17 de setembre 2006

LAS VACACIONES TERMINARON

Las vacaciones terminaron. El verano, que no el calor, se está acabando. Los días se acortan ya. Llueve en la mayor parte del país.

¿Y en que noto yo todo esto? En que estoy en la T4 del aeropuerto de Madrid, en que mi vuelo tiene un retraso de una hora y media y en que nuevamente estoy estresado.

Claro que me quedan los recuerdos – borrosos por momentos - de este intervalo feliz y despreocupado, lleno de sol, mar (algo borrascoso a veces), navegaciones azarosas, noches brillantes y lecturas pacíficas, en la actitud en que las leo, no en lo que me inspira su contenido.

Pero ya es hora de volver a la realidad y enfrentarse a la dura y cotidiana realidad ¡aún no me he jubilado!

Me he pasado el verano guardando recortes de periódico, por aquello de que su contenido merecería en un momento u otro un análisis, una crítica severa, una disección a fondo, o simplemente mi más rendida admiración. Y ahí están. Bueno, escaneados, porqué de lo contrario mi mujer me hubiera dado ya a elegir: o los papeles o yo. Los tengo de todos los colores: Kayukos incesantes, alcaldes reciclados, mala leche imperante en general, celebraciones contenidas, guerra en el Líbano, en Afganistán, en… y en… y en…. y….presuntos atentados terroristas en ciernes.

Austriaca secuestrada, ¿recuperada?, Nóbel fallecido, musulmanes cabreados con el Papa. En fin un verano completito.

Los voy pasando ante mi vista y me detengo ante uno: La nueva religión de India.

La India es un país exótico, contemplado desde los ojos occidentales, pero parece que el misticismo de la religión en la India está siendo cambiado rápidamente por otra religión, digamos una transformación radical, de la mano de un aumento de bienestar social – todavía muy lejos de lo que estamos acostumbrados en países con renta per cápita más elevadas – pero que va avanzando.

Diría que de forma parecida a como lo hace la China, llegando de manera incipiente a estos beneficios de carácter social, pero de forma más acusada a lo que de malo tiene también la sociedad occidental.

La India, no hay que olvidarlo, tiene 1.100 millones de habitantes, tras de la China, con 1.300 millones. Más de 2.400 millones de persona a quienes está llegando la sociedad de consumo, colándose por la ventana que tienen en cualquier habitación de su casa.

Dice el artículo, que la nueva religión en la India ya se está dejando de vacas sagradas y de santones, de Mahabaratas o Ramayanas, que prima la TV, el cine (¡Bollywood!), el consumo, el lujo y la tecnología.

No me parece mal del todo, si ello contribuye a mejorar su nivel de vida, sus sistemas de previsión para los ciudadanos, su bienestar. Me temo no obstante que se saltarán un montón de capítulos de ese libro, olvidando a pasos agigantados su sabiduría ancestral, a la velocidad con que cuando se conocen aquellos aspectos más vacuos del bienestar, se pretende asumirlos y disfrutarlos.

Ver si no el efecto de llamada para los inmigrantes de los países africanos o de Asia.

De piedra me quede en una ocasión cuando supe que una de las religiones más importantes del mundo junto con la budista, el jainismo de la India, consideraba como el mayor pecado de un ser humano el causar daño a un ser vivo, a la tierra, al aire o al agua, puesto que piensan que tienen alma. ¿Ecologistas “avant la lettre”, del siglo IV antes de Jesucristo?

Cada doce años los jainistas celebran una gran fiesta a los pies de la estatua de Gomestawara (el de la foto), que tiene 18 metros de altura. Pero me temo que al paso que van, acabarán vendiendo la estatua como propaganda externa de un Sex Shop.

Y mientras tanto en Occidente seguimos a lo nuestro: Aviva en el Reino Unido (Conglomerado asegurador, Norwich Union, etc.), recortará 4.000 empleos, como parte de un plan de reducción de costes para aumentar su rentabilidad y anuncia que se ofrecerá a 1.000 de estos empleados su traslado a…la India.

Su director Patrick Snowball (bonito apellido) destaca que estos recortes son necesarios para mejorar la eficiencia de la Compañía, ya que los clientes tienen acceso cada vez más a las nuevas tecnologías, uno de cuyos productores importantes es precisamente ese país. La India es uno de los mayores generadores de ingenieros en sus universidades.

En fin, mundo revuelto. Saludos.




