23 de febrer 2006

Qui espera, desespera

Estic a l’aeroport de Madrid, esperant a sortir en un vol que encara tardarà dues hores a enlairar-se. Això si tinc sort i no surt amb retard. Hi ha quelcom mes avorrit que esperar en un aeroport, tot i que sigui en la flamant nova terminal T4 de Barajas?

L’únic positiu es que en aquesta sala hi ha ordinadors a disposició dels qui esperen, Al voltant meu la gent fa la mateixa cara melancòlica que penso faig jo. Segurament que tots tenen coses millors a fer.

Des d’aquí veig un mostrador d’atenció al públic, on una hostessa tracta de calmar els ànims d’un home que clarament nerviós li està preguntant no se que. L’escena es un espectacle; malgrat que no els sento, podria imaginar-me el que diuen.

Tan se val el problema quin sigui: l’home s’agafa amb les mans al mostrador i s’arrauleix defensant els seus drets. L’hostessa posa cara una mica desafiadora com dient “això no es culpa meva, jo soc aquí una empleada i vostè no te perquè posar-se així”.

O ves a saber que. Potser tot un altre historia. A lo millor l’home es conegut seu i ha vingut fins aquí per a exigir-li que torni amb ell, que des que s’ha incorporat a la nova terminal no la veu i que se sent gelós dels que una mica mes enllà, amb un posat púdic es treuen el cinturo sota la mirada torba dels “segurates” que vigilen que no passis res contraindicat dins de la sivella. Desprès, tot subjectant-se els pantalons amb por de que els caiguin (no com aquell que se’ls va treure expresament), travessen amb pas dubtós per l’arc de raig X, tot temen que la maquina piti.

Ei! I aquell? De que va disfressat? Un home alt que em recorda a en Juan Luís Guerra, arrossegant una maleta molt viatjada, avança com si el mon fos seu absolutament i amb una aparença desmanegada. Du uns pantalons d’aquests tipus turc, tot amplots, amb el “tiro” pels genolls i recollits en els turmells com un ciclista qualsevol. En els peus calça sabatilles de gimnàs de color blanc i es cobreix el cos amb un ponxo de llana gruixuda i de coloraines.

Al cap hi porta una gorra de color vermell, amb les lletres entrellaçades de N.Y. de la que se li escapa una cascada de rinxols negres que li tapen les espatlles. El contrast el posen unes ulleres amb muntura daurada molt fina i un maletí d’ordinador a la bandolera, amb unes inicials grises, T.G.E. que deuen de pertànyer a alguna marca comercial, que no conec.

Al seu costat hi camina un noi d’uns deu anys, sorprenentment ben vestit si pensem en com va qui l’acompanya. Llueix un abric blau de qualitat, unes sabates lluents i du una tarja d’identificació penjada del coll amb una cinta. Cabells curts de color ros i ben pentinats, una cara en la que ressalten uns ulls blaus intensos i llavis infantils, li donen aquella aparença de fill que moltes mares voldrien per elles

L’home alt avança a grans petjades, mirant a dreta i esquerra com si busques els lavabos i el nano gairebé corre per a seguir el seu pas.

Be tot plegat, no se perquè em fa venir a la memòria que estem a la setmana de carnaval i que cadascú en aquesta vida es disfressa com vol o com pot. Fins i tot hi ha que hi va sempre de disfressat, sigui en el vestit, sigui en l’anima.

No se el motiu de que m’hagi fixat en aquests dos, però darrera d’ells m’imagino una historia, si no impactant, al menys interessant. Quantes histories rares passen molt sovint pel nostre costat i ni ens adonem.

Em sembla que criden el meu vol. Ja seguiré, me’n vaig corren.

18 de febrer 2006

HISTORIA DE UNA CASA


El aire era denso aquel 14 de Mayo. Tres personas avanzaban con paso pesado por la Avenida Icaria, un hombre y dos mujeres.

Venían andando desde lejos, desde Santa Coloma y notaban el cansancio en sus piernas, debilitadas ya por la frugal alimentación que hacia días que consumían, en aquella ciudad que cada día más sufría las consecuencias de la guerra.

El padre, instaba a su mujer y su hija para que se dieran prisa, porqué no le gustaba que la noche les pillara por aquellos solitarios alrededores. Hacia poca que habían rebasado el cementerio del Pueblo Nuevo, que les pareció más lúgubre si cabe y se estaban adentrando ya entre las naves industriales de la zona. El padre, cuando pasó cerca de las oxidadas verjas no pudo evitar que su pensamiento se dirigiese hacia el nicho de la familia en aquel cementerio, si bien esbozó una sonrisa al recordar como había devenido el que su familia tuviera derecho a este nicho: a través de una partida de cartas que un antepasado suyo había jugado y ganado a un militar.

