01 diciembre 2009

YO NO DIGO NADA

Yo no quiero decir nada. Porqué si lo hago, (algunos, algunas)

- Me tacharán de xenófobo
- Me calificarán de antipatriota (los unos o los otros).
- Objetaran mi discernimiento político.
- Me dirán que soy políticamente incorrecto.
- Me incluirán dentro de una minoría que…
- Dirán que soy machista.
- Pensarán que soy poco tolerante.
- Afirmarán que no entiendo nada.
- Cuestionarán mis conocimientos sobre economía.
- Me tratarán de ateo, o de infiel, o de pagano, o…
- Dudarán de mi sentido sobre el arte.
- Pensarán que tengo demasiado acento.
- Sugerirán que tengo tendencias radicales.

Y con eso queda todo dicho.

Mejor me estoy callado.

30 noviembre 2009

SANTORINI

Poseidón se quedó mirando la fea montaña que se alzaba delante suyo. No se lo podía creer. ¿Quién habria sido el cenutrio que había instalado aquella monstruosidad en medio de su bello mar Egeo? Porqué mira que aquel enorme pedazo de terruño, falto de toda gracia, se cargaba la armonía que el dios de los mares quería para sus dominios.

¡Anda un dios! - Se volvió al oír esta exclamación y vio detrás suyo a la ninfa Tasifane, que tal y como la parieron estaba contemplando expectante a la no menos desnuda divinidad marina, eso si adornada con su corona y sosteniendo el tridente símbolo de su carácter náutico.

Con mal disimulada libidinidad Poseidón examinó a la ninfa que trataba de ocultar sus vergüenzas, consiguiendo con sus gestos el efecto contrario, o sea poner de relieve lo que ya sin el menor empacho su interlocutor contemplaba ávidamente.

Oye…¿tu sabes quien ha puesto aquí esta porquería?

Pues no. Por no saber, no se ni siquiera como he aparecido aquí, aunque tampoco me sabe mal haber venido. ¿Siempre llevas así esa lanza?

Ah, el tridente, bueno pues si, es la herramienta que me distingue y me confiere autoridad como dios de los mares – y diciendo esto Poseidón blandía el tridente con energía.

No, si no me refiero a lo que llevas en las manos, sino a lo que tienes ahí delante. Y señalaba directamente al centro del cuerpo del dios, al lugar que Da Vinci tan magistralmente definiría como tal centro siglos más tarde, en su hombre de Vitruvio. Y es que de tanto contemplar las morbideces de Tasifane, el dios de los mares exhibía un alterado y potente estado ereccionado.

Poseidón, embarazado intento ocultar su desazón, pero Tasifane ya se había acercado y cogiendo suavemente entre sus manos aquella temible arma empezó a acunarla con mimo entre ellas, diciendo entre suspiros – Hay que ver a lo que lleva a los dioses la pesada carga de sus responsabilidades. Esta tensión no puede ser buena para el equilibrio divino y al final quien lo paga son los sufridos mortales, que soportan las consecuencias de sus iras. E insistía con dulzura en sus manipulaciones.

Poseidón estaba ya totalmente cardiaco y sin poder contenerse expulsó lejos de si una tremenda cantidad de su líquido esencial, que fue a derramarse justo donde el agua delimitaba la tierra de aquel engendro de montaña. De las salpicaduras se elevaron inmediatamente sendas columnas de vapor que cual geiseres se elevaron hacia el cielo, dando lugar después a colosales explosiones de fuego y lava que envolvieron a los dos atónitos espectadores, a quienes solo su condición divina preservó de tanta destrucción.

Al final una última explosión lo hizo retumbar todo y el dios de los océanos pensó que Zeus habría agarrado uno de sus habituales cabreos por culpa de los celos de Hera y estaba cargándose al planeta.

Pero no. Lentamente se fue desvaneciendo el humo y apareció ante los maravillados ojos de la pareja un escenario absolutamente distinto. La aborrecible montaña se había desvanecido y en su lugar se veía un paisaje bellísimo, unos acantilados que formaban las paredes del cráter del volcán, que se había hundido con la explosión, salpicando de rocas como estatuas las aguas de un intenso color azul, todo ello en una armónica conjunción.