28 d’agost 2006

MAR AGITADO


El verano está siendo duro. Tras la mucha calor de principios de agosto, a mediados ha hecho de todo: viento, frio, mala mar. Un buen amigo mio pasó un mal rato conmigo en el mar. Y se encontró como un naufrago, en medio de mucha, mucha gente. O por lo menos es lo que me dice en la narración que me ha enviado:

"EL NAUFRAGO DE "SA RIERA”

Era un bonito viernes de agosto en la Costa Brava, cuando un valiente patrón y tres tripulantes llegaron cargados con todo tipo de abastecimientos (alimentos, bebidas, etc) a un puerto de la citada Costa para pasar un bonito día en alta mar y gozar de las maravillas y experiencias que proporciona la inmensidad del Mediterráneo.

Se acomodan los abastecimientos y tripulantes en la embarcación y saliendo de los espigones del puerto emprenden rumbo mar adentro, empiezan a encontrar unas "olas" de consideración y navegando en dirección a las mismas, el valiente patrón lucha contra ellas, los tres tripulantes, sin decir nada (sólo -son molt grosses, son molt altes-) quietos y casi sin mediar palabra veían como el patrón estaba en su "salsa”.

Titubeando un poco, se hacían comentarios (si vamos hasta las rocas y giramos, no que allí las olas serán más grandes, otro "vols dir"), en fin para todos los gustos, hasta que al cabo de un rato uno de los tripulantes sin previo aviso dice ¡¡JORDI VOLS FER EL FAVOR DE GIRAR!!, el intrépido y valiente patrón obedece al momento y gira la dirección de rumbo empezando a navegar en la dirección de la corriente de las olas, en aquel momento la navegación se hizo más cómoda y ligera, sin saltos, ni gritos de algunos de los tripulantes.

Así estuvieron navegando plácidamente un buen rato, hasta que avistaron una "cala" es la del Rei, es la de Sa Tuna....... y se aproximaron a ella, ya se veía que las embarcaciones que estaban amarradas en dicha cala se movían muchísimo, pero se acercaron e intentaron amarrar la suya a unas de las boyas y debido al fuerte oleaje no había forma de sujetarla, momento en que uno de los tripulantes motivado por los esfuerzos y movimientos infructuosos sin conseguir el anhelado amarre, se empezó a marear y al fondo de sus oidos le llegaban comentarios de los otros tripulantes que decían "està molt blanc", otro "no li diguis", "bueno ara farem el vermout aquì", al oír esto último el tripulante mareado dijo: ¡Us ho deixo tot aquí! y tiró rápido y veloz el tabaco, las gafas, las zapatillas, el reloj, el mòvil, los pocos euros que llevaba encima y se tiró al mar llegando a nado hasta la orilla de la cala.
Una vez en la orilla de la cala vio que aquello no era, ni la cala del Rei, ni la de Sa Tuna, sino que vio un letrero que rezaba Cala "SA RIERA".

Desde la orilla de la costa el tripulante mareado observaba como el resto de sus compañeros seguían haciendo intentonas para amarrar la embarcación, pero no lo conseguían, se enzarzaron en medio de las otras embarcaciones y de pronto observa como una Zodiac con tres personas se acerca a ellos y piensa, bueno, mira ya acuden en su ayuda….si, si, A lo que les ayudaron fue a desenzarzar la embarcación e intimidándoles a que marcharan y se fueran al sitio de donde habían partido, que como se les había ocurrido salir con aquella mar tan alterada.

El tripulante mareado veía como el resto de compañeros de viaje se alejaba y con la perspectiva que tenia desde la costa de la cala "SA RIERA" observaba con estupor el movimiento de la embarcación por sus saltos y bandazos luchando contra las olas, destacando la pericia y valentía del patrón que como se verá al final de la historia logró llegar al puerto de donde habían salido sanos y salvos no con más o menos "acojonamiento" por lo que luego contaron.Cuando el tripulante mareado perdió de vista a la embarcación, se giró y empezó a andar por la arena en dirección contraria al mar, se puso las manos en el bolsillo y al momento se paró al comprobar que no tenía, ¡¡NADA!! zapatillas, tabaco, dinero, reloj, móvil y se dijo a si mismo y exclamo ¡¡pero si soy -UN NAUFRAGO-!!, se armó de paciencia - todo es verdad - como pudo y luego pensó, no te muevas que por tierra, mar o aire te vendrán a rescatar y efectivamente así fue al cabo de casi tres horas, ve llegar el coche rojo que tanto deseaba ver, con el patrón en esta ocasión pilotando y los otros dos tripulantes, sin casi darles tiempo a que avisaran de su presencia para proceder a la operación de rescate.