De hecho, allí reposaban ya los restos de sus padres y pensó que cuando pudiera debería de hacer cambiar la lápida, puesto que en la misma aún se leía el nombre de la familia que había perdido el derecho a la sepultura en cuestión. Sin embargo, malos tiempos los de guerra para alguien cuya profesión era la de escultor, la economía familiar no andaba muy boyante precisamente.

La mujer andaba sumida en sus pensamientos, tratando de explicarse porqué la gente se había vuelto loca y se dedicaban a matarse unos a otros con tanta saña. Raro era el día en que no les llegaban noticias de personas, otrora vecinos, gente risueña y amable, que de golpe se habían alineado en uno u otro bando, espoleados por las soflamas de unos u otros. Ahora en la ciudad les tocaba esconderse a la gente de derechas o a aquellos que aún no siéndolo se mostraban tibios o no suficientemente contundentes en su postura política oficial, aparte de los curas y en general toda la gente con etiqueta de facistoide. Maria creía que la vida era más sencilla que todo esto. Creía que si unos pensaban en tener razón lo lógico sería que lo explicasen y la defendieran con la fuerza de las palabras y no la de las armas, que tanto dolor y llanto llevaban a las familias.

Temía también el que en algún momento los ahora perseguidos se convirtiesen en perseguidores y sobre todo temía por su hija Teresa. Teresa, 19 años. Tampoco Teresa entendía la guerra. Pensaba que al fin y al cabo quienes luchaban en uno y otro bando en definitiva eran ciudadanos muy próximos entre sí y además parecía que incluso las hostilidades se habían despertado entre gente teóricamente perteneciente al mismo bando: a principios de mes se habían levantado en armas los extremistas del P.O.U.M. y de la C.N.T., los comunistas habían atacado a los del P.O.U.M., el P.S.U.C. se oponía a la C.N.T…¡vaya lio!

Hasta hacía poco tiempo había asistido al avanzado Institut Escola de la Generalitat Republicana, en el parque de la Ciutadella y allí le habían hablado de tolerancia, de respeto, de la mujer en una sociedad libre, de tantas y tantas cosas que se le caían como un castillo de naipes cuando miraba a su alrededor.

Recordaba también a cuantos había visto incorporados al recientemente creado Exercit de Catalunya. Subidos en camiones con una risa en los labios y enardecidos por las consignas, posiblemente alejados de los complicados tejemanejes entre los distintos grupos sindicales o políticos que se disputaban el escenario.

Al cruzar una calle, el padre levantó la cabeza y vio una amenazadora nube de humo que se levantaba sobre la Barceloneta ya cercana, el barrio donde vivían. Un temor indefinido se apoderó de él y apresuró aún más el paso, tirando de Maria y de Teresa, recordando las sirenas que por la mañana habían oído desde lejos.


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Francesco apretó con fuerza la palanca de altura de su Savoia 79 y miró de reojo a su compañero Aldo, que empuñaba los mandos a su lado. Se acercaban a Barcelona y el mar refulgía a sus pies con brillantes tonos dorados.

Habían despegado de Son San Juan en Palma hacía hora y media aproximadamente, con destino a Barcelona y con el objeto de bombardear instalaciones militares situadas cerca de puerto de la ciudad. Francesco no pensaba mucho en lo que iba a hacer. Otras veces había realizado acciones de bombardeo aéreas en otros puntos de la costa española y siempre era lo mismo: volar, llegar a destino, eludir el escaso fuego de las baterías antiaéreas y descargar la tonelada y media de bombas que llevaba en la bodega.

No parecía muy complicado, el único problema estribaría en que aparecieran los temidos “chatos”, cazas de fabricación rusa, de gran maniobrabilidad y que podían complicarles la vida a los Savoia, pese a tratarse de aeronaves dotadas de los últimos avances tecnológicos.

El piloto pensaba también en el regreso. Le gustaba Palma y pasear por sus calles, aún cuando procuraba cumplir con las estrictas recomendaciones del mando, a fin de no entablar relaciones con los naturales de la isla. Pero no podía eludir el pensar en aquella chica con la que se cruzaba a veces en la Plaza de Mercadal, cuando iba a tomar una copa con los amigos. Cierto es que ella la mayor parte de las veces lo ignoraba y en otras más bien se pintaba en su cara un rictus de desprecio al verle.

Pero Francesco era joven e inasequible aún al desaliento. Cualquier día le diría algo y trataría de entablar relación con ella.

