24 d’abril 2006

Sequia


Sequía. Sequía casi total. Hace días que no publico nada y hoy casi me tengo que obligar a escribir para que no se oxide este tímido intento de expresar lo que pienso.
No debe ser tan difícil. Solo hay que coger carrerilla y pulsar una tecla tras otra. Y otra. Y otra.

Pues no. El agua no mana.

Para distraerme un poco, he metido en el ordenador un video que hice en Praga hace tres años. Bonita ciudad. Es de aquellas que no me importaría volver a visitar, incluso con alguna frecuencia.

Puede ser que fuera coincidencia, pero los días que estuve allí tenían un color especial, luminoso y transparente. Y también las noches.

He intentado encontrar esta atmósfera en “Las siete Iglesias”, uno de los libros que compré ayer, por San Jordi (ya se sabe, rosas, libros, miríadas de personas arriba y abajo y famosillos firmando libros que pretenden haber escrito), pero por el momento y hasta donde he llegado, no he sabido encontrarla. Puede ser que Milos Urban, buen escritor checo de trhillers, al utilizar su ciudad como escenario para la novela ha querido destacar precisamente lo que yo no vi en mi viaje, es decir una ciudad tenebrosa y lúgubre como la portada del libro, donde el puente de Carlos parece más bien un cadalso.

Lo que si he hecho en estos días de sequía, ha sido dedicarme a navegar por otros blogs y cavilar sobre lo que la gente dice protegiéndose en el anonimato Muchas veces me sorprende pensar que alguien con quien me cruzo en la calle es quizás aquel que en su bitácora dice pestes de la vida, de la sociedad y de su mierda de empleo o que el chico con aspecto de rapero y sendos piercings horadándole orejas y cejas, se muestra en su blog como un muchacho sin recovecos, con gran afición a la música clásica o que el hombre de la corbata deslucida y el traje gris, es el aventurero que narra viajes a remotos y exóticos lugares.

La modosa chica que está sentada en la cafetería leyendo y amparada tras sus gafas, mientras discretamente y de vez en cuando mira a quien pasa por la calle, puede ser la que firma con seudónimo lúbricas inventivas sobre arriesgadas prácticas sexuales, que a lo mejor no ha practicado nunca.

En cuanto a procacidades escritas y gráficas por muchos y muchas en el terreno sexual, ¡que cantidad de blogs dedicados a estos temas¡ Muchos de ellos los firman mujeres y no es que yo me espante de nada, pero ante lo que se manifiesta y se fotografía en alguno de ellos me cuesta pensar que realmente detrás de la escritura está una mujer.

No porqué piense que no haya mujeres que sean capaces de escribir sobre temas eróticos, sino porqué incluso en algunos libros que he leído, de los que sí se cierto que sus autores son mujeres, he encontrado siempre un determinado estilo en el enfoque del erotismo, alejado de la vulgaridad que exhiben algunos de los blogs que he visitado.

Hablando de erotismo, más bien de pornografía, hace dos semanas apareció la noticia de que la Generalitat de Catalunya subvencionaba el doblaje de una película pornográfica al catalán. No tengo prejuicios en contra de la pornografía. Debe de ser un grandísimo negocio, por la abundancia que hay en películas, revistas y por Internet. Encuentro censurable en una parte de esta sociedad hipócrita que haga aspavientos ante ella, pero que en cuanto puede sintoniza los canales donde se exhibe.

Lo que me preocupó es que en la misma semana y cadena de televisión en la que apareció esta noticia, pasaron un reportaje sobre las personas ancianas que no tienen una pensión digna y sobreviven con dificultades para comer o habitar una vivienda, mientras que en algunos casos también son victimas de malas prácticas de cuatro desaprensivos, por llamarles suavemente, que pretenden hacerse con sus viviendas y/o sus escasos bienes.

¡Esto si que es pornografía!

Ya se que lo que haya costado el doblaje de la película en cuestión no soluciona el problema de los que no llegan a final de mes. Pero dar este dinero y además publicarlo a los cuatro vientos, justificando el porqué, coincidiendo casi con la transmisión del anterior programa, me parece una exhibición impúdica.

Y repito, no pienso que la pornografía se deba de prohibir – salvo, claro, en lo que pueda suponer de explotación, abuso, corrupción de menores, etc. y cuidando siempre además que su visionado esté reservado para personas adultas - pero, ¿alguien puede decirme que diferencia hay entre los gemidos en catalán y en castellano?

En fin que no, que no digo que no se doble al catalán, pero que se gaste el dinero quien pueda suponer que así tendrá un mayor mercado y que se lo cobre a los usuarios que estén dispuestos a pagarlo gustosos.

Para acabar y evocando otro tipo de navegación, estas pasadas vacaciones he pasado un par de días navegando en un velero de un amigo. Sentir el viento y el sol en la cara y bajo tus pies el deslizar del casco sobre el agua, es una de las sensaciones sensuales por las que hay que dar las gracias. La foto es auténtica.

Por cierto, no he vuelto a ver al amigo disfrazado. Menos mal.