Una vez rescatado el "NAUFRAGO DE SA RIERA" y subido en el turismo de rescate se dirigieron todos felices y contentos, no sin poder aguantar las risas producidas por la "anécdota del verano 2006" hacia el apartamento del patrón y allí lo festejaron con todo el avituallamiento que también había disfrutado de la navegación y llego en buenas condiciones, se deleitaron con dichos manjares y buen baño en piscina con su correspondiente siesta.Un abrazo del
NAUFRAGO DE SA RIERA."
Pues ya veis

20 d’agost 2006

¡¡GRITANDO!!

Tenía la mirada triste, perdida y estaba sentada como desparramada encima de la silla en aquella explanada delante del puerto. Me pareció que se le caía algo de la mano. Me acerqué y recogí un papel del suelo.

Sin mirarlo se lo ofrecí, pero ella no hizo gesto alguno para cogerlo. Insistí y le dije “mire que le ha caído”. Pero ella siguió absorta, sin hacerme caso. Di la vuelta a su alrededor y me fije que sus vestidos parecían viejos y ajados, pasados de moda.

Por tercera vez le alargué la mano con el papel, pero ella siguió impertérrita y al final decidí dejárselo sobre el regazo. Lentamente me aparté, pero tenía curiosidad. Me parecía irreal su actitud. ¿Qué debía de ocurrirle?

Me senté en un banco, un poco apartado de donde estaba ella y desplegué el periódico que llevaba conmigo, tratando de leer, pero inevitablemente por el rabillo del ojo la vigilaba, esperando ver alguna reacción. Pero no, no se movía, continuaba con aquella quietud extraña.

Presté más atención a su aspecto. Llevaba el cabello largo con abundantes rizos. Sus grandes ojos fijos delante de si parecían verdes y resaltaban encima de unas mejillas gordezuelas, salpicadas de acné, que enmarcaban unos labios gruesos y sensuales

Un hombre con aspecto de turista perdido se le acercó y pareció preguntarle algo, que desde donde estaba no pude entender. Tanto podía ser la dirección de una calle, como la hora. Seguía sin inmutarse, pese a que el hombre insistió en varias ocasiones. Finalmente, el individuo hizo un gesto de impaciencia y se apartó mascullando algo que podía ser perfectamente “hay que joderse con la tía esta”.

Unos niños, jugando a perseguirse se incorporaron a la escena. Dieron varias vueltas corriendo alrededor de la mujer sentada y en una de las pasadas, uno de ellos se le acercó demasiado y tropezó con sus piernas, pero ni así se produjo reacción alguna en ella. Siguió con la misma pose estática y absorta.

El niño se la miró compungido y retrocedió de espaldas, hasta que dio media vuelta y salió corriendo pero ya no jugando con los otros como antes, sino con el propósito de alejarse la antes posible de la mujer.

Viendo que no pasaba nada más, me dispuse a marcharme y me levanté. Entonces ocurrió. La mujer se había incorporado y empezó a chillar.

Me volví sorprendido y vi que estaba de pie, delante de la silla en la que había permanecido sentada hasta hacia poco. El papel que poco antes le había dejado en el regazo había caído al suelo y ella seguía chillando, con un grito agudo y potente. Tenía la boca abierta y con los labios un poco hacia dentro, como una soprano que modulase su canto. Pero no era un canto. Era un grito que le salía de dentro, de su estómago, de sus pulmones, sobre todo de su alma.

Me quedé impresionado y quise adelantarme para preguntarle si necesitaba ayuda, pero algo me detuvo. Su grito parecía una expresión de desesperación y me miraba a mí. Di un vistazo alrededor para ver si había más personas que la estuvieran viendo y oyendo aquel grito tremendo y desgarrador. Pero no parecía que nadie más que yo se diese cuenta. Una pareja que andaba cerca parecía absorta en una arrobada contemplación mutua y ajena a la escena que se estaba desarrollando algunos metros más allá de su camino.

Y el grito no cesaba. Si acaso había subido de intensidad y empezó a ponerme nervioso. ¿Qué le estaba ocurriendo a aquella mujer? Me preguntaba de donde sacaba fuerzas para mantener aquel aullido tan sostenido. En un momento pasaron por mi mente gritos notables, desde el de Munch, pasando por Picasso, por García Lorca y llegando incluso hasta Dámaso Alonso.

