20 d’agost 2006

¡¡GRITANDO!!

Tenía la mirada triste, perdida y estaba sentada como desparramada encima de la silla en aquella explanada delante del puerto. Me pareció que se le caía algo de la mano. Me acerqué y recogí un papel del suelo.

Sin mirarlo se lo ofrecí, pero ella no hizo gesto alguno para cogerlo. Insistí y le dije “mire que le ha caído”. Pero ella siguió absorta, sin hacerme caso. Di la vuelta a su alrededor y me fije que sus vestidos parecían viejos y ajados, pasados de moda.

Por tercera vez le alargué la mano con el papel, pero ella siguió impertérrita y al final decidí dejárselo sobre el regazo. Lentamente me aparté, pero tenía curiosidad. Me parecía irreal su actitud. ¿Qué debía de ocurrirle?

Me senté en un banco, un poco apartado de donde estaba ella y desplegué el periódico que llevaba conmigo, tratando de leer, pero inevitablemente por el rabillo del ojo la vigilaba, esperando ver alguna reacción. Pero no, no se movía, continuaba con aquella quietud extraña.

Presté más atención a su aspecto. Llevaba el cabello largo con abundantes rizos. Sus grandes ojos fijos delante de si parecían verdes y resaltaban encima de unas mejillas gordezuelas, salpicadas de acné, que enmarcaban unos labios gruesos y sensuales

Un hombre con aspecto de turista perdido se le acercó y pareció preguntarle algo, que desde donde estaba no pude entender. Tanto podía ser la dirección de una calle, como la hora. Seguía sin inmutarse, pese a que el hombre insistió en varias ocasiones. Finalmente, el individuo hizo un gesto de impaciencia y se apartó mascullando algo que podía ser perfectamente “hay que joderse con la tía esta”.

Unos niños, jugando a perseguirse se incorporaron a la escena. Dieron varias vueltas corriendo alrededor de la mujer sentada y en una de las pasadas, uno de ellos se le acercó demasiado y tropezó con sus piernas, pero ni así se produjo reacción alguna en ella. Siguió con la misma pose estática y absorta.

El niño se la miró compungido y retrocedió de espaldas, hasta que dio media vuelta y salió corriendo pero ya no jugando con los otros como antes, sino con el propósito de alejarse la antes posible de la mujer.

Viendo que no pasaba nada más, me dispuse a marcharme y me levanté. Entonces ocurrió. La mujer se había incorporado y empezó a chillar.

Me volví sorprendido y vi que estaba de pie, delante de la silla en la que había permanecido sentada hasta hacia poco. El papel que poco antes le había dejado en el regazo había caído al suelo y ella seguía chillando, con un grito agudo y potente. Tenía la boca abierta y con los labios un poco hacia dentro, como una soprano que modulase su canto. Pero no era un canto. Era un grito que le salía de dentro, de su estómago, de sus pulmones, sobre todo de su alma.

Me quedé impresionado y quise adelantarme para preguntarle si necesitaba ayuda, pero algo me detuvo. Su grito parecía una expresión de desesperación y me miraba a mí. Di un vistazo alrededor para ver si había más personas que la estuvieran viendo y oyendo aquel grito tremendo y desgarrador. Pero no parecía que nadie más que yo se diese cuenta. Una pareja que andaba cerca parecía absorta en una arrobada contemplación mutua y ajena a la escena que se estaba desarrollando algunos metros más allá de su camino.

Y el grito no cesaba. Si acaso había subido de intensidad y empezó a ponerme nervioso. ¿Qué le estaba ocurriendo a aquella mujer? Me preguntaba de donde sacaba fuerzas para mantener aquel aullido tan sostenido. En un momento pasaron por mi mente gritos notables, desde el de Munch, pasando por Picasso, por García Lorca y llegando incluso hasta Dámaso Alonso.