Jordi Nounou.

11 de març 2006

THE PACIFISM

The curiosity drove me to attend the meeting called by Thubten Wangchen, who is a Buddhist monk, living in Barcelona, and representing his Holiness the Dalai Lama.

My interest was based on my aim to meet personally a man who says that Tibetan people consider weapons not as the best way to reach the freedom for Tibet, in spite that his country was invaded by Chinese in 1959.

For the present there are about 6 million original Tibetan inhabitants in this country, and 7, 5 million of Chinese people who live in Tibet, what consider really a part of China.

A comment included in a interview to Wangchen called my attention. He said that never the Buddhist religion justified a holy war like Muslims, Sijhs or even Christians in the past.

The question is ¿what will happen with Tibet? I’m afraid that in the future the culture, the political orientation and the identity signs of Tibetan people, in general, will be water downed inside the Chinese environment. In fact, the Chinese authorities are making efforts to build god communications with Tibet, railway, roads, oriented to facilitate the immigration of Chinese people to this country.

Some difficulties of Mr. Wangchen speaking Spanish, minimized the message, but what I understood was that finally they are not asking for a really freedom, but for a determined kind of autonomy inside China.

I think that it has a lot to do with the pragmatic behaviour of Orientals and especially of the Buddhist. ¿Is it possible to oppose against the human tide that threat Tibet? ¿Or perhaps the best could be to reach enough power to protect the Tibetan interest, not only cultural or identity signs, but possibilities to improve the quality of life for them?

However I want to underline that my impressions are based only in the few knowledge I have about them, even that every day I become more and more interested on their philosophy.

On the other hand, I don’t know if this feeling is the same for all Tibetan People. Maybe there are some of them disposed to fight.

The weather in Barcelona, and of course in the San Jaume’s Square, was windy and uncomfortable. Despite of this, a window in the town hall was opened and the light shined inside the room. Maybe the Barcelona’s Mayor was listening to Mr. Wangchen’s speech, trying to find parallelisms between the request of autonomy for Tibet and the process of the “Estatut” for Catalonia.

After the meeting end, we walked across Ferran Street, towards Las Ramblas, and decided to eat something in a new Oyster Taverna. I thought in the new book by Arturo Perez-Reverte, “The painter of battles” and some words that he pronounced in the presentation of his book:

“¿What do you think about de pacifism?”.

“I don’t like the war, but there are inevitable wars. In the war you can’t put the other cheek. The tanks cannot be stopped with flowers. The dialog between civilizations and the good manners doesn’t drive to somewhere. All of us have a gun against the head; we can choose between remaining stopped or run fifteen meters. Fifteen meters that means a full life of love, freedom, dignity and culture”

At the time I was preparing an oyster to eat I thought in what is the best way: the pacific one, but trying to reach more power to control or the fight. I gave a sight around the Taverna. The seats were not very comfortable and I prefer the Cambado’s oysters, but the rest of food and the wine were not bad at all.

And then I saw him again. That time I felt that there were too many coincidences: the airport, last Thursday and yesterday. He was seated alone five or six meters away from our table, at my left, clearly looking to me, with very shining eyes, as he was little drunk.

His clothes were the same than the last time I saw him. The only difference was that he didn’t wear the New York’s cap. The waitress passed in front off me, and in the next second he was not there anymore.

This situation began to bother me a little.

03 de març 2006

El cupón


Ayer acabe temprano. Tuve una reunión fuera de la oficina y por una vez empleamos el tiempo necesario y no más. ¿Y ahora que hago? ¿No tenéis la sensación, cuando os sacan de la rutina normal, de que no sabéis que hacer?

Bueno, seguro que hay muchos que sí sabéis que hacer, pero en este caso es que aún no estáis intoxicados. Decidí dar un paseo desde donde estaba hasta la Plaza de Catalunya, para coger allí el tren y dedicarme de paso, por el camino, a una de las cosas que me gustan mucho y que es pararme en alguna librería tipo FNAC o Vips, para curiosear entre los libros expuestos.

La tarde empezaba a tener este ambiente grisáceo que precursa la noche, pero aún había claridad y las luces de los comercios sin embargo estaban ya abiertas, así que me auto confirmé mi decisión de hacer caso omiso de mi impulso genético para estar haciendo algo “de provecho” y empecé a andar, procurando no ir acelerado como siempre.

No notaba que hiciera frío, a pesar de que se veían caras ateridas entre las personas con quienes me cruzaba. Iba andando por el paseo central con parsimonia, contemplando como algunos ciclistas que circulaban por encima de la acera del paseo hacían verdaderas fintas para evitar a los transeúntes que caminaban por allí.

A mi me gusta circular en bicicleta, aunque no la he considerado nunca como medio de transporte, sino de deporte o de diversión. Ello no quiere decir que rechace esta posibilidad, pero creo que Barcelona en general no está preparada, como lo están otras ciudades, para la utilización de la bicicleta. No hay suficientes carriles “bici” y en muchos sitios, como por ejemplo en la calle Tarragona, no existe una clara separación entre la zona reservada a los peatones y los carriles destinados a los ciclistas, con lo cual son frecuentes las broncas.