Entonces notó que Aldo hacía gestos con la mano izquierda, señalando con el pulgar hacia abajo. Habían llegado. Debajo de ellos se dibujaba una franja de tierra alargada, unida a la ciudad como un apéndice. Sabían que su objetivo estaba en la parte más ancha, donde la franja se unía a la costa y empezaron un picado en aquella dirección, empujando el timón hacía adelante.

Era en ese momento cuando la adrenalina hacía su aparición y se desarrollaba en segundos lo que para Francesco siempre le había parecido una eternidad. A su alrededor empezaron a aparecer claveles grises. Eran las explosiones de los disparos que desde tierra les hacían las baterías antiaéreas, con poca fortuna por cierto. Ambos eran conscientes de que los otros seis miembros de la tripulación estaban pendientes de ellos y escrutaban continuamente el espacio en busca de un enemigo más peligroso que los disparos antiaéreos.

Contaron entre dientes, quattro, tre, due, uno, ¡fuori!, y Aldo empujo la palanca que abría la bodega, soltando así el ramillete de bombas, que primero perezosas, como renuentes a abandonar el claustro que las había albergado, fueron ganando luego rapidez y emitiendo un poderoso silbido bajaron en busca de sus victimas.

Francesco enderezó el avión y ganando altura apretó a fondo el gas para salir cuanto antes de la zona. Ignorante de lo que había hecho. O más bien era que no lo quería saber.

Porqué de las bombas que habían soltado, prácticamente ninguna llegó a su hipotético destino bélico. La mayoría de ellas cayó en medio de las bien alineadas calles de la Barceloneta, matando a civiles y destruyendo casas de humildes familias, en aquel barrio marinero.


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Habían llegado al cruce de la Avenida Icaria con el Paseo de la Barceloneta. Los almacenes del puerto se perfilaban delante suyo, con sombras grises amenazadoras. Pararon un momento ante las vías del tren que atravesaba el Paseo, uniendo la zona industrial del Pueblo Nuevo con el puerto, mirando a derecha y a izquierda, aunque dudaban que en aquel momento circulase tren alguno.

En aquel momento vieron a varias personas que se apresuraban cargando bultos y corriendo en dirección a la Plaza Palacio.

Maria se paró a mirar a dos hombres, de aspecto desaliñado, vistiendo jubones de los que solían usar los mozos que trabajaban en el cercano Borne – el mercado de abastos - y que acarreaban sendas sillas sobre sus espaldas. “Mirad – dijo – aquellos hombres llevan unas sillas como las nuestras”.

Teresa y su padre observaron por un momento a aquellos hombres, que se alejaban presurosos, mirando con desconfianza hacia atrás. El padre volvió a empujarlas: “vamos, vamos que hemos de llegar a casa”.

Encararon la calle Balboa y soslayando la herrería de caballos que había al principio de la misma, casi corrieron hasta llegar al Pasaje Carbonell que era donde estaba su casa, donde vivían.

Y allí con perplejidad y horror se dieron cuenta de que las sillas que se llevaban los energúmenos con quienes se habían cruzado momentos antes no solo eran parecidas a las suyas. ¡Eran las suyas!

Donde había estado su casa se abría un hueco pavoroso. De sus pertenencias, de todo aquello que tanto les había costado reunir para compartir una vida, de aquellas paredes donde Teresa se había incorporado a la vida, no quedaba nada. Una bomba, guiada por un piloto italiano, se lo había llevado por delante.

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Esta historia tiene parte de realidad y parte de ficción. La parte de realidad se refiere a mis abuelos y a mi madre, que vivieron fielmente cuanto se refleja en la historia. La parte de ficción se refiere a las experiencias y sentimientos de los pilotos italianos, que son personajes inventados, pero cuyo retrato pienso se debe de acercar mucho a la realidad.

Mi familia tuvo mucha suerte, en primer lugar porqué no estaban allí cuando cayo la bomba, en segundo porqué una hermana de mi abuelo les acogió en su casa hasta que tuvieron la oportunidad de encontrar otro alojamiento y en tercero, porqué a pesar de las penalidades de la guerra, pudieron contarlo. Otros no tuvieron tanta suerte.

Tan solo en el bombardeo de Barcelona que afectó a la zona de Gran Vía con Balmes, el 17 de marzo de 1938 (¡objetivo claramente militar!), murieron más de 600 personas.

El testimonio queda ahí. No he podido averiguar con seguridad si la fotografía que incluí en mi anterior nota incorporada al blog, depositada en el Archivo Histórico de Cataluña y publicada recientemente en el periódico “La Vanguardia”, corresponde exactamente a la casa que perdió mi familia como consecuencia de los bombardeos de la Barceloneta, pero por la fecha y las apariencias físicas del entorno, bien podría serlo.