Di un paso hacia atrás con intención de marcharme y tropecé con mi propia silla, perdí el equilibrio y a punto estuve de caer al suelo. De pronto me entró miedo, un miedo incontenible y quise huir de allí. De alguna forma, aquel grito desesperado parecía que iba dirigido a mí, aunque ni conocía a aquella mujer, ni había hecho nada para provocar aquella situación. Corrí, con el deseo de desaparecer lo antes posible de aquel escenario, girando no obstante la cabeza para ver lo que ocurría, porque no me acababa de creer lo que estaba sucediendo.

El grito me perseguía, como si la mujer fuera corriendo a mi lado y chillándome al oído. La mujer sin embargo seguía en el mismo sitio en que la había encontrado. Llegué a la esquina del edificio que estaba más próximo en aquella amplia explanada y trate de ocultarme tras la esquina que me pareció un refugio para escapar de aquella situación angustiante. Inútil, seguía oyendo el grito con la misma intensidad.

Me dejé caer sentado en el suelo y una vez más me di cuenta que nadie aparte de mi parecía acusar aquel chillido lancinante que amenazaba con volverme loco. La gente transitaba con parsimonia, disfrutando aparentemente de la calidez del sol en aquel atardecer otoñal Con cuidado me asomé y la vi. Seguía de pie con los brazos extendidos a cada lado de su cuerpo y los puños apretados. La cabeza echada hacia atrás y aullando con renovado brio. Me tapé los oídos en un vano intento de sustraerme a aquel inacabable sufrimiento. Y de repente paró.

Como si no hubiese ocurrido. La gente continuaba a lo suyo, sin parecer que hubiera notado nada extraordinario. Con precaución me asomé de nuevo y vi que la mujer había desaparecido. Incomodo y sintiéndome ridículo me levanté, picado por la curiosidad.

Escudriñé alrededor de donde estaba la silla en la que había encontrado sentada a aquella mujer, pero no la vi. Los chiquillos de antes seguían corriendo, persiguiéndose unos a otros y en aquel lugar parecía no haber ocurrido nada. Lentamente y mirando desconfiadamente a todas partes, rehice el camino hacia el lugar donde se originó mi desazón.

Cuando estuve próximo a la silla, vi en el suelo el papel que había intentado entregarle antes. Lo recogí y lo desplegué. Se trataba de una simple relación de ciudades y de lugares, sin aparente relación entre si. Pero sí que la había y ahí estaba la clave de todo lo ocurrido. De repente lo entendí. Y en mi estómago creció una imperativa necesidad de chillar.
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El dibujo en lápiz y tinta china "Femme criant" (1938-1940) es de Julio Gonzalez

04 d’agost 2006

CALOR!!

Calor, calor, calor…

Me pasé un kleenex por el cogote, mientras miraba los bajorrelieves del marco de la puerta Norte de la Sacra Capilla del Salvador. Me preguntaba porqué los decoradores medievales y renacentistas incluían entre los bajorrelieves de los pórticos en tantas Iglesias motivos paganos, cuando no descaradamente pornográficos. ¿Qué mensaje pretendían hacer llegar con ello? ¿O quizás se trataba simplemente de travesuras?

Bueno el caso es que cansados del calor y de la masiva ingesta de arte eclesiástico visto en un solo día, finalmente nos sentamos en una terraza. El entorno era simpático, una plaza ajardinada entre vetustos edificios, el Palacio de las Cadenas - Ayuntamiento - por un lado y el Palacio Vela de los Cobos por otra. Una ligera brisa que soplaba de vez en cuando mitigaba algo el sofocón y mientras iba anocheciendo.

Tanta pereza nos daba movernos que preguntamos al camarero que tenían para comer, aún cuando el nombre del bar, “Navarro” no nos auguraba que pudiésemos disfrutar de platos típicos de la gastronomía andaluza de la zona, que aún no habíamos llegado a catar.

Sin embargo nos arreglamos con un buen tomate aliñado, aderezado con el excelente aceite de la tierra, originado en algún lugar de las miles de hectáreas de olivos que habíamos ido atravesando desde el día anterior.