Recuerdo cuando hace muchos años estuve en Holanda, cómo quede sorprendido por la masiva utilización de este medio. También en otras ciudades, caso de Hamburgo, Munich o Berlín, donde también se usa bastante intensivamente, pese a las malas condiciones climatológicas que se dan en ellas durante una buena parte del año.

Decidí pasarme a una acera lateral, para seguir caminando con tranquilidad y de paso chafardear en los escaparates de las tiendas. Observé que algunas personas que se cruzaban conmigo me miraban con cierta fijación, por lo cual pensé que quizás tenía algo en la cabeza o en la cara. Me palpé reiteradamente el pelo y las mejillas y no notaba nada raro.

Por el rabillo del ojo vi un espejo que formaba parte de las instalaciones de un comercio y todo lo disimuladamente que pude me aproximé para mirar si había algo indeseado en mi apariencia, yo que se, una cagada de paloma por ejemplo. Pero no veía nada más raro de lo usual y ya sin percatarme de donde estaba me acerqué aún más.

Nada, por lo que concluí que debían de ser manías mías. Me desplacé un poco más a la derecha, con lo cual entré en la luz del escaparate, sin dejar de mirar el espejo a mi izquierda y así estuve un poco aún, tratando de detectar algún desaguisado.

Cuando desvié la vista hacia el contenido del comercio que tenía delante de mí, me encontré con una mirada entre divertida y enfurruñada, enmarcada entre un sujetador fino finísimo y un tanga aún más liviano. Me había parado ante una tienda de lencería y la dependienta, observando mi comportamiento y visajes, debía creer que estaba ante un viejo verde reprimido que fantaseaba con el contenido del escaparate.

En lugar de sonreír y pasar de la escena, quedé un poco cortado, me aparté y seguí andando, sintiéndome un tanto incomodo. Bueno, no pasa nada, hacer un poco el ridículo tampoco es tan malo.

Un poco más abajo, vi un kiosco de la ONCE y llevado de esa sinrazón repentina que como un fogonazo te sacude, me acerqué para comprar un cupón. No es que confíe mucho en que me toque alguna vez, pero ¿y si toca? ¿Creéis en la suerte? Yo si. Creo que hay personas que tienen suerte y otras no o no tanta.

Debe ser una cuestión de conjunción astral (en lo que no creo, pero de vez en cuando leo los horóscopos, como todo el mundo), o genética o de guapura intrínseca, o…¿Cuánto es tener mucha suerte o poca suerte? Para unos, tener mucha suerte es despertar cada día otra vez. Otros creen que tienen poca suerte si su ego no se reafirma unas cuantas veces al día con las cosas que les vienen de cara. En fin, hoy no quería ponerme trascendental.

No obstante si creyera en este tipo de suerte a pies juntillas, nunca compraría un cupón o un décimo, porqué de esa “suerte” si que no he tenido nunca. A veces me pasa que tras comprar un cupón o hacer una “primitiva” dejo pasar los días sin comprobar si ha tocado algo o no, como con temor de verificar que no me ha tocado nada.

Claro que en otras cosas si que he tenido suerte, pero ya sabéis como somos los depresivos, siempre pensamos que la suerte tiene vedados sus efectos en nosotros.

El kiosco estaba atendido por una mujer de mediana edad, rellenita, pero atractiva y de aspecto cuidado, aparentemente invidente, por la forma de fijar su mirada con abstracción. Le pedí un cupón para el sorteo del viernes. Si ha de tocar, que toque algo sustancioso ¿no? Ella me preguntó que qué numero quería.

Cualquiera – le dije. ¿Para que voy a ponerme a pensar si es mejor que acabe en 7 o en 9?

- Aquí está, son dos con cincuenta.

Le alargué un billete de cinco euros, que palpó con profesionalidad y me preguntó - ¿No tiene suelto?, es que ando mal de cambio.

Eché mano al bolsillo y saqué el monedero, abriéndolo, con tan mala pata que las monedas que había en el interior salieron disparadas, desparramándose por el suelo.

- Vaya, un momento por favor que se me han caído, pero creo que sí tengo suelto.

- No se preocupe, no hay prisa.

Me agache para recoger las monedas y al incorporarme me di en la cabeza con la plataforma que subrayaba la ventanilla del kiosco. No me hice daño, salvo en mi autoestima. ¿Por qué me pasarían tantas cosas inusuales en un solo día?

La mujer seguramente se dio cuenta por el ruido que hice y me preguntó - ¿se ha hecho daño?

No, no - mentí avergonzado - es que he golpeado con el maletín la pared del kiosco – E inmediatamente me pregunté por qué había dicho esto.

La mujer sonrió, mirándome sin verme me alargó el cupón y dijo – Aquí está el cupón, que tenga mucha, mucha suerte, señor. Bueno, de alguna forma ya era un premio.