La publicación de esta historia es simplemente una invitación a la reflexión. Porqué después de tantos años, el horror persiste.


28 de gener 2006

¡VAYA GALVANA!

No se si es el frío de fuera, mi brazo chungo tras la luxación del hombro, las pocas ganas de hacer nada y un cierto cansancio ante el espectáculo socio-económico y político que deprime bastante, lo cierto es que hace días que no me entra el gusano para escribir.

En una de mis últimas publicaciones en la blog, puse que hablaría de Harold Pinter, el Premio Nobel de Literatura. La verdad es que lo hice como consecuencia de haber leído el discurso que pronunció ante la Academia cuando fue a recoger el Premio conteniendo a mi modo de ver, unas muy lúcidas manifestaciones sobre el papel de los políticos y de los EEUU en grandes crisis, como Nicaragua, El Salvador, Cuba, Irak, etc. Vamos, que utilizó el magnífico pulpito que la entrega del premio le ofreció, para lanzar una espléndida crítica en contra del papel que el presidente Bush se ha arrogado y la forma como lo está haciendo, decidiendo quien es terrorista, donde y como lo va a perseguir e involucrando a otros países en esta cruzada..

Como para reafirmar estas manifestaciones, leía precisamente esta mañana que 22 miembros de la CIA., están incriminados por el secuestro de un ciudadano en Italia, que no tenía nada que ver con ninguna conjura ni actividad en contra del Imperio. Estos chicos, de tanto hacer películas de espías con permiso para matar, han confundido la realidad con la ficción y eso es peligroso, muy peligroso.

Volviendo a Pinter, su discurso me llevo a leer su único libro publicado, porqué es más bien dramaturgo. Supongo que el Premio se lo habrán dado por el conjunto de su obra y en cuanto a la de teatro la desconozco. Por lo que se refiere a la novela, Los Enanos, de larga gestación, puesto que empezó a escribirla en 1952 y la terminó en 1989, debo de confesar mi desorientación.

No es una novela al estilo de las que estamos habituados a leer, con un argumento, una descripción de los personajes y de su entorno, una evolución dramática y un desenlace. La calificaría de un tanto surrealista, pero lo cierto es que, y de ahí le intuyo al autor una gran capacidad como dramaturgo, crea un escenario en el que sus personajes se mueven y al que el lector se incorpora como un espectador que contempla la obra desde el mismo ámbito donde se desarrolla la ¿acción?.

El reconocimiento del Premio, por lo menos en lo que atañe a este libro y sin entrar a valorar la obra teatral, que desconozco, me da la impresión de que en los últimos tiempos la Academia busca premiar estilos de escribir distintos. Y si no véase el Premio anterior, reconocido a la austriaca Elfriede Jelinek, escritora, rara donde las haya, desde mi punto de vista. Leí de ella Los Amantes y la verdad, es que no he podido terminarla y ello sin negar el valor de de su crítica social sobre la condición de las mujeres en Occidente, pero el estilo me resulta difícil.

Bueno, ya está bien por hoy, que eso de darle al espaciador con el meñique y escribir con un solo dedo se me hace algo pesado. Ah!, otro día hablaré de lo que significa la foto.

07 de gener 2006

UN BARRIL DE POLVORA


No hace mucho, en mi nota llamada “Admirado Gregorio Moran” decía:

“A estas alturas, creo que no necesitamos incitaciones. La guerra civil termino hace 60 años y lo que me preocupa es que cada día sale algún elemento dispuesto a resucitar el conflicto. Ya se, ya se que alguien me dirá, a lo mejor tu mismo, que el riesgo ahora no es el de entonces, que la sociedad ha evolucionado y ahora no podría ocurrir aquello.”

Pues mira, ya ha salido uno: Un Teniente General advierte sobre la “obligación” del ejército de intervenir en el caso de que se vea en peligro la unidad de España, con motivo del Estatuto Catalán. Cierto es que se han apresurado a tomar medidas (ver http://actualidad.wanadoo.es/carticulos/113638.html), pero la amenaza, “en nombre de numerosos sectores del ejercito, preocupados por la situación”, ya flota en el ambiente.

Y me ponen nervioso los esfuerzos que los medios informativos y políticos o editorialistas hacen para poner de relieve que no pasa nada, como la frase “El Ministro de Defensa rechaza que España esté de regreso a las épocas de la lucha fraticida” (textualmente).

La cuestión es que, como dice mi admirado Gregorio Moran, estamos sobre un barril de pólvora y no solo por este desafortunado mensaje de alguien, cuyo deber es muy distinto del de cuestionar lo que los políticos hacen. Si nos parece bien o mal cómo lo hacen es otra cuestión y para eso tenemos las reglas de juego democrático.

