpes. Miró hacia el exterior de su despacho pensando que quizás el guardia de seguridad estaba haciendo su ronda, pero allí no había nadie. Y entonces ocurrió: un cuadro que estaba colgado de la pared de enfrente se desplomó ante su mirada incrédula, cayendo al suelo.

Un escalofrío le recorrió la columna vertebral, pero se acercó al cuadro y lo recogió, mirando si se había desprendido la alcayata que lo sostenía en la pared, o se había roto el soporte del mismo cuadro, pero nada de esto parecía haber ocurrido. Volvió a colgarlo en su sitio y se marchó.

Al día siguiente, cuando le explicó a la compañera lo acontecido en la noche anterior, esta no hizo mayores comentarios, pero le pareció detectar una sonrisa burlona en su cara.

Volviendo a la actualidad, tiró la lata de Coca Cola a una papelera y entró nuevamente en su despacho, tomando asiento en su sillón hasta hoy. Contempló el ordenador, los armarios, la planta, un tanto esmirriada…Pensó en que al día siguiente otra persona ocuparía aquel despacho y lo personalizaría a su aire.

Y pensó también en las personas a las que había conocido a lo largo de su vida laboral. ¡Tantas y tantas! Cuarenta y dos años dan para mucho, muchas vivencias, muchas anécdotas, etapas difíciles y duras y otras más satisfactorias. Seguramente decisiones suyas habrían afectado a la vida de otras personas en muchos sentidos, pero creía que el resultado del balance había sido más positivo que negativo.

También recordó las manifestaciones de afecto, verbales o escritas por e-mail, que había recibido a lo largo del día. Se sintió reconfortado por ello e incorporándose cogió la caja en la que había guardado sus efectos personales y lentamente abandonó la estancia, siendo consciente de que la próxima vez que entrase en aquel despacho su propia situación habría cambiado.

Cuando salió a la calle miró al cielo y reflexionó:


Ayer, hace cuarenta y dos años,
Abrí la ventana.
Y vi que el cielo era azul. Y el sol brillaba.
Hoy he abierto la ventana otra vez.
El cielo sigue siendo azul y el sol aún luce.

Y mañana, claro que será otro día.







22 de juliol 2007

16 DE JULIO - ¿QUE BUSCARIA?

Este fue el último día en que me desplacé a Madrid por motivos de trabajo.

Tanto tiempo diciendo “Cuando el AVE funcione, no iré más en avión, que ya me conocen hasta las palomas del aeropuerto”. Pues bien, no disfrutaré de esta opción, porqué parece ser que ya no me desplazaré más a Madrid por motivos de trabajo, si bien sí que podré hacerlo por motivos particulares. Evidentemente no con la intensidad con que lo hacía antes.

Por ello he querido hacer este viaje en el AVE. Ya se que es un capricho, porqué para ello me he tenido que desplazar desde Barcelona a la estación de Camp en Tarragona, que es lo más cerca de la ciudad condal que el AVE llega por ahora. (110 Km.),

No obstante el viaje en el tren es cómodo, mucho más barato que en avión y además en Madrid te deja en la misma ciudad. Por lo cual no me extraña que la llegada de este medio de transporte a Barcelona se ralentice tanto. Creo que cuando se inauguró la línea de Sevilla, el tráfico aéreo entre Madrid y esta última ciudad disminuyó en un 80%.

Bueno, pues llegué a la estación de Camp con tiempo más que suficiente y me dispuse a esperar la hora de salida, sentado en una amplia nave, donde aparte de las propias oficinas del AVE, de un mostrador con propaganda turística de la provincia de Tarragona y de un bar, no hay nada más abierto de momento. Ni kiosco de periódicos, revistas o libros, ni las acostumbradas tiendas de recuerdos, nada.

Lo que si impacta es la limpieza. Una señora, con uniforme verde se paseaba arriba y abajo con un utensilio de esos que también se utilizan en los aeropuertos, tipo fregona, pero con una especie de bayeta amplia, con la que sacaba más brillo a un pavimento ya de por si brillante.

Y entonces me fije en el individuo. Estaba de pie ante la esquina de una estructura de obra destinada a albergar las tiendas que yo echaba a faltar en aquella estación. Tenía la mirada clavada en el suelo, como si estuviese buscando algo que hubiese perdido.