Me volví, dispuesto a seguir mi camino y ahí estaba. Que casualidad, pensé. Ahí estaba, al otro lado de la Rambla el individuo disfrazado, que me llamó la atención en el aeropuerto de Madrid,

Ayer no iba con el niño, ni llevaba a rastras la maleta, pero vestía casi igual que el día que le vi en Barajas, gorra incluida. Estaba hablando con otra persona en la entrada de un portal de esos típicos en el ensanche barcelonés, arquitectónicamente muy historiado, de estilo modernista y con grandes lámparas de hierro forjado en los laterales, enmarcando una amplia escalinata de mármol.

Por un momento creí que me miraba, pero solo fue una ilusión, porqué aquel rey de carnaval parecía muy entregado a la conversación que mantenía con la otra persona.

Bien, cosas más raras se han visto. Proseguí mi camino hacia la estación del tren, dándome cuenta que ya había oscurecido y sin más ganas de pasear.

23 de febrer 2006

Qui espera, desespera

Estic a l’aeroport de Madrid, esperant a sortir en un vol que encara tardarà dues hores a enlairar-se. Això si tinc sort i no surt amb retard. Hi ha quelcom mes avorrit que esperar en un aeroport, tot i que sigui en la flamant nova terminal T4 de Barajas?

L’únic positiu es que en aquesta sala hi ha ordinadors a disposició dels qui esperen, Al voltant meu la gent fa la mateixa cara melancòlica que penso faig jo. Segurament que tots tenen coses millors a fer.

Des d’aquí veig un mostrador d’atenció al públic, on una hostessa tracta de calmar els ànims d’un home que clarament nerviós li està preguntant no se que. L’escena es un espectacle; malgrat que no els sento, podria imaginar-me el que diuen.

Tan se val el problema quin sigui: l’home s’agafa amb les mans al mostrador i s’arrauleix defensant els seus drets. L’hostessa posa cara una mica desafiadora com dient “això no es culpa meva, jo soc aquí una empleada i vostè no te perquè posar-se així”.

O ves a saber que. Potser tot un altre historia. A lo millor l’home es conegut seu i ha vingut fins aquí per a exigir-li que torni amb ell, que des que s’ha incorporat a la nova terminal no la veu i que se sent gelós dels que una mica mes enllà, amb un posat púdic es treuen el cinturo sota la mirada torba dels “segurates” que vigilen que no passis res contraindicat dins de la sivella. Desprès, tot subjectant-se els pantalons amb por de que els caiguin (no com aquell que se’ls va treure expresament), travessen amb pas dubtós per l’arc de raig X, tot temen que la maquina piti.

Ei! I aquell? De que va disfressat? Un home alt que em recorda a en Juan Luís Guerra, arrossegant una maleta molt viatjada, avança com si el mon fos seu absolutament i amb una aparença desmanegada. Du uns pantalons d’aquests tipus turc, tot amplots, amb el “tiro” pels genolls i recollits en els turmells com un ciclista qualsevol. En els peus calça sabatilles de gimnàs de color blanc i es cobreix el cos amb un ponxo de llana gruixuda i de coloraines.

Al cap hi porta una gorra de color vermell, amb les lletres entrellaçades de N.Y. de la que se li escapa una cascada de rinxols negres que li tapen les espatlles. El contrast el posen unes ulleres amb muntura daurada molt fina i un maletí d’ordinador a la bandolera, amb unes inicials grises, T.G.E. que deuen de pertànyer a alguna marca comercial, que no conec.

Al seu costat hi camina un noi d’uns deu anys, sorprenentment ben vestit si pensem en com va qui l’acompanya. Llueix un abric blau de qualitat, unes sabates lluents i du una tarja d’identificació penjada del coll amb una cinta. Cabells curts de color ros i ben pentinats, una cara en la que ressalten uns ulls blaus intensos i llavis infantils, li donen aquella aparença de fill que moltes mares voldrien per elles

L’home alt avança a grans petjades, mirant a dreta i esquerra com si busques els lavabos i el nano gairebé corre per a seguir el seu pas.

Be tot plegat, no se perquè em fa venir a la memòria que estem a la setmana de carnaval i que cadascú en aquesta vida es disfressa com vol o com pot. Fins i tot hi ha que hi va sempre de disfressat, sigui en el vestit, sigui en l’anima.

No se el motiu de que m’hagi fixat en aquests dos, però darrera d’ells m’imagino una historia, si no impactant, al menys interessant. Quantes histories rares passen molt sovint pel nostre costat i ni ens adonem.

Em sembla que criden el meu vol. Ja seguiré, me’n vaig corren.

18 de febrer 2006

HISTORIA DE UNA CASA


El aire era denso aquel 14 de Mayo. Tres personas avanzaban con paso pesado por la Avenida Icaria, un hombre y dos mujeres.

Venían andando desde lejos, desde Santa Coloma y notaban el cansancio en sus piernas, debilitadas ya por la frugal alimentación que hacia días que consumían, en aquella ciudad que cada día más sufría las consecuencias de la guerra.