Di un paso hacia atrás con intención de marcharme y tropecé con mi propia silla, perdí el equilibrio y a punto estuve de caer al suelo. De pronto me entró miedo, un miedo incontenible y quise huir de allí. De alguna forma, aquel grito desesperado parecía que iba dirigido a mí, aunque ni conocía a aquella mujer, ni había hecho nada para provocar aquella situación. Corrí, con el deseo de desaparecer lo antes posible de aquel escenario, girando no obstante la cabeza para ver lo que ocurría, porque no me acababa de creer lo que estaba sucediendo.

El grito me perseguía, como si la mujer fuera corriendo a mi lado y chillándome al oído. La mujer sin embargo seguía en el mismo sitio en que la había encontrado. Llegué a la esquina del edificio que estaba más próximo en aquella amplia explanada y trate de ocultarme tras la esquina que me pareció un refugio para escapar de aquella situación angustiante. Inútil, seguía oyendo el grito con la misma intensidad.

Me dejé caer sentado en el suelo y una vez más me di cuenta que nadie aparte de mi parecía acusar aquel chillido lancinante que amenazaba con volverme loco. La gente transitaba con parsimonia, disfrutando aparentemente de la calidez del sol en aquel atardecer otoñal Con cuidado me asomé y la vi. Seguía de pie con los brazos extendidos a cada lado de su cuerpo y los puños apretados. La cabeza echada hacia atrás y aullando con renovado brio. Me tapé los oídos en un vano intento de sustraerme a aquel inacabable sufrimiento. Y de repente paró.

Como si no hubiese ocurrido. La gente continuaba a lo suyo, sin parecer que hubiera notado nada extraordinario. Con precaución me asomé de nuevo y vi que la mujer había desaparecido. Incomodo y sintiéndome ridículo me levanté, picado por la curiosidad.

Escudriñé alrededor de donde estaba la silla en la que había encontrado sentada a aquella mujer, pero no la vi. Los chiquillos de antes seguían corriendo, persiguiéndose unos a otros y en aquel lugar parecía no haber ocurrido nada. Lentamente y mirando desconfiadamente a todas partes, rehice el camino hacia el lugar donde se originó mi desazón.

Cuando estuve próximo a la silla, vi en el suelo el papel que había intentado entregarle antes. Lo recogí y lo desplegué. Se trataba de una simple relación de ciudades y de lugares, sin aparente relación entre si. Pero sí que la había y ahí estaba la clave de todo lo ocurrido. De repente lo entendí. Y en mi estómago creció una imperativa necesidad de chillar.
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El dibujo en lápiz y tinta china "Femme criant" (1938-1940) es de Julio Gonzalez

04 d’agost 2006

CALOR!!

Calor, calor, calor…

Me pasé un kleenex por el cogote, mientras miraba los bajorrelieves del marco de la puerta Norte de la Sacra Capilla del Salvador. Me preguntaba porqué los decoradores medievales y renacentistas incluían entre los bajorrelieves de los pórticos en tantas Iglesias motivos paganos, cuando no descaradamente pornográficos. ¿Qué mensaje pretendían hacer llegar con ello? ¿O quizás se trataba simplemente de travesuras?

Bueno el caso es que cansados del calor y de la masiva ingesta de arte eclesiástico visto en un solo día, finalmente nos sentamos en una terraza. El entorno era simpático, una plaza ajardinada entre vetustos edificios, el Palacio de las Cadenas - Ayuntamiento - por un lado y el Palacio Vela de los Cobos por otra. Una ligera brisa que soplaba de vez en cuando mitigaba algo el sofocón y mientras iba anocheciendo.

Tanta pereza nos daba movernos que preguntamos al camarero que tenían para comer, aún cuando el nombre del bar, “Navarro” no nos auguraba que pudiésemos disfrutar de platos típicos de la gastronomía andaluza de la zona, que aún no habíamos llegado a catar.

Sin embargo nos arreglamos con un buen tomate aliñado, aderezado con el excelente aceite de la tierra, originado en algún lugar de las miles de hectáreas de olivos que habíamos ido atravesando desde el día anterior.