Poseidón pensó con un estremecimiento que la última vez que había visto algo parecido, fue cuando Crono le cortó los genitales a su padre Saturno y los lanzó al mar, lo que dio lugar al nacimiento de Afrodita y se congratuló de que el procedimiento hubiera sido bastante distinto. Cogió de la mano a Tasifane y le dijo con una sonrisa aviesa – Vamos, que hay una futura isla cerca de aquí que necesita de nuestra intervención. Se llamará Capri…

---------------------------------------------------------------

Bueno, me he permitido el lujo de hacer un poco de mitólogo clásico para dar entrada a narrar la impresión que nos causó Santorini. A veces sucede que la destrucción más terrible da lugar a una insuperable belleza. Esto debió ser lo que ocurrió en este caso.

Cierto es que en algunos aspectos la contribución humana también ha aportado elementos para esta armonía que se visualiza en la isla, pero esto es así porqué el ojo humano se ha saturado de esta conjunción de tierra, cielo y mar, para fabricar estos elementos que han reforzado el increíble paisaje de Santorini.

De esto nos apercibimos inmediatamente cuando llegamos y el barquito lanzadera nos trasladaba al muelle, puesto que el desplazamiento del Grand Mistral impedía que pudiese acercarse para desembarcarnos directamente en tierra y tuvo que dejarnos en medio del mar.

No obstante, como las imágenes pueden revelar mucho más que todos los adjetivos que yo quiera aplicar, os dejo con las fotografías. En cuanto a anécdotas solo cabe destacar que me mordió un perro. Un pobre perro al que pisé andando hacia atrás cuando intentaba tomar algunas de estas fotografías y que desafortunado soportó mi peso. Sentí remordimientos y me agaché para acariciarle la cabeza mientras me miraba con unos inmensos y dolidos ojos. A pesar de lo ocurrido y lejos de rechazar mi caricia, se mostró amistoso y me lamió la mano.

Os juro que en ese momento no tenía ni idea de que apenas mes y medio más tarde adoptaríamos a nuestra perrita Nuba.












27 septiembre 2009

CRETA

El ruido era ensordecedor. Tuve que taparme los oídos para atenuar la sensación de irrealidad que me provocaban los roces de las patas de miles y miles de grillos, aunque desde donde estábamos no podíamos ver ni uno.

Cerré también los ojos y entonces lo vi. Ahí estaba monstruoso, enorme, un toro erguido sobre dos patas, el cuerpo de un hombre corpulento y musculoso y la cabeza de un toro, con unos enormes cuernos. Miraba con ojos enrojecidos a su presa tendida en el suelo y se aprestaba a hacer la última acometida, la que le permitiría disfrutar en una parafernalia antropófaga (o casi) de la comida que Minos le destinaba.

El hombre en el suelo, el ateniense Teseo, estaba aturdido y se encontraba indefenso tras la anterior embestida de aquella bestia, fruto de las antinaturales relaciones entre Pasifae y el bellísimo toro blanco que había eludido el sacrificio, por gracia de Dédalo, insuperable tramoyista de la época.

Pero en aquel momento y aparecido de la nada, un niño cayó encima de Teseo. Asterión, el minotauro, asombrado, vaciló unos instantes que fueron suficientes para que Teseo se recuperase levemente y acertase a lanzar un venablo que hiriendo mortalmente a la bestia, la hizo derrumbarse pesadamente sobre el suelo emitiendo horrendos bramidos, hasta que lanzando un último estertor, quedó inmovil y muerto.

Teseo - Connery miró perplejo al niño y sin dejar de mirarlo recogió su espada para cortar la cabeza del tremendo minotauro, cargándola después sobre su caballo, para poder demostrar fehacientemente después que tenía todo el derecho del mundo griego clásico para reclamar la mano de la bellísima Ariadna, la hija de Minos.

Siguió mirando al niño mientras recogía del suelo un enorme ovillo y tiraba del hilo que se perdía en la distancia de aquel polvoriento desierto, el más complejo laberinto que ser humano se había podido imaginar hasta la época, donde Dédalo había confinado al minotauro siguiendo órdenes de Minos.