El padre, instaba a su mujer y su hija para que se dieran prisa, porqué no le gustaba que la noche les pillara por aquellos solitarios alrededores. Hacia poca que habían rebasado el cementerio del Pueblo Nuevo, que les pareció más lúgubre si cabe y se estaban adentrando ya entre las naves industriales de la zona. El padre, cuando pasó cerca de las oxidadas verjas no pudo evitar que su pensamiento se dirigiese hacia el nicho de la familia en aquel cementerio, si bien esbozó una sonrisa al recordar como había devenido el que su familia tuviera derecho a este nicho: a través de una partida de cartas que un antepasado suyo había jugado y ganado a un militar.

De hecho, allí reposaban ya los restos de sus padres y pensó que cuando pudiera debería de hacer cambiar la lápida, puesto que en la misma aún se leía el nombre de la familia que había perdido el derecho a la sepultura en cuestión. Sin embargo, malos tiempos los de guerra para alguien cuya profesión era la de escultor, la economía familiar no andaba muy boyante precisamente.

La mujer andaba sumida en sus pensamientos, tratando de explicarse porqué la gente se había vuelto loca y se dedicaban a matarse unos a otros con tanta saña. Raro era el día en que no les llegaban noticias de personas, otrora vecinos, gente risueña y amable, que de golpe se habían alineado en uno u otro bando, espoleados por las soflamas de unos u otros. Ahora en la ciudad les tocaba esconderse a la gente de derechas o a aquellos que aún no siéndolo se mostraban tibios o no suficientemente contundentes en su postura política oficial, aparte de los curas y en general toda la gente con etiqueta de facistoide. Maria creía que la vida era más sencilla que todo esto. Creía que si unos pensaban en tener razón lo lógico sería que lo explicasen y la defendieran con la fuerza de las palabras y no la de las armas, que tanto dolor y llanto llevaban a las familias.

Temía también el que en algún momento los ahora perseguidos se convirtiesen en perseguidores y sobre todo temía por su hija Teresa. Teresa, 19 años. Tampoco Teresa entendía la guerra. Pensaba que al fin y al cabo quienes luchaban en uno y otro bando en definitiva eran ciudadanos muy próximos entre sí y además parecía que incluso las hostilidades se habían despertado entre gente teóricamente perteneciente al mismo bando: a principios de mes se habían levantado en armas los extremistas del P.O.U.M. y de la C.N.T., los comunistas habían atacado a los del P.O.U.M., el P.S.U.C. se oponía a la C.N.T…¡vaya lio!

Hasta hacía poco tiempo había asistido al avanzado Institut Escola de la Generalitat Republicana, en el parque de la Ciutadella y allí le habían hablado de tolerancia, de respeto, de la mujer en una sociedad libre, de tantas y tantas cosas que se le caían como un castillo de naipes cuando miraba a su alrededor.

Recordaba también a cuantos había visto incorporados al recientemente creado Exercit de Catalunya. Subidos en camiones con una risa en los labios y enardecidos por las consignas, posiblemente alejados de los complicados tejemanejes entre los distintos grupos sindicales o políticos que se disputaban el escenario.

Al cruzar una calle, el padre levantó la cabeza y vio una amenazadora nube de humo que se levantaba sobre la Barceloneta ya cercana, el barrio donde vivían. Un temor indefinido se apoderó de él y apresuró aún más el paso, tirando de Maria y de Teresa, recordando las sirenas que por la mañana habían oído desde lejos.


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Francesco apretó con fuerza la palanca de altura de su Savoia 79 y miró de reojo a su compañero Aldo, que empuñaba los mandos a su lado. Se acercaban a Barcelona y el mar refulgía a sus pies con brillantes tonos dorados.

Habían despegado de Son San Juan en Palma hacía hora y media aproximadamente, con destino a Barcelona y con el objeto de bombardear instalaciones militares situadas cerca de puerto de la ciudad. Francesco no pensaba mucho en lo que iba a hacer. Otras veces había realizado acciones de bombardeo aéreas en otros puntos de la costa española y siempre era lo mismo: volar, llegar a destino, eludir el escaso fuego de las baterías antiaéreas y descargar la tonelada y media de bombas que llevaba en la bodega.

No parecía muy complicado, el único problema estribaría en que aparecieran los temidos “chatos”, cazas de fabricación rusa, de gran maniobrabilidad y que podían complicarles la vida a los Savoia, pese a tratarse de aeronaves dotadas de los últimos avances tecnológicos.

El piloto pensaba también en el regreso. Le gustaba Palma y pasear por sus calles, aún cuando procuraba cumplir con las estrictas recomendaciones del mando, a fin de no entablar relaciones con los naturales de la isla. Pero no podía eludir el pensar en aquella chica con la que se cruzaba a veces en la Plaza de Mercadal, cuando iba a tomar una copa con los amigos. Cierto es que ella la mayor parte de las veces lo ignoraba y en otras más bien se pintaba en su cara un rictus de desprecio al verle.

Pero Francesco era joven e inasequible aún al desaliento. Cualquier día le diría algo y trataría de entablar relación con ella.