Una mujer se había sentado en la mesa de al lado. Su aspecto y su porte era el de tantas mujeres andaluzas de mediana edad, con cierto señorío, vestida con un sencillo pero a la vez elegante vestido, las gafas de sol a guisa de diadema y fumando algo nerviosa. Tenía las facciones regulares, grandes ojos de color castaño y adornaba su cabeza una media melena cortada en la línea de sencillez de todo su aspecto. Destacaba en su cara una pequeña verruga en los aledaños del ojo izquierdo, que no afeaba al conjunto, sino que más bien le daba un toque de personalidad.

Pidió algo para cenar también y mientras esperaba a que se lo sirviesen, se entretenía jugueteando con un gato que andaba al acecho de las sobras que algún comensal dadivoso quisiera suministrarle. El gato estaba bien lustroso.
De repente se dirigió a nosotros - ¿Qué sois, valencianos o catalanes? Tenéis más acento de valencianos. - Mi mujer y yo un tanto sorprendidos le respondimos – No, no, somos catalanes.

- Uuuyyy, lo siento, lo siento…, - se la notaba embarazada.

- No ocurre nada. Es fácil confundir el acento si no se está acostumbrada, pero que no hay ningún problema, en serio.

- Es que como sé del problema que hay entre los catalanes y los valencianos con lo del idioma, que si el catalán, que si el valenciano…Pero yo tengo amigos tanto en Valencia como en Cataluña, concretamente en Lérida.

- Mire señora, a mi edad este tipo de problemas se ven con mucha relatividad. Si los valencianos creen que lo que hablan es un idioma independiente y no una forma dialectal del catalán, pues allá ellos, mientras a mi no me lo impongan… Pero Vd. si que se nota que es de aquí ¿no?, lo digo por el acento, que en su caso si que es andaluz, andaluz.

- Yo nací en esta ciudad, pero constantemente me estoy desplazando por mi trabajo, Albacete, Martos, Jaén, etc. También antaño a Valencia, porqué el padre de mi marido era valenciano.

Aunque no lo dijo claramente, dedujimos que quizás estaba separada, porqué se refería al marido y a su suegro en pasado y también cuando hablaba de un hijo suyo, parecía como si no estuviese viviendo con ella.

- Y en Lérida también tenía un amigo, que murió el año pasado en un accidente de coche. Su mujer, Laura si que viene a verme de vez en cuando. Por cierto, el se llamaba Jordi, aunque a veces le llamabamos Jorge.
- A mi también me ocurre; tengo muchos amigos que me llaman Jorge, a pesar de que mi nombre de registro es Jordi. Pero no me preocupa en absoluto.
- Yo viajo siempre en transporte público, aunque tengo carné, pero no me gusta conducir. ¿Han visitado ya la Iglesia de San Miguel? ¿Y el oratorio de San Juan de la Cruz? Son dignas de ver.

- Bueno, por hoy ya hemos visitado unas cuantas iglesias: La de la Trinidad, la de San Nicolás, San Pablo, Santo Domingo, la Capilla del Salvador, por fuera Santa Maria de los Reales Alcázares, en fin unas cuantas. Hemos de dejar algo para mañana

Y así transcurrió un buen rato más de conversación. Que si por donde se podía ir mejor a la cercana sierra, que donde se podía comprar aceite en precios ventajosos, que si lo apreciada que es por el rey la cerámica de la tierra, elaborada por el alfarero Tito, etc. etc.La clase de conversación informal entre turistas y habitantes del país visitado.

Pero había algo extraño en sus contestaciones. En alguna ocasión parecía raro que una persona originaria del país pareciese ignorar alguna de las cosas que le preguntábamos, dándonos contestaciones evasivas. Se la notaba una persona solitaria. En muy pocas ocasiones a mi mujer y a mi nos ha ocurrido el pegar la hebra sin más con un vecino de mesa. Pero ahí, estuvimos propensos a escucharla

Finalmente nos despedimos. Ya era muy tarde y el calor no había descendido tanto a pesar de la hora nocturna.

Llegamos al apartamento que habíamos alquilado, que parecía un horno pizzero. Después de una ducha, que no alivió gran cosa nuestra sensación de bochorno, nos tendimos en la cama esperando que el sueño nos ayudase a ignorar el calor.

Había aire acondicionado, si, pero su chorro estaba dirigido hacia la cama, con lo cual nos pareció que debíamos elegir entre abrasarnos o coger una pulmonía y optamos por lo primero.