Una mujer se había sentado en la mesa de al lado. Su aspecto y su porte era el de tantas mujeres andaluzas de mediana edad, con cierto señorío, vestida con un sencillo pero a la vez elegante vestido, las gafas de sol a guisa de diadema y fumando algo nerviosa. Tenía las facciones regulares, grandes ojos de color castaño y adornaba su cabeza una media melena cortada en la línea de sencillez de todo su aspecto. Destacaba en su cara una pequeña verruga en los aledaños del ojo izquierdo, que no afeaba al conjunto, sino que más bien le daba un toque de personalidad.

Pidió algo para cenar también y mientras esperaba a que se lo sirviesen, se entretenía jugueteando con un gato que andaba al acecho de las sobras que algún comensal dadivoso quisiera suministrarle. El gato estaba bien lustroso.
De repente se dirigió a nosotros - ¿Qué sois, valencianos o catalanes? Tenéis más acento de valencianos. - Mi mujer y yo un tanto sorprendidos le respondimos – No, no, somos catalanes.

- Uuuyyy, lo siento, lo siento…, - se la notaba embarazada.

- No ocurre nada. Es fácil confundir el acento si no se está acostumbrada, pero que no hay ningún problema, en serio.

- Es que como sé del problema que hay entre los catalanes y los valencianos con lo del idioma, que si el catalán, que si el valenciano…Pero yo tengo amigos tanto en Valencia como en Cataluña, concretamente en Lérida.

- Mire señora, a mi edad este tipo de problemas se ven con mucha relatividad. Si los valencianos creen que lo que hablan es un idioma independiente y no una forma dialectal del catalán, pues allá ellos, mientras a mi no me lo impongan… Pero Vd. si que se nota que es de aquí ¿no?, lo digo por el acento, que en su caso si que es andaluz, andaluz.

- Yo nací en esta ciudad, pero constantemente me estoy desplazando por mi trabajo, Albacete, Martos, Jaén, etc. También antaño a Valencia, porqué el padre de mi marido era valenciano.

Aunque no lo dijo claramente, dedujimos que quizás estaba separada, porqué se refería al marido y a su suegro en pasado y también cuando hablaba de un hijo suyo, parecía como si no estuviese viviendo con ella.

- Y en Lérida también tenía un amigo, que murió el año pasado en un accidente de coche. Su mujer, Laura si que viene a verme de vez en cuando. Por cierto, el se llamaba Jordi, aunque a veces le llamabamos Jorge.
- A mi también me ocurre; tengo muchos amigos que me llaman Jorge, a pesar de que mi nombre de registro es Jordi. Pero no me preocupa en absoluto.
- Yo viajo siempre en transporte público, aunque tengo carné, pero no me gusta conducir. ¿Han visitado ya la Iglesia de San Miguel? ¿Y el oratorio de San Juan de la Cruz? Son dignas de ver.

- Bueno, por hoy ya hemos visitado unas cuantas iglesias: La de la Trinidad, la de San Nicolás, San Pablo, Santo Domingo, la Capilla del Salvador, por fuera Santa Maria de los Reales Alcázares, en fin unas cuantas. Hemos de dejar algo para mañana

Y así transcurrió un buen rato más de conversación. Que si por donde se podía ir mejor a la cercana sierra, que donde se podía comprar aceite en precios ventajosos, que si lo apreciada que es por el rey la cerámica de la tierra, elaborada por el alfarero Tito, etc. etc.La clase de conversación informal entre turistas y habitantes del país visitado.

Pero había algo extraño en sus contestaciones. En alguna ocasión parecía raro que una persona originaria del país pareciese ignorar alguna de las cosas que le preguntábamos, dándonos contestaciones evasivas. Se la notaba una persona solitaria. En muy pocas ocasiones a mi mujer y a mi nos ha ocurrido el pegar la hebra sin más con un vecino de mesa. Pero ahí, estuvimos propensos a escucharla

Finalmente nos despedimos. Ya era muy tarde y el calor no había descendido tanto a pesar de la hora nocturna.

Llegamos al apartamento que habíamos alquilado, que parecía un horno pizzero. Después de una ducha, que no alivió gran cosa nuestra sensación de bochorno, nos tendimos en la cama esperando que el sueño nos ayudase a ignorar el calor.