Su aspecto no tenía nada de especial. Vestía tejanos, un polo azul y zapatillas deportivas. Llevaba colgando del hombro derecho una voluminosa bolsa de viaje y daba pasos adelante y atrás, deambulando a través de una zona muy iluminada por el sol que entraba a través de las amplias claraboyas del techo.

Un grupo de personas entró dentro de aquella zona iluminada y luminosa y aquel hombre siguió con la mirada las pisadas de los hombres y mujeres componentes del grupo, acaso con el temor de que pisasen el objeto perdido. No les perdió de vista hasta que salieron del espacio iluminado y se alejaron bulliciosamente hacia la entrada del aparcamiento.

Yo me lo miraba cómodamente sentado, al lado de la entrada a los andenes y por un momento pensé en levantarme para ofrecerle mi ayuda en la búsqueda de lo que presuntamente había perdido. Ya casi había descartado este gesto espontáneo que había surgido dentro de mí, cuando un repiqueteo de tacones llamó mi atención y observé que atravesando la puerta del bar dos mujeres se dirigían hacia el centro de la nave, atravesando la zona donde se hallaba el buscador penitente. Una de ellas, de media edad, vestía un uniforme azul con pantalones que me hizo suponer que se trataría de alguna empleada de la estación. Además llevaba un manojo de llaves en la mano que iba balanceando distraídamente.

La joven que le acompañaba vestía un conjunto de color beige, compuesto por una chaqueta de corte tejano y una falda corta que dejaba al aire unas largas piernas muy morenas debido a la acción del sol.

Cuando ambas se acercaron al joven de la bolsa, me fije que este seguía mirando insistentemente al suelo, por delante del caminar de las mujeres y ahí fue donde me di cuenta de que aquel hombre no había perdido nada. Simplemente estaba sacando partido visual de la luz y de lo pulido del suelo de la estación.

Me reí para mis adentros y disponiéndome a entrar en los andenes pensé que quizás el día siguiente sería otro día.

14 DE JULIO – UN PASO MAS Y DOS MENOS


Hoy hemos asistido al bautizo de una niña de la que somos padrinos mi mujer y yo. La niña es adoptada, originaria de Haití. En el mismo acto participaban otra niña y un niño, primos de la bautizada y nacidos ambos en Méjico.

Yo contemplaba la escena de los niños jugando, hablando todos ellos en castellano (los mejicanos es natural) entre ellos y con otros niños que estaban presentes en la celebración. Días atrás en la playa me llamó la atención también ver jugando a una niña de claras facciones asiáticas, con otros dos niños de piel oscura que denotaba su origen africano a quizás sudamericano y se entendían en catalán.

Me preguntaba en qué momento cambia la actitud del ser humano hacia los demás y la tolerancia y el buen contacto se tornan en falta de aceptación e incapacidad para comunicarse sin que salten chispas.

Ayer mismo presencié como dos personas, ya maduritas, se embarcaban en una agria discusión sobre porqué en unos sitios se habla un idioma y no otro. Las dos personas tenían razón y las dos estaban equivocadas. Terrible dilema. Hablaban a la vez de derechos y de imposiciones.

Recuerdo reuniones de trabajo en la que estábamos presentes personas de muchos países y a pesar de que el idioma común de comunicación en esas reuniones era el inglés, muchas veces había que echar mano de habilidades comunicativas que se escapaban de ese idioma, para facilitar la comprensión de una idea o para transmitir la intensidad de un argumento, pero lo importante era comunicarse y que esa idea o argumento llegase con claridad a los interlocutores.

Ya se que la pregunta está muy sobada, pero, ¿porqué se evoluciona casi siempre hacia lo negativo? Hay tanto y tanto por compartir. Ya se, ya se también, que puede sonar a utópico y que al leer esto muchos se preguntarán, “pero ese ¿de que va?”

Pues voy de eso y a pesar de que en estos días estoy leyendo a Bukowsky y las aventuras de su “alter ego” Chinasky, historias nada proclives a producir una imagen idílica del ser humano.

Pero mañana será otro día.

15 DE JULIOL – ASSETJAMENT?



Aquest Sarcozy està fet un figura. La seva historia sentimental ja n’és pro de remoguda, però fixeu-vos en que aprofita qualsevol oportunitat per donar testimoni del que li agraden les dones.