Mi mujer se durmió con un sueño pesado, que me dio la sensación de que se debía sobre todo al cansancio. Pero yo no podía dormir. Ya me lo había dicho - No bebas tanta Coca Cola por la noche - y yo ni caso, con la sed que tenía.

Y venga dar vueltas. No se si la cama era incomoda o no, pero yo la encontré horrible. Hacia las tres me levanté y me di otra ducha, que solo me alivió momentáneamente, pero al cabo de poco rato, otra vez a sudar.

Hacía las cuatro parecía que mi consciencia iba sucumbiendo, pero entonces una ráfaga de aire frío movió la cristalera de la ventana que tenía al lado de la cama. Era un cambio tan brusco, que en lugar de pensar en acomodarme mejor y disfrutar de la inesperada temperatura, me levante y miré por la ventana a la calle.

Estábamos en el segundo piso de una casa del siglo XVI, rehabilitada para servir como alojamiento rural. La verdad es que la casa estaba bien. Se habían esmerado en conservar el aire antiguo en la decoración e incluso en los sótanos, excavada en la piedra, había una bodega antiquísima, que curiosamente no era de aceite, sino de vino y que el encargado se apresuró a enseñarnos como algo digno de conocer en cuanto llegamos. Aquella noche sin embargo, éramos los únicos ocupantes de la casa.

Al asomarme me encontré con la mirada ciega de las estatuas que decoraban la fachada de la casa de enfrente, a las cuales la iluminación de las farolas teñía con claroscuros inquietantes. Y entonces la vi.

Era una figura que andaba en dirección al extremo de la calle que da a la Plaza del 1º de Mayo. Me sorprendió que una mujer sola anduviese por las desiertas calles a aquellas horas de la noche. Pero lo que me sorprendió aún más fueron las hechuras de sus vestidos: Llevaba una blusa blanca con mangas abollonadas y encima un jubón de color rojo cereza, claramente deslucido. Llevaba además una falda larga, de color canela, ampulosa, parecida a unas enaguas y que le llegaba hasta los pies.

Parecía como si hubiese elegido sus ropas en el museo del vestido. La sensación de frío se acentuó y entonces, al llegar a la esquina se giró y miró brevemente hacia mi ventana. Era inconfundible, el cabello, los ojos, la pequeña verruga al lado del ojo izquierdo. En lugar de las gafas de sol, llevaba una diadema sencilla, con algunas piedras que a la distancia parecían preciosas y su tez brillaba con un color blanco irreal.

Cerré la ventana y me volví a la cama con algunos temblores más de lo que hubiera deseado. Y poco a poco me adormecí, sin darme cuenta que el calor había hecho de nuevo acto de presencia. Mi último pensamiento antes de perder la conciencia fue: Bueno, y si le da por pasearse de madrugada vestida a la antigua, ¿a mi qué?

30 de juny 2006

Conversaciones imposibles

Oiga, que mire, que ando un poco perdido y no se llegar hasta el pueblo. Ya sabe la jodida manía de no querer preguntar que tenemos los tíos.

¿Vd. cree que si sigo por esta carretera tengo posibilidades? No, si ya veo por su cara que Vd. tampoco parece saber por donde queda esto.

Y es que fíjese, estaba tan bien en casa y a mi mujer que le entraron las ganas de darse un garbeo. Yo ya le decía que mira, que están haciendo lo del mundial y además, con eso de que empiezan las vacaciones, las carreteras estarán llenas, pero ella erre que erre: Que si no vamos nunca a ver a la familia, que eres un asocial, se te van a poner los ojos cuadrados de tanta pantalla de ordenador.

Bueno lo del mundial es que era una excusa. Total, para lo que hay que ver. Y más ahora que ya no hay jugadores del país en la liza. Claro que siempre queda poder ver a los que de verdad juegan en la liga: los Ronaldinhos, los Zidanes, los Beckham; anda este, que menudo gol que marcó. De los que aquí no marca. ¿A Vd. le gusta el fútbol? A mi la verdad no demasiado, pero como socialmente hay que saber, si no eres un ignaro.

A mi lo que me gusta de verdad es navegar por los blogs. Es que ahí te das cuenta de cómo es el mundo de verdad, déjate estar de salsas rosas y chorradas por el estilo. El insatisfecho, el obseso, bueno y también la obsesa, el aguerrido palabrador, el presunto escribidor, el coleccionista, la de ahí me las den todas y ¡eh!, gente de todas partes, de aquí, mucho de América del Sur (me encantan como escriben los/las chilenos), wasps, orientales. Que pena no entender a los japoneses, estoy seguro que también dicen cosas muy interesantes, pero esos símbolos solo me gustan pintados en la piel de alguna geisha.

