23 agosto 2011

Otra temprana marcha

Ayer despedimos a otro amigo. ¡Que año tan difícil!


Aún recuerdo la conversación que tuve con Santi por teléfono para informarle del fallecimiento de José Antonio, hace apenas tres meses. El me recordaba que en nuestra última reunión en San Sebastián había tenido suerte de contar con la proximidad de nuestro común amigo, que le ayudó a caminar hasta nuestro destino y le parecía increíble  su temprano fallecimiento. Aún los veo, andando por el Paseo  de la Concha, Santi recostándose en el brazo de José Antonio a causa de las secuelas de la operación de columna que le habían realizado en primavera del año pasado.


En los últimos tiempos Santi me había llamado algunas veces, como encargado de organizar nuestra próxima reunión en Toledo, para consultarme sobre las propuestas de alojamiento y otros temas relacionados con el encuentro.


Tras las llamadas siempre me había quedado una cierta perplejidad. Intuía que Santi tenía ganas de hablar y que las llamadas solo eran un pretexto. Hasta que a principios de este mes su mujer me llamó para comunicarme su delicado estado de salud, nada me hacía presagiar este desenlace que se lo ha llevado con solo 62 años. Ni siquiera ha tenido la oportunidad de conocer a su nieta, nacida cuando él ya estaba en el hospital.


A Santi le conocía desde hace mucho tiempo. Compartimos ámbito de trabajo desde mediados de los ochenta, hasta que se marchó de la empresa y durante este tiempo nuestro interés por la gastronomía, nos hizo participar con otros amigos en el disfrute de reuniones "epicúreas", en lo que vinimos a llamar “Los manteles de…”, que nos llevaba a visitar y probar los buenos restaurantes de Barcelona de la época.


Después cuando la vida le llevó hacia otros enfoques profesionales y marchó de la empresa, continuamos encontrándonos en el ámbito de esa reunión anual institucionalizada por varios compañeros de muchas partes del país, con los que tanto Santi como su mujer encajaron perfectamente.


Santi fue una persona divertida, siempre atento a su imagen, a la proyección de su personalidad y preocupado por la opinión que la gente tendría de él. Estoy seguro de que Santi fue feliz, por lo menos en momentos muy importantes de su vida personal y profesional. No obstante también se que  tuvo épocas de grandes contrariedades, de las que sin embargo y por lo que yo conozco sobre ello, solía sobreponerse a base de ánimo, una sonrisa y un chiste venido a cuento.


Hoy, he recurrido nuevamente a mi fondo fotográfico para buscar en él la rememoración de imágenes de tiempo compartido con él y guardar más bien en mi memoria retratos de caras sonrientes.


Santi, te echaremos a faltar en el grupo.  Espero que os hayáis encontrado con José Antonio y con Ángel Figueroa. Y si donde estáis hay Rioja, dedicadnos un brindis. Nosotros, cuando nos encontremos,  haremos lo propio por vosotros.  

1 comentario:

jeronimo carrera dijo...

¿ De qué Santi hablas ?. ¿ No será Santiago Sánchez Pradell ?. Si es así, aunque no lo traté, le recuerdo bien, tal y como lo defines, refinado y pendiente de sus detalles personales.
Un abrazo.
Jerónimo