Es clar que es el flamant president del país galant per excel·lència, França, que ha regalat a l’historia grans afers sentimentals des de l’imaginari Obelix pretenen a lo no menys imaginaria Falbala, passant per la Leonor d’Aquitana i els desvariegis amb reis i nobles de l’època , els totpoderosos reis de la cort francesa perseguint tota faldilla que es movia, La Valliers, Montespans, Pompadours, etc, etc. I arribant a l’atmosfera que es produïa en el Paris “canaille” dels passats segles XIX i XX, quan intelectuals i artistes, com en Dumas, Baudelaire o Verlaine es disputaven els favors de les Duplessis, Savatier o Lola Montez, que per cert no era ni francesa ni espanyola, era irlandesa. I per no parlar del celebèrrim antecessor d’en Sarcozy com a president, el famós Miterrand.

Tot i així, deixant a part la possible mala intenció del fotògraf i els efectes optics, penso que en Sarcozy es candidat a que se li obri un expedient per a empaitament sexual. Només hi ha que veure la cara de la pobre navegant Maud Fontenoy i la de faune passat de voltes que posa l’inefable Sarcozy.
En fi, demà serà un altre día.

14 de juliol 2007

13 DE JULIOL – EL JARDI DE LES CONVERSES.


Avui he anat, com cada divendres, a buscar la verdura a la botiga habitual, en el centre de la Vila.

També com es habitual no he trobat lloc per aparcar i he deixat l’auto en un lloc no menys habitual, davant d’una casa que te un petit jardí encerclat per una tanca enreixada, que dona a un carrer semipeatonal.

No hi havia vist mai ningú en aquella casa.

Apropant-me amb cura a la paret per a deixar el cotxe el mes acostat possible, vaig notar una petita refregada que em va fer baixar ràpidament per a veure si havia ocasionat algun desperfecte i em vaig quedar tranquil al veure que tan sols havia trepitjat una fusta que hi havia a terra.

Quan estava fent aquesta comprovació, vaig sentir una veu que cridava jove!, jove! No vaig creure que ningú es dirigís a mi, cridant-me amb aquest apel·latiu, perquè estic mes be a prop de la seixantena, però en aixecar la vista vaig veure una senyora que estava asseguda en una cadira al jardí de la casa i que brandant un bastó em feia senyes des de darrera de la reixa.

Era una senyora de edat, vestida elegantment amb una jaqueta tipus cheviot, a quadres blancs i blaus i una faldilla blava plissada. La seva cara malgrat l’edat, lluïa unes faccions fermes i serenes i no duia ulleres. Tenia un abundant cabell, immaculadament blanc i brillant, que li feia un digne marc a la seva expressió viva i en aquell moment, una mica inquieta.

Al seu costat era asseguda també una noia jove amb postura indolent i els peus damunt d’un altre cadira. Tot i que no se la veia desmanegada, el contrast entre ambdues era radical.

Em vaig atansar a la reixa i li vaig preguntar: “que hem crida a mi?”.

“Si, si, que em faria un favor?”

“Dona, si està a la meva ma”, vaig contestar-li.

“Miri, jo estic aquí perquè tinc poques possibilitats de mourem i les meves amigues passaran pel carrer. Si hi ha lloc davant podran parar-se per fer petar la xerrada amb mi des de l’altre costat de la reixa. Si vostè deixa el cotxe a on es no ho podrem fer i passaran de llarg”

Em vaig mirar la dona i vaig veure en la seva mirada una suplica. Possiblement aquelles xerrades eren de les poques oportunitats que tenia per a sentir-se viva i les esperava amb ganes. D’aquí el que es vestís especialment per a una cosa tan senzilla: fer petar la xerrada amb unes amigues passavolants. O potser era tot un altre cosa i tot allò m’ho estava imaginant.

Però li vaig dir “No pateixi, encara que només haig d’anar a buscar una cosa i tardaré ben poc, ja l’enretiro” i pujant al cotxe de nou el vaig fer endarrera fins a deixar prou d’espai per les amigues de la dona. Encengué els warnings i me’n vaig anar a recollir la comanda.

Poc desprès tornava amb l’encàrrec i encara no hi havia ningú mes davant de la reixa. Vaig aixecar la ma per a saludar a aquella dona, que em tornà la salutació aixecant la ma amb el bastó.

En arrencar el cotxe i marxar lentament, agraint que no m’haguessin posat una multa, anava pensant també en la incomunicació, en la soledat, en el poc que segurament es necessita del nostre temps i de la nostra dedicació per fer contentes a altres persones. I de lo molt que ens costa fer això. Aquest deu ser també un dels motius pels que la gent no somriu quan passa per les Rambles.

Tot i així demà serà un altre dia.