Entonces notó que Aldo hacía gestos con la mano izquierda, señalando con el pulgar hacia abajo. Habían llegado. Debajo de ellos se dibujaba una franja de tierra alargada, unida a la ciudad como un apéndice. Sabían que su objetivo estaba en la parte más ancha, donde la franja se unía a la costa y empezaron un picado en aquella dirección, empujando el timón hacía adelante.

Era en ese momento cuando la adrenalina hacía su aparición y se desarrollaba en segundos lo que para Francesco siempre le había parecido una eternidad. A su alrededor empezaron a aparecer claveles grises. Eran las explosiones de los disparos que desde tierra les hacían las baterías antiaéreas, con poca fortuna por cierto. Ambos eran conscientes de que los otros seis miembros de la tripulación estaban pendientes de ellos y escrutaban continuamente el espacio en busca de un enemigo más peligroso que los disparos antiaéreos.

Contaron entre dientes, quattro, tre, due, uno, ¡fuori!, y Aldo empujo la palanca que abría la bodega, soltando así el ramillete de bombas, que primero perezosas, como renuentes a abandonar el claustro que las había albergado, fueron ganando luego rapidez y emitiendo un poderoso silbido bajaron en busca de sus victimas.

Francesco enderezó el avión y ganando altura apretó a fondo el gas para salir cuanto antes de la zona. Ignorante de lo que había hecho. O más bien era que no lo quería saber.

Porqué de las bombas que habían soltado, prácticamente ninguna llegó a su hipotético destino bélico. La mayoría de ellas cayó en medio de las bien alineadas calles de la Barceloneta, matando a civiles y destruyendo casas de humildes familias, en aquel barrio marinero.


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Habían llegado al cruce de la Avenida Icaria con el Paseo de la Barceloneta. Los almacenes del puerto se perfilaban delante suyo, con sombras grises amenazadoras. Pararon un momento ante las vías del tren que atravesaba el Paseo, uniendo la zona industrial del Pueblo Nuevo con el puerto, mirando a derecha y a izquierda, aunque dudaban que en aquel momento circulase tren alguno.

En aquel momento vieron a varias personas que se apresuraban cargando bultos y corriendo en dirección a la Plaza Palacio.

Maria se paró a mirar a dos hombres, de aspecto desaliñado, vistiendo jubones de los que solían usar los mozos que trabajaban en el cercano Borne – el mercado de abastos - y que acarreaban sendas sillas sobre sus espaldas. “Mirad – dijo – aquellos hombres llevan unas sillas como las nuestras”.

Teresa y su padre observaron por un momento a aquellos hombres, que se alejaban presurosos, mirando con desconfianza hacia atrás. El padre volvió a empujarlas: “vamos, vamos que hemos de llegar a casa”.

Encararon la calle Balboa y soslayando la herrería de caballos que había al principio de la misma, casi corrieron hasta llegar al Pasaje Carbonell que era donde estaba su casa, donde vivían.

Y allí con perplejidad y horror se dieron cuenta de que las sillas que se llevaban los energúmenos con quienes se habían cruzado momentos antes no solo eran parecidas a las suyas. ¡Eran las suyas!

Donde había estado su casa se abría un hueco pavoroso. De sus pertenencias, de todo aquello que tanto les había costado reunir para compartir una vida, de aquellas paredes donde Teresa se había incorporado a la vida, no quedaba nada. Una bomba, guiada por un piloto italiano, se lo había llevado por delante.

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Esta historia tiene parte de realidad y parte de ficción. La parte de realidad se refiere a mis abuelos y a mi madre, que vivieron fielmente cuanto se refleja en la historia. La parte de ficción se refiere a las experiencias y sentimientos de los pilotos italianos, que son personajes inventados, pero cuyo retrato pienso se debe de acercar mucho a la realidad.

Mi familia tuvo mucha suerte, en primer lugar porqué no estaban allí cuando cayo la bomba, en segundo porqué una hermana de mi abuelo les acogió en su casa hasta que tuvieron la oportunidad de encontrar otro alojamiento y en tercero, porqué a pesar de las penalidades de la guerra, pudieron contarlo. Otros no tuvieron tanta suerte.

Tan solo en el bombardeo de Barcelona que afectó a la zona de Gran Vía con Balmes, el 17 de marzo de 1938 (¡objetivo claramente militar!), murieron más de 600 personas.

El testimonio queda ahí. No he podido averiguar con seguridad si la fotografía que incluí en mi anterior nota incorporada al blog, depositada en el Archivo Histórico de Cataluña y publicada recientemente en el periódico “La Vanguardia”, corresponde exactamente a la casa que perdió mi familia como consecuencia de los bombardeos de la Barceloneta, pero por la fecha y las apariencias físicas del entorno, bien podría serlo.

La publicación de esta historia es simplemente una invitación a la reflexión. Porqué después de tantos años, el horror persiste.


28 de gener 2006

¡VAYA GALVANA!

No se si es el frío de fuera, mi brazo chungo tras la luxación del hombro, las pocas ganas de hacer nada y un cierto cansancio ante el espectáculo socio-económico y político que deprime bastante, lo cierto es que hace días que no me entra el gusano para escribir.