Estamos sobre un barril de pólvora por lo que ocurre en la calle, por la inmigración, por los gobiernos de otros países que se arrogan el papel de gendarmes mundiales, aunque nadie se lo haya pedido – bueno, no siempre - por la violencia gratuita, por el maltrato, por la explotación humana, por la explotación económica, por la intolerancia, por la corrupción, por, por….Y mientras tanto, vamos de rebajas.

Me contenta leer de vez en cuando alguna observación lúcida, como las de Manuel Castell en torno a la Inmigración. Castell afirma que en esta materia puede haber políticas más inteligentes, realistas y eficaces, como por ejemplo que exista una ayuda efectiva al desarrollo del planeta, para que la gente tenga alternativas en su tierra.

Arduo problema este de la inmigración. Ahora parece como si hubiera un despertar y la gente empezase a darse cuenta de que una inmigración no controlada puede llegar a constituir un problema para el país de acogimiento. Entre la pusilánime postura de quienes dicen ¡que vengan todos con o sin papeles! , y la cerrazón de los que dicen que aquí no tiene que entrar nadie, hay como siempre un término medio que seguramente será más apropiado.

Una sugerencia para la reflexión. Los inmigrantes van cubriendo los puestos que los españoles no quieren, ¿no quieren? Una vuelta por los almacenes, tiendas, grandes superficies, etc., etc., me ha permitido ver dependientes que durante todo el mes de diciembre del pasado año han estado trabajando intensivamente, incluso sábados y festivos, y hoy y mañana, domingo también trabajarán, porqué han empezado las rebajas.

El sistema de retribución por el trabajo en dichos sábados y festivos para estos empleados, la mayor parte de las veces, se limita a una compensación por tiempo libre equivalente, cuando la empresa lo decida, es decir, habrán sacrificado festivos en época navideña a cambio de tiempo libre, naturalmente cuando el impacto del aprovechamiento de este tiempo libre suponga la menor carga para la empresa. Ello aparte de la precariedad laboral y de unos salarios de miseria.

¿Y porqué empresas importantes pueden mantener estas condiciones en oferta? No están las cosas como para rechazar un empleo aún de estas características, y esta postura no hará variar las constantes de oferta/demanda en el mercado laboral para este segmento de habitantes del país, porqué el empresario siempre puede recurrir a contratar a otro personal que está esperando a encontrar empleo con estas condiciones, inclusive inmigrantes, ya que estos están dispuestos a trabajar con ellas.

Y la prueba está en que cada vez hay más personas extranjeras en tales puestos de dependientes, camareros, etc.

¿Con ello se favorece a los inmigrantes? Creo que con ello se favorece más bien a las empresas, que en aras a la sacrosanta competitividad, mantienen niveles salariales muy bajos y unos regímenes laborales precarios, mientras que obtienen elevadas ganancias (si la bolsa es un reflejo de cómo van las empresas, echen una mirada a cómo ha ido la bolsa en el 2005 y cómo ha empezado el 2006)

Por tanto el que vengan muchos inmigrantes aquí sin un control adecuado, es cierto que en lo inmediato puede favorecer soluciones para situaciones penosas de hambre y miseria, pero a medio plazo supone el mantenimiento de comportamientos empresariales reprobables, no soluciona el problema en origen, es decir se mantienen las causas que en sus respectivos países de origen producen los motivos por los cuales la gente se ve impulsada a inmigrar y empobrece a los habitantes autóctonos de nuestro país.

Para entender esto, me remito a un comentario que me hizo días atrás un amigo irlandés, contrastando los problemas de la vivienda entre Dublín y cualquier ciudad española. Me decía, claro que las viviendas en Irlanda han subido mucho de precio. Pero también los salarios han subido en consonancia, cosa que no ha ocurrido en España, donde el diferencial entre el coste de vida y los ingresos sigue incrementándose. Y seguirá incrementándose, entre otras cosas, por los motivos apuntados anteriormente.

¿Quiere decir esto rechazar el que vengan los inmigrantes? Yo creo que más bien lo que habría que hacer es velar porqué los empresarios no apliquen prácticas que favorezcan estas situaciones. Por ejemplo, ¿es necesario que los grandes comercios y superficies abran en tantos días festivos?