Teseo subió al niño a la grupa de su caballo y emprendió un trote vivo. Me aparté para dejarles pasar y abrí de nuevo los ojos, para encontrarme delante del palacio de Knossos, residencia del rey Minos.

Mentalmente agradecí a Monty Pithón la recreación de esta escena en su estupenda película “Los héroes del tiempo”. Seguramente no es la más fidedigna reproducción de la leyenda mitológica sobre la historia del laberinto, del minotauro, del rey Minos y de su hija Ariadna, de Dédalo y de Teseo. Sin embargo es genial. Esta leyenda es posiblemente la “madre” de muchas historias y fábulas generadas posteriormente, como la propia de San Jordi, caballero defensor de damas ante horrendos dragones.

Y nos dispusimos a seguir la cola que finalmente se puso en marcha tras la guía, posiblemente muy enterada de la historia de la civilización minoica o de la mitología griega, pero no muy experta en transmitir estos conocimientos a los que bajo un sol aplastante la escuchábamos. Por lo menos en español.

Viendo los restos del palacio de Cnossos quise hacerme una idea de cómo debía ser aquel entorno hace 3.700 años, pero la realidad es que resulta difícil aún recurriendo a los pocos elementos gráficos que se han conservado o a la iconografía generada a partir de lo que los arqueólogos han ido descubriendo. La documentación encontrada, unos 5.000 textos sobre tablillas o jarrones es esencialmente administrativa y no revela más que parcialmente la forma de vida de la época.

Evidentemente la civilización minoica es un hito importantísimo en la historia de las naciones del área mediterránea y las ruinas que Artur Evans puso al descubierto a principios del siglo pasado nos hablan de un elevado grado de civilización contemporánea con el Egipto de la XIII dinastía. No obstante buena parte de los restos de edificios que se aprecian durante la visita no son originales, sino reconstrucciones basadas en las trazas que los cimientos han dejado.

Tampoco son originales los frescos o las pinturas que se exhiben en algunos puntos del recorrido, cosa fácilmente comprensible si se tiene en cuenta la dureza del clima en aquella zona, que seguramente las destruiría en poco tiempo. Para ver los originales hay que acudir al museo de la cercana Heraclion o al Museo Nacional de Atenas.

No obstante, el lugar impresiona por lo que se ve, pero mucho más por lo que se adivina.

La isla fue asolada por la explosión del volcán de la cercana Santorini, sobre el 1.400 A. C., lo que marcó el fin de la civilización minoica. El gran valor estratégico atribuido a este territorio lo ha convertido históricamente en escenario de muchos otros sucesos: invasiones de romanos, de árabes (andaluces desterrados de Córdoba), ocupaciones, calamidades, refugio para piratas, el celebérrimo Barbarroja entre ellos…

En Creta también nació en 1541 el pintor toledano de mayor raigambre en España, Doménikos Theotokopoulos , por ello conocido como el Greco.

El último suceso más importante se refiere ¿cómo no? a hechos ocurridos durante la 2ª Guerra Mundial. Considerada tanto por los alemanes como por los británicos de esencial importancia, fue lugar de violentos combates. Los alemanes la ocuparon en una espectacular operación paracaidista, que ocasionó más de 15.000 bajas en el bando británico y 6.500 en el alemán

Tras haber realizado la visita, salimos por el lugar que la guía nos identificó como posiblemente el primer “camino de Europa”. No lo se, pero en esos momentos lo que más echábamos a faltar era beber algo y ese deseo lo pudimos satisfacer en el bar que hay a la salida del recinto, donde nos bebimos unas deliciosas y fresquísimas naranjadas. Por cierto, la mayoría de los visitantes eran españoles, cosa que encontramos en todos los puntos del viaje, incluso en Atenas. Así no fue extraño que el camarero del bar se nos dirigiera con un buen español, preguntando ¿naranjada helada señores?