En una de mis últimas publicaciones en la blog, puse que hablaría de Harold Pinter, el Premio Nobel de Literatura. La verdad es que lo hice como consecuencia de haber leído el discurso que pronunció ante la Academia cuando fue a recoger el Premio conteniendo a mi modo de ver, unas muy lúcidas manifestaciones sobre el papel de los políticos y de los EEUU en grandes crisis, como Nicaragua, El Salvador, Cuba, Irak, etc. Vamos, que utilizó el magnífico pulpito que la entrega del premio le ofreció, para lanzar una espléndida crítica en contra del papel que el presidente Bush se ha arrogado y la forma como lo está haciendo, decidiendo quien es terrorista, donde y como lo va a perseguir e involucrando a otros países en esta cruzada..

Como para reafirmar estas manifestaciones, leía precisamente esta mañana que 22 miembros de la CIA., están incriminados por el secuestro de un ciudadano en Italia, que no tenía nada que ver con ninguna conjura ni actividad en contra del Imperio. Estos chicos, de tanto hacer películas de espías con permiso para matar, han confundido la realidad con la ficción y eso es peligroso, muy peligroso.

Volviendo a Pinter, su discurso me llevo a leer su único libro publicado, porqué es más bien dramaturgo. Supongo que el Premio se lo habrán dado por el conjunto de su obra y en cuanto a la de teatro la desconozco. Por lo que se refiere a la novela, Los Enanos, de larga gestación, puesto que empezó a escribirla en 1952 y la terminó en 1989, debo de confesar mi desorientación.

No es una novela al estilo de las que estamos habituados a leer, con un argumento, una descripción de los personajes y de su entorno, una evolución dramática y un desenlace. La calificaría de un tanto surrealista, pero lo cierto es que, y de ahí le intuyo al autor una gran capacidad como dramaturgo, crea un escenario en el que sus personajes se mueven y al que el lector se incorpora como un espectador que contempla la obra desde el mismo ámbito donde se desarrolla la ¿acción?.

El reconocimiento del Premio, por lo menos en lo que atañe a este libro y sin entrar a valorar la obra teatral, que desconozco, me da la impresión de que en los últimos tiempos la Academia busca premiar estilos de escribir distintos. Y si no véase el Premio anterior, reconocido a la austriaca Elfriede Jelinek, escritora, rara donde las haya, desde mi punto de vista. Leí de ella Los Amantes y la verdad, es que no he podido terminarla y ello sin negar el valor de de su crítica social sobre la condición de las mujeres en Occidente, pero el estilo me resulta difícil.

Bueno, ya está bien por hoy, que eso de darle al espaciador con el meñique y escribir con un solo dedo se me hace algo pesado. Ah!, otro día hablaré de lo que significa la foto.

07 de gener 2006

UN BARRIL DE POLVORA


No hace mucho, en mi nota llamada “Admirado Gregorio Moran” decía:

“A estas alturas, creo que no necesitamos incitaciones. La guerra civil termino hace 60 años y lo que me preocupa es que cada día sale algún elemento dispuesto a resucitar el conflicto. Ya se, ya se que alguien me dirá, a lo mejor tu mismo, que el riesgo ahora no es el de entonces, que la sociedad ha evolucionado y ahora no podría ocurrir aquello.”

Pues mira, ya ha salido uno: Un Teniente General advierte sobre la “obligación” del ejército de intervenir en el caso de que se vea en peligro la unidad de España, con motivo del Estatuto Catalán. Cierto es que se han apresurado a tomar medidas (ver http://actualidad.wanadoo.es/carticulos/113638.html), pero la amenaza, “en nombre de numerosos sectores del ejercito, preocupados por la situación”, ya flota en el ambiente.

Y me ponen nervioso los esfuerzos que los medios informativos y políticos o editorialistas hacen para poner de relieve que no pasa nada, como la frase “El Ministro de Defensa rechaza que España esté de regreso a las épocas de la lucha fraticida” (textualmente).

La cuestión es que, como dice mi admirado Gregorio Moran, estamos sobre un barril de pólvora y no solo por este desafortunado mensaje de alguien, cuyo deber es muy distinto del de cuestionar lo que los políticos hacen. Si nos parece bien o mal cómo lo hacen es otra cuestión y para eso tenemos las reglas de juego democrático.

Estamos sobre un barril de pólvora por lo que ocurre en la calle, por la inmigración, por los gobiernos de otros países que se arrogan el papel de gendarmes mundiales, aunque nadie se lo haya pedido – bueno, no siempre - por la violencia gratuita, por el maltrato, por la explotación humana, por la explotación económica, por la intolerancia, por la corrupción, por, por….Y mientras tanto, vamos de rebajas.

Me contenta leer de vez en cuando alguna observación lúcida, como las de Manuel Castell en torno a la Inmigración. Castell afirma que en esta materia puede haber políticas más inteligentes, realistas y eficaces, como por ejemplo que exista una ayuda efectiva al desarrollo del planeta, para que la gente tenga alternativas en su tierra.