Había aire acondicionado, si, pero su chorro estaba dirigido hacia la cama, con lo cual nos pareció que debíamos elegir entre abrasarnos o coger una pulmonía y optamos por lo primero.

Mi mujer se durmió con un sueño pesado, que me dio la sensación de que se debía sobre todo al cansancio. Pero yo no podía dormir. Ya me lo había dicho - No bebas tanta Coca Cola por la noche - y yo ni caso, con la sed que tenía.

Y venga dar vueltas. No se si la cama era incomoda o no, pero yo la encontré horrible. Hacia las tres me levanté y me di otra ducha, que solo me alivió momentáneamente, pero al cabo de poco rato, otra vez a sudar.

Hacía las cuatro parecía que mi consciencia iba sucumbiendo, pero entonces una ráfaga de aire frío movió la cristalera de la ventana que tenía al lado de la cama. Era un cambio tan brusco, que en lugar de pensar en acomodarme mejor y disfrutar de la inesperada temperatura, me levante y miré por la ventana a la calle.

Estábamos en el segundo piso de una casa del siglo XVI, rehabilitada para servir como alojamiento rural. La verdad es que la casa estaba bien. Se habían esmerado en conservar el aire antiguo en la decoración e incluso en los sótanos, excavada en la piedra, había una bodega antiquísima, que curiosamente no era de aceite, sino de vino y que el encargado se apresuró a enseñarnos como algo digno de conocer en cuanto llegamos. Aquella noche sin embargo, éramos los únicos ocupantes de la casa.

Al asomarme me encontré con la mirada ciega de las estatuas que decoraban la fachada de la casa de enfrente, a las cuales la iluminación de las farolas teñía con claroscuros inquietantes. Y entonces la vi.

Era una figura que andaba en dirección al extremo de la calle que da a la Plaza del 1º de Mayo. Me sorprendió que una mujer sola anduviese por las desiertas calles a aquellas horas de la noche. Pero lo que me sorprendió aún más fueron las hechuras de sus vestidos: Llevaba una blusa blanca con mangas abollonadas y encima un jubón de color rojo cereza, claramente deslucido. Llevaba además una falda larga, de color canela, ampulosa, parecida a unas enaguas y que le llegaba hasta los pies.

Parecía como si hubiese elegido sus ropas en el museo del vestido. La sensación de frío se acentuó y entonces, al llegar a la esquina se giró y miró brevemente hacia mi ventana. Era inconfundible, el cabello, los ojos, la pequeña verruga al lado del ojo izquierdo. En lugar de las gafas de sol, llevaba una diadema sencilla, con algunas piedras que a la distancia parecían preciosas y su tez brillaba con un color blanco irreal.

Cerré la ventana y me volví a la cama con algunos temblores más de lo que hubiera deseado. Y poco a poco me adormecí, sin darme cuenta que el calor había hecho de nuevo acto de presencia. Mi último pensamiento antes de perder la conciencia fue: Bueno, y si le da por pasearse de madrugada vestida a la antigua, ¿a mi qué?

30 de juny 2006

Conversaciones imposibles

Oiga, que mire, que ando un poco perdido y no se llegar hasta el pueblo. Ya sabe la jodida manía de no querer preguntar que tenemos los tíos.

¿Vd. cree que si sigo por esta carretera tengo posibilidades? No, si ya veo por su cara que Vd. tampoco parece saber por donde queda esto.

Y es que fíjese, estaba tan bien en casa y a mi mujer que le entraron las ganas de darse un garbeo. Yo ya le decía que mira, que están haciendo lo del mundial y además, con eso de que empiezan las vacaciones, las carreteras estarán llenas, pero ella erre que erre: Que si no vamos nunca a ver a la familia, que eres un asocial, se te van a poner los ojos cuadrados de tanta pantalla de ordenador.

Bueno lo del mundial es que era una excusa. Total, para lo que hay que ver. Y más ahora que ya no hay jugadores del país en la liza. Claro que siempre queda poder ver a los que de verdad juegan en la liga: los Ronaldinhos, los Zidanes, los Beckham; anda este, que menudo gol que marcó. De los que aquí no marca. ¿A Vd. le gusta el fútbol? A mi la verdad no demasiado, pero como socialmente hay que saber, si no eres un ignaro.