Luego nos dirigimos a Heraklion que es la capital de la isla, con poco tiempo para visitarla, puesto que apenas nos quedaba una hora y media para regresar al barco. Así pues solo pudimos recorrer un par de calles y aunque la guía nos indicó que era un buen sitio para compras, a mí personalmente me pareció que la oferta comercial era casi calcada a la que habíamos visto en Corfú.

Bueno sí, mi mujer se compró una pulsera con diseño de greca que es típica en toda Grecia. Hubo que regatear un poco con el vendedor, cosa normal en estos pagos. Siempre me he quedado un poco perplejo ante esta pantomima de regateo, que se considera como norma de obligado cumplimiento en estos sitios y en la mayoría de países árabes o musulmanes. Me encontré con ello en Egipto y en Turquía, donde el celo por practicar este juego me llevó en ocasiones a situaciones un poco chungas. Pero esto son otras historias.

En el barco, por la noche asistimos a un show de risas y magia a cargo de Roberto Vara, en el teatro Ibiza. Este showman es experto en llevar a situación límite sus pretendidas disputas con algunos miembros del público, lo que ocasionaba la desazón de saber si algunas de las frases pronunciadas o de los sarcásticos comentarios realizados iban de veras o se trataba del guión del espectáculo.

De todas maneras los espectadores involucrados tampoco se andaban con chiquitas.


23 septiembre 2009

CORFU


Jueves. Hoy por la mañana temprano he querido ir al gimnasio del barco. Es como cualquier otro gimnasio, pero el amplio ventanal que hay en la parte frontal de las instalaciones es como un balcón sobre el mar, mirando hacia la proa.

Las bicicletas estáticas están instaladas ante ese ventanal, con lo que al pedalear te da la sensación que estás impulsando el barco. Eso si, con mucha imaginación.

Nos dirigíamos hacia Corfú. A babor teníamos la costa de Albania, muy cercana al atravesar el estrecho del mismo nombre que la isla.  El barco entró lentamente en una ensenada majestuosa, navegando por un mar muy calmo, delante la isla de Ptychia y entramos en el puerto de Kerkira.

La isla fue la última que Ulises visitó antes de llegar a Itaca. Contemplando el perfil costero no podía evitar pensar en los versos de Kavafis:


Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas


Bueno, un viaje turístico como el que estábamos haciendo no era comparable con el viaje de Ulises. Pero todo viaje, incluso el más sencillo y falto de riesgo a bordo de un civilizado crucero tiene mucho que ofrecerte. Si tienes curiosidad, si tienes inquietud por conocer y si tienes el mínimo interés por contemplar con ojos abiertos, descubrirás a tu alrededor muchas Itacas.

Entre las visitas teníamos para elegir entre

El palacio de Achillon – en honor de Aquiles - donde residió en temporadas veraniegas la emperatriz Sissi. Pero de la políglota, neurasténica y viajera  Sissi se me ha quedado la imagen de Romy Schneider en su ambiente austriaco, (aunque la emperatriz nació en Munich) y pensé que sería mejor que permaneciera en mi memoria asociada a aquellas tierras de nieve en invierno y grandes castillos románticos, más que asociada a la luz y al azul mediterráneos,

o

Las playas de Paleokastritsa  en la costa oeste, junto con el monasterio de Theotokos, más una visita a la capital de la isla. Nos sedujo más esta posibilidad y nuevamente un autobús nos llevó a nuestro destino.

Corfú es una isla encantadora y lamentamos no haber tenido más tiempo para visitarla con mayor detenimiento. Lo que pudimos ver desde el autobús nos mostró una densa vegetación, con abundancia de pino mediterráneo, cipreses y palmeras, mientras atravesábamos la isla para asomarnos a unos paisajes impresionantes desde el monasterio de Teothokos.


El monasterio no es demasiado grande, es luminoso y recoleto, encaramado en un promontorio desde el que se dominan las numerosas playas y calas de los alrededores y bañado por la fulgurante luz. La capilla tiene todo el sabor de las iglesias ortodoxas, con el contraste de blancos, sombras y dorados habitual. Hay además un pequeño museo de obras religiosas, pero en el que destacan también unas formidables mandíbulas de orca.