Y mientras tanto, por otra parte, el grado de endeudamiento de las familias sigue aumentando. Como es propio en tiempos de crisis, aparecen los “vendedores de duros a cuatro pesetas", esas empresas que te ofrecen “rebajar” tus deudas concentrando los préstamos y pasando a pagar una mensualidad inferior. Pero, ¿es que a estas alturas aún consiguen engañar a incautos? O es que la gente anda muy desesperada entre letras del piso, más y más inalcanzables cada día ante la pasividad del gobierno (¿alguien recuerda siquiera las soluciones habitacionales de 30 m2.? ¿Se ha vuelto a hablar de este grave problema?), la cesta de la compra, los gastos escolares y el desaforado consumismo a que nos aboca la machacona publicidad que nos invade.

Puesto que aparecen como setas en Octubre lluvioso, será que les va bien. A sus clientes ¿se les ha ocurrido mirar que es lo que acabarán pagando y relacionarlo con el montante real de sus deudas?

Deberían de estar prohibidas estas empresas. ¿Veis?, Esta es una formación que echo a faltar en los colegios, que los adolescentes aprendieran sobre economía familiar: qué les va a suponer la contratación de una hipoteca en relación a sus ingresos, como gestionar adecuadamente su patrimonio o sus ingresos, que riesgos corren cuando estampan su firma en un contrato, etc., etc.

Pero mientras tanto, mañana iremos de rebajas. A propósito, ¿porqué nadie le ha comprado en las rebajas una chaqueta para Evo Morales?
Otro día escribiré sobre Harold Pinter.
Jordi Nounou



02 de gener 2006

¡Qué pena!


Cuando hoy he puesto el periódico encima de la mesa, una noticia ha saltado inmediatamente a mi vista: Lorenzo Gomis ha fallecido.

Hace unos días en mi cuaderno escribía sobre este periodista, poeta y escritor, comentando su equilibrada y ponderada manera de ver las cosas y como sabía transmitirlas en un lenguaje sencillo y cotidiano, que te llegaba como te llega la conversación con ese vecino, con quien llevas tantas y tantas vivencias de cercanía compartidas.

Aparecía también sus artículos póstumos, “Boicots, políticos y estruendos” y “El descubrimiento del barrio”, escritos antes de su fallecimiento el pasado día 31. Parece como si Lorenzo hubiera preferido quedarse en el 2005.

Ambos artículos son muestras de esa tranquilidad y ecuanimidad de las que sabía impregnar sus mensajes. Lamento no haberle conocido personalmente, porqué estoy seguro que su conversación tenía las mismas virtudes que su palabra escrita y hubiera confirmado la buena impresión que me causaban sus artículos.

Solo quiero destacar una frase de uno de esos artículos póstumos, que encierra toda una filosofía sobre qué sería bueno que hiciesen los seres humanos: “Conocerse es bueno para comprenderse”.

Parafraseando al inefable Krahn, “Querido Lorenzo, te echaremos de menos. ¡Que vueles muy alto!”.

Siento tener que terminar este paréntesis que había abierto en la publicación de mis elucubraciones, comentando esta noticia, pero por otra parte, ya es hora de que reanude mi particular visión de lo que ocurre.

Hoy los periódicos en general se hacen eco del civismo con que se han desarrollado los actos festivos de celebración del inicio del año en Barcelona. Si entendemos como un buen desarrollo cívico el que no haya habido muertos en peleas callejeras (como ha ocurrido en otras ciudades), pues sí. Pero la verdad es que mirando las fotografías que acompañan estas glosas, me asusta pensar cómo sería la falta de civismo: Ha habido basura en cantidades industriales, jóvenes tirados por la calle en pleno coma etílico y botellas de cava utilizadas como proyectiles por encima de la gente, en plena Plaza Catalunya. (¿Una forma de resolver el superávit derivado del boicot?).

Y lo curioso del caso es el comentario de un joven de 24 años que acudió a la celebración en esta plaza: “No parece que esté en mi país. Todo son extranjeros”. Franceses, muchos italianos, algunos ingleses y alemanes, familias marroquíes, pakistaníes, japoneses… ¿Hay un efecto llamada a la fiesta en nuestro país? ¿Hay aquí más permisividad que en otros sitios?

No creo. La gente tiene derecho a divertirse y los entes públicos deben de procurarles condiciones adecuadas para la diversión. Pero ¿es necesario que esta diversión se haga en pleno centro de la ciudad, en la Plaza Catalunya? Hay en Barcelona infinidad de sitios para poder llevar a cabo estos actos, sin tanto perjuicio para la limpieza, el mobiliario urbano, los costes que todo ello supone, las molestias para otros ciudadanos.



Y lo mismo considero con respecto de todas aquellas fiestas que utilizan espacios públicos de uso compartido para todos los ciudadanos. Tanto derecho tienen aquellos que quieren divertirse, como los que solo quieren pasear. No cuesta tanto que los juerguistas se desplacen por ejemplo al Forum, al Moll de la Fusta o a Montjuic, donde el impacto ambiental y las molestias a otros vecinos puede ser minimizada.