Arduo problema este de la inmigración. Ahora parece como si hubiera un despertar y la gente empezase a darse cuenta de que una inmigración no controlada puede llegar a constituir un problema para el país de acogimiento. Entre la pusilánime postura de quienes dicen ¡que vengan todos con o sin papeles! , y la cerrazón de los que dicen que aquí no tiene que entrar nadie, hay como siempre un término medio que seguramente será más apropiado.

Una sugerencia para la reflexión. Los inmigrantes van cubriendo los puestos que los españoles no quieren, ¿no quieren? Una vuelta por los almacenes, tiendas, grandes superficies, etc., etc., me ha permitido ver dependientes que durante todo el mes de diciembre del pasado año han estado trabajando intensivamente, incluso sábados y festivos, y hoy y mañana, domingo también trabajarán, porqué han empezado las rebajas.

El sistema de retribución por el trabajo en dichos sábados y festivos para estos empleados, la mayor parte de las veces, se limita a una compensación por tiempo libre equivalente, cuando la empresa lo decida, es decir, habrán sacrificado festivos en época navideña a cambio de tiempo libre, naturalmente cuando el impacto del aprovechamiento de este tiempo libre suponga la menor carga para la empresa. Ello aparte de la precariedad laboral y de unos salarios de miseria.

¿Y porqué empresas importantes pueden mantener estas condiciones en oferta? No están las cosas como para rechazar un empleo aún de estas características, y esta postura no hará variar las constantes de oferta/demanda en el mercado laboral para este segmento de habitantes del país, porqué el empresario siempre puede recurrir a contratar a otro personal que está esperando a encontrar empleo con estas condiciones, inclusive inmigrantes, ya que estos están dispuestos a trabajar con ellas.

Y la prueba está en que cada vez hay más personas extranjeras en tales puestos de dependientes, camareros, etc.

¿Con ello se favorece a los inmigrantes? Creo que con ello se favorece más bien a las empresas, que en aras a la sacrosanta competitividad, mantienen niveles salariales muy bajos y unos regímenes laborales precarios, mientras que obtienen elevadas ganancias (si la bolsa es un reflejo de cómo van las empresas, echen una mirada a cómo ha ido la bolsa en el 2005 y cómo ha empezado el 2006)

Por tanto el que vengan muchos inmigrantes aquí sin un control adecuado, es cierto que en lo inmediato puede favorecer soluciones para situaciones penosas de hambre y miseria, pero a medio plazo supone el mantenimiento de comportamientos empresariales reprobables, no soluciona el problema en origen, es decir se mantienen las causas que en sus respectivos países de origen producen los motivos por los cuales la gente se ve impulsada a inmigrar y empobrece a los habitantes autóctonos de nuestro país.

Para entender esto, me remito a un comentario que me hizo días atrás un amigo irlandés, contrastando los problemas de la vivienda entre Dublín y cualquier ciudad española. Me decía, claro que las viviendas en Irlanda han subido mucho de precio. Pero también los salarios han subido en consonancia, cosa que no ha ocurrido en España, donde el diferencial entre el coste de vida y los ingresos sigue incrementándose. Y seguirá incrementándose, entre otras cosas, por los motivos apuntados anteriormente.

¿Quiere decir esto rechazar el que vengan los inmigrantes? Yo creo que más bien lo que habría que hacer es velar porqué los empresarios no apliquen prácticas que favorezcan estas situaciones. Por ejemplo, ¿es necesario que los grandes comercios y superficies abran en tantos días festivos?

Y mientras tanto, por otra parte, el grado de endeudamiento de las familias sigue aumentando. Como es propio en tiempos de crisis, aparecen los “vendedores de duros a cuatro pesetas", esas empresas que te ofrecen “rebajar” tus deudas concentrando los préstamos y pasando a pagar una mensualidad inferior. Pero, ¿es que a estas alturas aún consiguen engañar a incautos? O es que la gente anda muy desesperada entre letras del piso, más y más inalcanzables cada día ante la pasividad del gobierno (¿alguien recuerda siquiera las soluciones habitacionales de 30 m2.? ¿Se ha vuelto a hablar de este grave problema?), la cesta de la compra, los gastos escolares y el desaforado consumismo a que nos aboca la machacona publicidad que nos invade.

Puesto que aparecen como setas en Octubre lluvioso, será que les va bien. A sus clientes ¿se les ha ocurrido mirar que es lo que acabarán pagando y relacionarlo con el montante real de sus deudas?

Deberían de estar prohibidas estas empresas. ¿Veis?, Esta es una formación que echo a faltar en los colegios, que los adolescentes aprendieran sobre economía familiar: qué les va a suponer la contratación de una hipoteca en relación a sus ingresos, como gestionar adecuadamente su patrimonio o sus ingresos, que riesgos corren cuando estampan su firma en un contrato, etc., etc.

Pero mientras tanto, mañana iremos de rebajas. A propósito, ¿porqué nadie le ha comprado en las rebajas una chaqueta para Evo Morales?
Otro día escribiré sobre Harold Pinter.
Jordi Nounou