Este monasterio y  sus alrededores han sido objeto de la visita  de muchos escritores y poetas, como por ejemplo Goethe, Oscar Wilde,  Henry Miller, Lawrence Durrell (permaneciendo en la isla Durrell escribió su famoso Cuarteto de Alejandria) y hasta nuestro propio Alberti, que glosó su visita al monasterio en un artículo periodístico a mediados de los ochenta.


Para llegar al monasterio se sube por una estrecha, empinada y curvilínea carretera, que en algunos tramos no permite la coincidencia de dos autobuses en sentido opuesto y que los conductores acometen con una alegría y seguridad que pone los pelos de punta. Debe ser una cuestión isleña, .porqué  también tuvimos oportunidad de comprobar semejante actitud cuando años atrás visitamos Capri.


Después de Paleokastritsa regresamos a la capital, Corfú, o Kerkira como se llama en griego. Se trata de una ciudad muy interesante en cuyas edificaciones se observan los rastros de las circunstancias históricas por las que ha atravesado. Sucesivamente la isla ha sido ocupada y controlada por griegos, romanos,  Normandos, arabes, bizantinos, venecianos, ingleses - incluso fue protectorado británico – franceses, italianos, alemanes y finalmente, desde que fue liberada de los alemanes en la 2ª guerra mundial, quedo en la esfera del mundo griego.


En Corfú tuvo lugar uno más de los episodios tristes y penosos que suelen ocurrir en las guerras. Los soldados italianos fueron masacrados por los alemanes a partir del momento en que se conoció la firma del armisticio entre los aliados y los italianos. La mayor parte, miles, no murieron en el campo de batalla, sino fusilados por los alemanes..

Volviendo a Kerkira, la primera impresión la tuvimos viendo la fortaleza construida por los venecianos en la que de tanto en cuanto se aprecian esculturas del león de San Marcos, como elemento reafirmante del poder de la república.



Luego nos dejamos llevar por la riada de gente que andaba por las calles marcadamente comerciales del casco antiguo, que es Patrimonio de la Humanidad desde el año 2007. La mayor parte de las tiendas están orientadas al turismo y predomina la oferta de aceitunas, aceite, licores típicos (el de quinoto es una curiosidad, porqué está hecho a partir de una planta japonesa implantada por los ingleses en el siglo XVIII) y esponjas naturales, aparte de los clásicos productos manufacturados como recuerdo.

Y así, curioseando entre las tiendas nos dio la hora de regresar al punto de embarque, sin más tiempo que el de tomarnos una Mythos que seguramente no es la mejor cerveza del mundo, pero con lo fresquita que estaba nos supo como se dice vulgarmente a gloria bendita.

En el barco se celebraba aquella noche el cóctel de gala, invitación del capitán, Antonio Modaffari y que tuvo lugar en el teatro Ibiza. Como nunca habíamos asistido a un acto de este tipo, nos engalanamos a nuestra vez (la segunda ocasión en que he vestido corbata desde hace dos años) y asistimos con curiosidad a la celebración. Bueno, el cóctel no fue nada del otro mundo, pero la presentación del capitán si estuvo bien. 


Al más puro estilo del mundo del espectáculo fue presentando a sus ayudantes, tanto los que se ocupan de las cuestiones náuticas, como  los que se responsabilizan del buen funcionamiento de la nave como hotel flotante. Tan solo el jefe de cocinas – de toda la estructura de restauración – y una de las dos responsables de relaciones públicas son españoles. El resto del personal de mando en navegación o directivo son italianos, argentinos, bolivianos, etc.












Internautas delante de la ciudadela de Corfú. La pasión por Internet….

13 septiembre 2009

DUBROVNIK

La primera noche que pasamos navegando. Nos asomamos varias veces a la cubierta para disfrutar del aire cálido de la noche y admirar una brillante luna, que yo tenía la sensación de que no estaba en su lugar habitual.