Bueno, que aquí le estoy distrayendo yo con mi chachara y mientras he dejado el coche en la esquina, con mi mujer dentro y se va a poner buena. Lo del pueblo, ¿lo sabe o no? ¡Por lo menos dígame algo hombre! Vd. tiene pinta de buena persona. ¿Esta carretera a donde va?

¿Sabe?, si es que esto de viajar en coche hacia donde hace calor es un poco pesado. Yo le dije a mi mujer que si quería que saliéramos nos fuésemos al Norte, que allí hace más fresquito, pero me contesto que ni hablar, que esta semana son los San Fermines en Pamplona y las carreteras por allí aún estarán más llenas. Pues me he quedado con las ganas de dar una vuelta por el Barrio Viejo en San Sebastián o por Zarautz, por Hondarribia, Guetaria, Lekeitio y eso si, ponerme hasta el culo de pinchos y txacoli, que uno es un tripero de cuidado.

Y eso que ahora por allí se respira otro aire. No sé, como más diáfano y le veo (estuve no hace mucho) a la gente como con una sonrisa más esperanzada.

Oiga, si no puede decirme para donde he de ir para llegar a este pueblo, pues nada, pero me parece de mala educación que no me haya dicho ni palabra. Además, le veo como muy amarillo. Si le molestaba con mi conversación, habérmelo dicho hombre pero no hay porqué sulfurarse de esta manera. Vd. lo pase bien.

15 de juny 2006

MALDITA PRISA


Viernes, 7 de la mañana. Enfilo la calle Aragón, como cada día. Sé que si mantengo la velocidad de unos 30 a 40 Km. / hora y no hay mucho tráfico iré pasando todos los semáforos en verde.

Casualmente por la radio van explicando la puesta en marcha del carné por puntos y ante la enumeración de las acciones, omisiones y circunstancias que pueden hacer perder puntos, pienso que van a tener trabajo los de tráfico y los que deban de “reciclar” a aquellos que la resta de puntos les lleve a perder el permiso de conducir.

A mí alrededor se va formando el habitual enjambre de motos que van apurando los semáforos y cruzando en diagonal la calle para ir a buscar los huecos que les permitan pasar sin detenerse.

Ayer precisamente estuve en un curso de prevención donde nos explicaron a los participantes que hacer en caso de verse en la necesidad de atender a un motorista accidentado y recuerdo que pensé que sí, que me podía ver en esta situación, pero lo que no imaginaba era lo pronto que me iba a ver envuelto en tales circunstancias.

De repente, a punto de atravesar un cruce de calles, oí un estrépito. No vi exactamente que ocurrió en el momento en que se produjo la colisión, pero a continuación sí que, asombrado, vi como uno de los motoristas que me había adelantado pocos momentos antes, daba vueltas en el aire con los brazos y las piernas extendidos en X, cayendo estrepitosamente al suelo, pocos metros delante de mi vehículo.

Me detuve y salí corriendo tratando frenéticamente de recordar “A ver, que dijeron, no hay que quitar el casco, hay que ver si está consciente, no tratar de incorporarlo, ¿Qué más hay que hacer?”

Cuando llegué, el conductor del vehículo que había colisionado con el motorista, se estaba discutiendo con otro motorista que había parado también y a su alrededor los coches seguían su camino, esquivando como podían el accidente. “¡Dejadlo estar ahora, hay que llamar a una ambulancia, ya!”

El motorista en el suelo estaba consciente y con los ojos velados por el dolor intentaba decir algo, alargando un brazo hacia mí. No se le apreciaban heridas externas, aunque podía tenerlas internas. En aquel momento llegó la policía que se hizo cargo de la situación. El conductor del coche se dirigió a mi, muy nervioso “¡Tiene que venir a testificar a mi favor, Vd. lo ha visto todo. Yo no me he pasado el semáforo en rojo. Es mi vida, me van a quitar el carné y yo me gano la vida con el coche!