A mi lo que me gusta de verdad es navegar por los blogs. Es que ahí te das cuenta de cómo es el mundo de verdad, déjate estar de salsas rosas y chorradas por el estilo. El insatisfecho, el obseso, bueno y también la obsesa, el aguerrido palabrador, el presunto escribidor, el coleccionista, la de ahí me las den todas y ¡eh!, gente de todas partes, de aquí, mucho de América del Sur (me encantan como escriben los/las chilenos), wasps, orientales. Que pena no entender a los japoneses, estoy seguro que también dicen cosas muy interesantes, pero esos símbolos solo me gustan pintados en la piel de alguna geisha.

Bueno, que aquí le estoy distrayendo yo con mi chachara y mientras he dejado el coche en la esquina, con mi mujer dentro y se va a poner buena. Lo del pueblo, ¿lo sabe o no? ¡Por lo menos dígame algo hombre! Vd. tiene pinta de buena persona. ¿Esta carretera a donde va?

¿Sabe?, si es que esto de viajar en coche hacia donde hace calor es un poco pesado. Yo le dije a mi mujer que si quería que saliéramos nos fuésemos al Norte, que allí hace más fresquito, pero me contesto que ni hablar, que esta semana son los San Fermines en Pamplona y las carreteras por allí aún estarán más llenas. Pues me he quedado con las ganas de dar una vuelta por el Barrio Viejo en San Sebastián o por Zarautz, por Hondarribia, Guetaria, Lekeitio y eso si, ponerme hasta el culo de pinchos y txacoli, que uno es un tripero de cuidado.

Y eso que ahora por allí se respira otro aire. No sé, como más diáfano y le veo (estuve no hace mucho) a la gente como con una sonrisa más esperanzada.

Oiga, si no puede decirme para donde he de ir para llegar a este pueblo, pues nada, pero me parece de mala educación que no me haya dicho ni palabra. Además, le veo como muy amarillo. Si le molestaba con mi conversación, habérmelo dicho hombre pero no hay porqué sulfurarse de esta manera. Vd. lo pase bien.

15 de juny 2006

MALDITA PRISA


Viernes, 7 de la mañana. Enfilo la calle Aragón, como cada día. Sé que si mantengo la velocidad de unos 30 a 40 Km. / hora y no hay mucho tráfico iré pasando todos los semáforos en verde.

Casualmente por la radio van explicando la puesta en marcha del carné por puntos y ante la enumeración de las acciones, omisiones y circunstancias que pueden hacer perder puntos, pienso que van a tener trabajo los de tráfico y los que deban de “reciclar” a aquellos que la resta de puntos les lleve a perder el permiso de conducir.

A mí alrededor se va formando el habitual enjambre de motos que van apurando los semáforos y cruzando en diagonal la calle para ir a buscar los huecos que les permitan pasar sin detenerse.

Ayer precisamente estuve en un curso de prevención donde nos explicaron a los participantes que hacer en caso de verse en la necesidad de atender a un motorista accidentado y recuerdo que pensé que sí, que me podía ver en esta situación, pero lo que no imaginaba era lo pronto que me iba a ver envuelto en tales circunstancias.

De repente, a punto de atravesar un cruce de calles, oí un estrépito. No vi exactamente que ocurrió en el momento en que se produjo la colisión, pero a continuación sí que, asombrado, vi como uno de los motoristas que me había adelantado pocos momentos antes, daba vueltas en el aire con los brazos y las piernas extendidos en X, cayendo estrepitosamente al suelo, pocos metros delante de mi vehículo.

Me detuve y salí corriendo tratando frenéticamente de recordar “A ver, que dijeron, no hay que quitar el casco, hay que ver si está consciente, no tratar de incorporarlo, ¿Qué más hay que hacer?”