Jordi Nounou

10 de desembre 2005

ADMIRADO GREGORIO MORAN

Soy lector asiduo de tus intempestivas sabatinas y coincido contigo en muchas de tus apreciaciones sobre política, sociedad, justicia, etc., etc.

Pero sobre tu artículo de hoy, no. No puedo estar de acuerdo. ¿A que viene ahora denostar la transición? Echas a faltar que el proceso del franquismo se cerrase de otra manera. ¿Cómo, me pregunto?

¿Saliendo la gente a la calle cuando el 23-F? ¿Organizando un proceso histórico a Franco y a sus ministros?

Afirmas que el actual estado de crispación es una secuela que dejó sin resolver el modelo de transición. ¿Acaso crees que de haberse hecho otro tipo de transición se hubiera evitado la aparición en la vida política de personajes generadores de crispación, pertenecientes a la derecha irredenta y bocazas?

¿O que no hubieran existido los nuevos jabalíes supuestamente republicanos, según tu?

Creo que solemos olvidarnos que vivimos en la España machadiana, siempre dispuesta a helar el corazón a la otra parte. ¿O no dice nada que a pesar de los pesares hay más de diez millones de votantes que están dispuestos a votar a esa derecha irredenta? Y en ello la transición no es más que un episodio, precisamente, desde mi punto de vista de los mejores acontecidos en la muchas veces triste historia en los últimos 600 años de este país.

A estas alturas, creo que no necesitamos incitaciones. La guerra civil termino hace más de 60 años y lo que me preocupa es que cada día sale algún elemento dispuesto a resucitar el conflicto. Ya se, ya se que alguien me dirá, a lo mejor tu mismo, que el riesgo ahora no es el de entonces, que la sociedad ha evolucionado y ahora no podría ocurrir aquello.

Tengo mis dudas de que esto sea así. Como tú muy bien dices, el 23 de febrero de 1981 la población española ejercía de acojonada espectadora, pero tenía sus motivos. El radicalismo cerril, la falta de interés por encontrar soluciones dialogadas, la crispación inducida, la falta de memoria histórica y la carencia de perspectiva sobre lo que puede ocurrir cuando se pierde el control y el odio se dispara, pueden aportar lamentables situaciones, que algunos vivimos más de cerca y otros solo conocen de referencia y aún así, una referencia muy tamizada a través de discursos patrioteros y adornados de lejanía.

Y, lo siento, pero la lejanía se convierte de golpe y porrazo en tremenda cercanía, como lo que ocurrió por territorios de la ex-Yugoslavia hace aún tan poco tiempo. La locura se apodera de las personas de una manera tan fácil. Mira también lo que pasó días atrás en Francia, nuestro vecino país, en pleno centro de nuestra civilizada Europa, Solo hubo que lamentar una muerte, pero un escalofrió recorrió la espalda de todos.

Te remito a una carta dirigida a la sección “Cartas a los lectores” en el mismo periódico y día en que tú publicas tu artículo: “Memoria histórica”, firmada por M. Assumpció Roura de Salt (Girona):


No hay nada que justifique volver a aquello. ¿Quiere esto decir que la sociedad ha de vivir acojonada como en 1981 para que esto no vuelva a ocurrir? No. Pero para mi es inútil mirar hacia atrás. Se debe de mirar hacia el futuro, por nosotros mismos y por los que nos siguen en la ocupación de este planeta.

Hay que educar, dialogar, educar, prevenir, educar, invertir en aquello que puede propiciar una educación objetiva, educar, gastar menos en suntuosidades innecesarias, educar…Y esto empieza por inculcar en la gente respeto hacia la sociedad en que viven.

Un ejemplo: en estos días hay ya 83 muertos en la carretera debidos a malas prácticas en la conducción y ello a pesar de las campañas de advertencia y coercitivas. Lo veo en las carreteras, pocas personas respetan los límites de velocidad y les da lo mismo.

Si mucha gente no tiene la conciencia de que su conducta al volante pone en peligro su propia vida y la de otras personas, ostentando una conducta agresiva en la conducción, pegándose a nuestro parachoques trasero para forzar el adelantamiento o realizando zigzagueos espectaculares, ¿Qué puede ocurrir con esta agresividad cuando explota en otros contextos?

No quiero pontificar, a mi también me ha gustado la velocidad y también me han puesto alguna sanción por exceso de velocidad, pero me doy cuenta del error que este comportamiento supone y hace mucho tiempo que refreno mi pie al acelerador.