En realidad yo no había visto más que las consecuencias del accidente. Pensé en la vida del que estaba tendido en el asfalto y me pregunté si había valido la pena la prisa, de unos y de otros y en aquello que nos genera la ansiedad de la prisa. Pensé en como todo puede cambiar en un momento: el trabajo de los protagonistas en aquel viernes, el programa de compras por la tarde o la salida a cenar por la noche, sustituido todo ello por las estancias de un hospital, por las declaraciones en comisaría o la negra sombra de la inquietud y eventualmente de la responsabilidad de que te haya ocurrido una cosa así.

“Lo siento, no he visto como ha ocurrido el accidente y no puedo declarar sobre lo que no he visto”.
Viendo que gente con experiencia se había hecho cargo de todo, me alejé, subí de nuevo a mi coche y muy lentamente me reincorporé al tráfico de la calle Aragón.

14 de juny 2006

CREURE O NO


Una vegada em vaig creuar amb ella a l’aeroport de Sevilla. Caminava de pressa i amb força, amb “poderio” com diuen per aquelles terres.

Era mes be baixa, o potser m’ho va semblar a mi, al veure-la amb aquells talons d’agulla. Espero que descansi en pau i no s’hagi adonat del circ mediatic que s’ha muntat al voltant de la seva mort, tot i que ella i la seva família hi han viscut d’aquest sistema de xafarderia afavorida per la “premsa rosa”, en allò que en dic “les sagues dels escàndols”.

Us heu fixat que aquesta continua presencia en els mitjans sempre ronda a unes quantes persones, i que s’expandeix cap a altres que hi tenen relació familiar o d’amistat amb aquestes, però que sempre tot queda gairebé en el mateix entorn? Mireu si no els d’Ubrique, des de el propi torero, passant per la seva primera dona i per el seu pare, fins a la Campanario i els seus presumptes problemes amb la S. Social, etc. etc.

I la pròpia família de la Jurado, el seu primer marit amb ramificació a la perruquera, la filla i el seu ex- Guardia Civil, les amistats amb la Pantoja, que també hi es abonada ella o el seu fill per no parlar del seu ex alcalde de Marbella... o de la seva relació amb la desapareguda Encarna Sánchez... i anar fent.

Be, no era d’això del que volia escriure avui. Volia referir-me a aquella reflexió que el Papa Benedect XVI que va fer a Auswitch: On era Deu quan va passar tot allò? En si es un greu qüestionar-se l’existència de Deu per part del seu primer representant a la terra.

Qui creu dons en Deu? En Pere Lluís Font, professor d’Història de la Filosofia de la Universitat Autònoma de Barcelona, que participà en un curs a la Fundació Joan Maragall, orientat a repensar 16 conceptes clau de la teologia es planteja “Perquè crec? Perquè finalment em sembla mes raonable aquesta postura que la contraria.”

Com el mateix Font diu, “Si Deu estima, com pot haver un infern?

Jo penso que tan dolent es creure cegament, com no creure i utilitzar la manca de fe com a pretexta per el tot val. A aquestes alçades, creure en una Divinitat impregnada de bondat, es com creure que algú te a l’humanitat dins d’una proveta de laboratori, fent continus experiments per veure el comportament de unes criatures subjectes a les seves passions.

Si per un moment creguéssim en això, hi hauria que pensar que estem en un moment àlgid dels experiments, perquè miris per on miris només veus mostres de les exacerbacions negatives d’aquestes passions humanes. La crueltat, l’egoisme, les guerres, l’enveja, no son passions negatives que porten a molts i molts inferns en aquesta existència?

Jo no crec en l’Església, però si en una religió com a forma de convivència i millora social.

Aquesta religió no te perque revestir formes sectaries. Em valen la cristiana, el budisme, l’hinduisme, fins i tot la musulmana, o qualsevol, quan no pretenguin imposar res a ningú, que prediquin la tolerancia i la convivencia, que no embarquin a ningú en guerres santes Potser com ens assenyalava en Thomas Mann a la “Muntanya Màgica”, els manaments en definitiva son pautes de conducta civilitzada, revestida de “autoritat divina”, perquè la gent en faci cas. La preocupació ha de ser que la gent tingui prou capacitat per ser la seva propia Iglesia

Sembla que quan el ser humà pensa en aquestes qüestions amb profunditat es produeixen oscil·lacions neuronals de 40 herzts en una zona del cervell. Els cientifics en diuen “l’inteligencia espiritual”. Serà que de manera inconscient ens estem intentant conectar telepaticament amb alguna Divinitat en pla de preguntar, que hi ha algú?

O mes be simplement que el pensar en coses trascendents ens produeix mes neguit ?