Cuando llegué, el conductor del vehículo que había colisionado con el motorista, se estaba discutiendo con otro motorista que había parado también y a su alrededor los coches seguían su camino, esquivando como podían el accidente. “¡Dejadlo estar ahora, hay que llamar a una ambulancia, ya!”

El motorista en el suelo estaba consciente y con los ojos velados por el dolor intentaba decir algo, alargando un brazo hacia mí. No se le apreciaban heridas externas, aunque podía tenerlas internas. En aquel momento llegó la policía que se hizo cargo de la situación. El conductor del coche se dirigió a mi, muy nervioso “¡Tiene que venir a testificar a mi favor, Vd. lo ha visto todo. Yo no me he pasado el semáforo en rojo. Es mi vida, me van a quitar el carné y yo me gano la vida con el coche!

En realidad yo no había visto más que las consecuencias del accidente. Pensé en la vida del que estaba tendido en el asfalto y me pregunté si había valido la pena la prisa, de unos y de otros y en aquello que nos genera la ansiedad de la prisa. Pensé en como todo puede cambiar en un momento: el trabajo de los protagonistas en aquel viernes, el programa de compras por la tarde o la salida a cenar por la noche, sustituido todo ello por las estancias de un hospital, por las declaraciones en comisaría o la negra sombra de la inquietud y eventualmente de la responsabilidad de que te haya ocurrido una cosa así.

“Lo siento, no he visto como ha ocurrido el accidente y no puedo declarar sobre lo que no he visto”.
Viendo que gente con experiencia se había hecho cargo de todo, me alejé, subí de nuevo a mi coche y muy lentamente me reincorporé al tráfico de la calle Aragón.

14 de juny 2006

CREURE O NO


Una vegada em vaig creuar amb ella a l’aeroport de Sevilla. Caminava de pressa i amb força, amb “poderio” com diuen per aquelles terres.

Era mes be baixa, o potser m’ho va semblar a mi, al veure-la amb aquells talons d’agulla. Espero que descansi en pau i no s’hagi adonat del circ mediatic que s’ha muntat al voltant de la seva mort, tot i que ella i la seva família hi han viscut d’aquest sistema de xafarderia afavorida per la “premsa rosa”, en allò que en dic “les sagues dels escàndols”.

Us heu fixat que aquesta continua presencia en els mitjans sempre ronda a unes quantes persones, i que s’expandeix cap a altres que hi tenen relació familiar o d’amistat amb aquestes, però que sempre tot queda gairebé en el mateix entorn? Mireu si no els d’Ubrique, des de el propi torero, passant per la seva primera dona i per el seu pare, fins a la Campanario i els seus presumptes problemes amb la S. Social, etc. etc.

I la pròpia família de la Jurado, el seu primer marit amb ramificació a la perruquera, la filla i el seu ex- Guardia Civil, les amistats amb la Pantoja, que també hi es abonada ella o el seu fill per no parlar del seu ex alcalde de Marbella... o de la seva relació amb la desapareguda Encarna Sánchez... i anar fent.

Be, no era d’això del que volia escriure avui. Volia referir-me a aquella reflexió que el Papa Benedect XVI que va fer a Auswitch: On era Deu quan va passar tot allò? En si es un greu qüestionar-se l’existència de Deu per part del seu primer representant a la terra.

Qui creu dons en Deu? En Pere Lluís Font, professor d’Història de la Filosofia de la Universitat Autònoma de Barcelona, que participà en un curs a la Fundació Joan Maragall, orientat a repensar 16 conceptes clau de la teologia es planteja “Perquè crec? Perquè finalment em sembla mes raonable aquesta postura que la contraria.”

Com el mateix Font diu, “Si Deu estima, com pot haver un infern?

Jo penso que tan dolent es creure cegament, com no creure i utilitzar la manca de fe com a pretexta per el tot val. A aquestes alçades, creure en una Divinitat impregnada de bondat, es com creure que algú te a l’humanitat dins d’una proveta de laboratori, fent continus experiments per veure el comportament de unes criatures subjectes a les seves passions.