Jordi Nounou

08 de desembre 2005

EL PESEBRE DE LA PLAÇA SAN JAUME


He passat per la Plaça San Jaume, per veure el belen d’aquest any, mogut per la curiositat de les polèmiques que ha despertat i recordant el de l’any passat, quan els personatges clàssics van ser substituïts per personatges de la vida quotidiana: carters, repartidors de butà, etc. etc.

Aquest any les figures son mes be clàssiques, però revestides de pa d’or, el que m’ha fet recordar una de les pel·lícules d’en James Bond, Goldfinger, en la que a una de les protagonistes la pinten amb una capa de pintura daurada.

Be, penso que no hi ha per tanta polèmica. Es una expressió mes artística i personalment no em sembla ni be ni malament com tantes altres. El del butaner i el carter no em va agradar, però només va ser una mostra per un any. Mentalment li vaig posar l’etiqueta “No m’agrada” i ja està. Un altre any serà millor.

El que ja no em sembla tan be es que la gent es discuteixi per aquestes coses i mes enllà de exposar un parer positiu o negatiu, desqualifiqui a qui no pensa en aquestes coses com pensa un. “No hi entens res”, “L’art no es lo teu”, “Està mes enllà de la teva capacitat” o, “No teniu ni idea”, “Per fer això no cal ser gaire intel·ligent” o directament, “mira que ets ase”...o coses pitjors.

Ja se, ja se que això ha passat sempre i que si el pensament fos uniforme les coses serien molt avorrides. Entre poc i massa. El contrast es positiu i serveix per enriquir-se. El no voler veure les coses, encara que només sigui per a provar, des d’un punt de vista diferent i no renunciar al criteri propi, es l’inici de la discussió.

Hi ha tants i tants exemples d’això, en política, en les relacions del dia a dia entre companys, pseudo amics o veïns, en la conducció... Davant del vell pronunciament absolutista, “L’etat c’est moi” va sorgint un pronunciament aferrissat, no menys absolutista, “La raó la tinc jo” i els demés que no pensen com jo, no entenen res.

I això ho dic perquè aquesta forma d’expressar-se demostra intolerància i aquest es el principi d’un camí que pot dur a la violència. I no es que pensi que una discussió banal sobre un belen pugui dur a la violència, sinó que l’estat d’ànim propiciat per l’entorn social, la falta d’educació i de valors que fomentin la capacitat objectiva pot dur a aquesta violència.

Mireu sinó alguns titulars de diari, TV o cartes al director dels darrers tres dies:

Un suicida palestino mata a cinco personas en la entrada de un centro comercial israeli. (¿Què porta a aquestes persones al suïcidi per tal de matar a altres persones? ¿De veritat creu algú que amb aquest sacrifici farà canviar d’opinió als polítics?

Huguet pedirá la intervención de la policia si la incitación al boicot vulnera la legalidad. (Un altre diàleg de sords, únicament explicat per l’exacerbació de l’odi, o per determinades conveniències, sense entrar en cap tipus de raonaments.)

Presos por rehabilitar. (Un psicòleg ha de tractar a 180 presos en la seva unitat i es pretén que tingui resultats. ¿Quins resultats, a la vista – entre d’altres - del que va succeir a Castelldefels la setmana passada?)


Violencia de unos adolescentes contra unas jovenes en el tren, en San Cugat, ante la pasividad de los presentes.

Egipto concluye las elecciones con ocho muertos en barrios donde la policia impidió el voto islamista.

Los acosadores admiten el “Bullying” de Valencia. Tecnología para la crueldad. (Per cert, si bullying vol dir molestar, ofendre i violentar verbal i físicament a altres persones, em sembla que en castellà o en català hi ha suficients paraules com per expressar-ho adientment).

Dos menores se fugan del centro L’Alzina de la Generalitat, donde estaban internados (amb altres setanta d’entre 14 i 18 anys).

Asaltantes nocturnos tienen en vilo a los vecinos de Cobeña, intentando penetrar por la noche en sus domicilios para robarles, incluso con ellos dentro.

Aquesta societat està malalta. Per acabar, torno a l’art, amb una frase llegida, també aquesta setmana, en una revista cultural: “Esos artistas que al principio de sus carreras se untan en su propia mierda, como Paul MaCarthy, que hundio la cara en sus heces, lo tienen muy dificil...¿Que más pueden hacer después de eso? (Carles Guerra en “181 culturas” del 7/12/2005). Segurament aquest artista tindrà els seus seguidors, però espero que ningú s’enfadi amb mi ni em consideri un negat em comprensió artística, si dic que ho considero una burrada.

Jordi Nounou.