Si per un moment creguéssim en això, hi hauria que pensar que estem en un moment àlgid dels experiments, perquè miris per on miris només veus mostres de les exacerbacions negatives d’aquestes passions humanes. La crueltat, l’egoisme, les guerres, l’enveja, no son passions negatives que porten a molts i molts inferns en aquesta existència?

Jo no crec en l’Església, però si en una religió com a forma de convivència i millora social.

Aquesta religió no te perque revestir formes sectaries. Em valen la cristiana, el budisme, l’hinduisme, fins i tot la musulmana, o qualsevol, quan no pretenguin imposar res a ningú, que prediquin la tolerancia i la convivencia, que no embarquin a ningú en guerres santes Potser com ens assenyalava en Thomas Mann a la “Muntanya Màgica”, els manaments en definitiva son pautes de conducta civilitzada, revestida de “autoritat divina”, perquè la gent en faci cas. La preocupació ha de ser que la gent tingui prou capacitat per ser la seva propia Iglesia

Sembla que quan el ser humà pensa en aquestes qüestions amb profunditat es produeixen oscil·lacions neuronals de 40 herzts en una zona del cervell. Els cientifics en diuen “l’inteligencia espiritual”. Serà que de manera inconscient ens estem intentant conectar telepaticament amb alguna Divinitat en pla de preguntar, que hi ha algú?

O mes be simplement que el pensar en coses trascendents ens produeix mes neguit ?

27 de maig 2006

IMAGINA


La parte posterior del escenario se levantaba lentamente, mientras en los oídos de los espectadores resonaban los versos que fluían con cadencia pausada de la boca de los rapsodas ocasionales:

Imagina que no hay países
No es difícil de hacer
Nada porqué matar o morir
Ni tampoco religión
Imagina a toda la gente, viviendo en paz

El mar aparecía majestuoso y el sol se reflejaba en los ligeros rizos despertando ecos lumínicos brillantes que dibujaban trazos cambiantes en el techo del auditorio.

Imagina nada de posesiones
me pregunto si puedes
ninguna necesidad de avaricia o ansias
una hermandad del hombre
imagina a toda la gente
compartiendo todo el mundo...

Me deje arrastrar por las palabras. Todo alrededor parecía alcanzable y un estremecimiento me recorrió la espalda. Quería creer en esas palabras que alguien creo cuando no sabía aún que moriría poco después a manos de un ¿loco?
Cerca de allí sin embargo se acercaba navegando por aquel mar, que se me antojaba tan cercano y acogedor, la demostración de que a pesar de la esperanza y de las palabras motivadoras siempre hay algo que se encarga de contradecir la buena voluntad. Miles de personas arriesgando su vida para huir de la miseria. Ahora ya no se les llama pateras, se llaman kayukos.
No se muy bien cual es la diferencia del medio de transporte, pero la doliente carga humana que transportan tiene la misma característica común, el miedo. Ese miedo que producen aquellos que no saben unir palabras para lanzar mensajes de esperanza y que solo saben transmitir MIEDO

Puedes decir que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día te nos unas
y el mundo será uno

Después, el mar ya no me pareció tan rutilante

24 d’abril 2006

Sequia


Sequía. Sequía casi total. Hace días que no publico nada y hoy casi me tengo que obligar a escribir para que no se oxide este tímido intento de expresar lo que pienso.
No debe ser tan difícil. Solo hay que coger carrerilla y pulsar una tecla tras otra. Y otra. Y otra.

Pues no. El agua no mana.

Para distraerme un poco, he metido en el ordenador un video que hice en Praga hace tres años. Bonita ciudad. Es de aquellas que no me importaría volver a visitar, incluso con alguna frecuencia.

Puede ser que fuera coincidencia, pero los días que estuve allí tenían un color especial, luminoso y transparente. Y también las noches.

He intentado encontrar esta atmósfera en “Las siete Iglesias”, uno de los libros que compré ayer, por San Jordi (ya se sabe, rosas, libros, miríadas de personas arriba y abajo y famosillos firmando libros que pretenden haber escrito), pero por el momento y hasta donde he llegado, no he sabido encontrarla. Puede ser que Milos Urban, buen escritor checo de trhillers, al utilizar su ciudad como escenario para la novela ha querido destacar precisamente lo que yo no vi en mi viaje, es decir una ciudad tenebrosa y lúgubre como la portada del libro, donde el puente de Carlos parece más bien un cadalso.

Lo que si he hecho en estos días de sequía, ha sido dedicarme a navegar por otros blogs y cavilar sobre lo que la gente dice protegiéndose en el anonimato Muchas veces me sorprende pensar que alguien con quien me cruzo en la calle es quizás aquel que en su bitácora dice pestes de la vida, de la sociedad y de su mierda de empleo o que el chico con aspecto de rapero y sendos piercings horadándole orejas y cejas, se muestra en su blog como un muchacho sin recovecos, con gran afición a la música clásica o que el hombre de la corbata deslucida y el traje gris, es el aventurero que narra viajes a remotos y exóticos lugares.

La modosa chica que está sentada en la cafetería leyendo y amparada tras sus gafas, mientras discretamente y de vez en cuando mira a quien pasa por la calle, puede ser la que firma con seudónimo lúbricas inventivas sobre arriesgadas prácticas sexuales, que a lo mejor no ha practicado nunca.

En cuanto a procacidades escritas y gráficas por muchos y muchas en el terreno sexual, ¡que cantidad de blogs dedicados a estos temas¡ Muchos de ellos los firman mujeres y no es que yo me espante de nada, pero ante lo que se manifiesta y se fotografía en alguno de ellos me cuesta pensar que realmente detrás de la escritura está una mujer.

No porqué piense que no haya mujeres que sean capaces de escribir sobre temas eróticos, sino porqué incluso en algunos libros que he leído, de los que sí se cierto que sus autores son mujeres, he encontrado siempre un determinado estilo en el enfoque del erotismo, alejado de la vulgaridad que exhiben algunos de los blogs que he visitado.

Hablando de erotismo, más bien de pornografía, hace dos semanas apareció la noticia de que la Generalitat de Catalunya subvencionaba el doblaje de una película pornográfica al catalán. No tengo prejuicios en contra de la pornografía. Debe de ser un grandísimo negocio, por la abundancia que hay en películas, revistas y por Internet. Encuentro censurable en una parte de esta sociedad hipócrita que haga aspavientos ante ella, pero que en cuanto puede sintoniza los canales donde se exhibe.

Lo que me preocupó es que en la misma semana y cadena de televisión en la que apareció esta noticia, pasaron un reportaje sobre las personas ancianas que no tienen una pensión digna y sobreviven con dificultades para comer o habitar una vivienda, mientras que en algunos casos también son victimas de malas prácticas de cuatro desaprensivos, por llamarles suavemente, que pretenden hacerse con sus viviendas y/o sus escasos bienes.

¡Esto si que es pornografía!

Ya se que lo que haya costado el doblaje de la película en cuestión no soluciona el problema de los que no llegan a final de mes. Pero dar este dinero y además publicarlo a los cuatro vientos, justificando el porqué, coincidiendo casi con la transmisión del anterior programa, me parece una exhibición impúdica.

Y repito, no pienso que la pornografía se deba de prohibir – salvo, claro, en lo que pueda suponer de explotación, abuso, corrupción de menores, etc. y cuidando siempre además que su visionado esté reservado para personas adultas - pero, ¿alguien puede decirme que diferencia hay entre los gemidos en catalán y en castellano?

En fin que no, que no digo que no se doble al catalán, pero que se gaste el dinero quien pueda suponer que así tendrá un mayor mercado y que se lo cobre a los usuarios que estén dispuestos a pagarlo gustosos.

Para acabar y evocando otro tipo de navegación, estas pasadas vacaciones he pasado un par de días navegando en un velero de un amigo. Sentir el viento y el sol en la cara y bajo tus pies el deslizar del casco sobre el agua, es una de las sensaciones sensuales por las que hay que dar las gracias. La foto es auténtica.

Por cierto, no he vuelto a ver al amigo disfrazado. Menos mal.

Jordi Nounou.