En el barco había constantemente cosas para hacer, para contemplar, espectáculos que ver. Esa noche tocaba un espectáculo, presentado en el Teatro Ibiza, de varietes que consistía en varias exhibiciones de funambulismo, magia, gimnasia, etc., todo ello culminado por un frenético can-can, al mejor estilo del Moulin Rouge. El teatro es una impresionante sala de gran capacidad, que tiene doble utilidad de teatro y de cabaret. En el espectáculo exhibió sus dotes como gimnasta quien fuera efímero marido de Carolina de Mónaco, Ivan Peres.


La mañana siguiente, ya miércoles, la dedicamos a la piscina y al jacuzzi. Magnifico invento esto del jacuzzi en la cubierta de un barco como el Grand Mistral. La fantástica sensación burbujeante se veía solamente interrumpida a veces por la afluencia de niños o niñas que se creían en una minipiscina, buceando, chapoteando y pisando a todos los que estábamos dentro.


Además hay dos piscinas, una de ellas configurada como Spa, con sus chorros de agua caliente y otra normal. También hay en la cubierta inmediata una piscina para niños, usada por los más pequeños, porqué la mayor parte prefiere utilizar las de mayores.


Sobre las 13,30 atracábamos en el puerto nuevo de Dubrovnik, donde nos esperaban unos autobuses para trasladarnos a la “perla del adriático”.


La guía nos explicó cómo era la ciudad y algo de su historia, pero también destacó enfáticamente la crisis que afectaba a la ciudad, con un elevado nivel de desempleo, pese a las fuertes ayudas de la UE que se invierten en infraestructuras, obras públicas y restauración.


Antes de llegar a la ciudad, los autobuses se detuvieron unos instantes en un mirador desde donde se apreciaba una de las más famosas vistas sobre el recinto enmurallado. Ahí no pude por menos de pensar en que tan solo hace 17 años esta ciudad, patrimonio de la UNESCO desde 1979, fue bombardeada intensamente durante 8 meses por la artillería yugoeslava, ocasionando 114 muertos, 35.000 desplazados y la destrucción de numerosos edificios. Sorprende ¿no? que la barbarie esté tan cerca de nosotros en nuestra hipercivilizada – pensamos – Europa. Siempre creemos que esto es cosa de países en otros continentes, pero nos sorprendería saber cómo la maldad puede estar muy próxima, porqué no se trata de una exclusividad de nadie. Las eclosiones de violencia, el desprecio por la vida humana, la falta de respeto hacia las creencias y los valores de otras personas….en fin no voy a embarcarme aquí en tratar sobre algo que merecería un análisis más profundo en otro espacio.



Después el autobús nos dejó delante de la entrada a dicho recinto, por el puente de Pila e iniciamos la visita tras la guía, caminando por la calle principal, la Stradun.


La arquitectura gótica está profusamente presente en todos los edificios de la ciudad intramuros. A destacar la fuente de Onofrio, el Monasterio franciscano, el palacio Sponza y la catedral.


La ciudad destacó en la edad media, puesto que constituyó un nudo comercial muy importante, catapultada en tiempos de la dominación veneciana – unos 153 años – y después durante la dependencia de la coalición hungaro-croata. Posteriormente, tras la derrota de esta coalición por los turcos, Dubrovnik pasó a ser una ciudad estado tributaria del imperio otomano, aunque ello no obstaculizaba el que siguiese con su propia organización de gobierno, su política exterior y su proyección comercial.


Durante esa época desarrolló una potente flota con la que mantenía relaciones importantes con algunos países europeos, transportando minerales desde Bosnia y Serbia a España, Francia e Italia. Curiosamente, importaba grandes cantidades de lana desde Catalunya, para elaborar paños y tejidos que luego reexportaba los antes citados países y también a otros orientales.


Visitamos el Monasterio franciscano, donde se ubica la farmacia más antigua de Europa – según la guía. Siempre había creído que este título recaía en la farmacia – museo de Llivia, de la que se tiene constancia escrita desde el año 1594. Puede ser que la actividad como tal se remonte más lejos. Pero la información documentada sobre la farmacia de Dubrovnik se remonta al año 1317.


A media tarde, ya agotados por el calor, decidimos anticipar el regreso al barco y pasando aún por el puerto, lleno de turistas griegos en aquel momento, callejeamos por las estrechas vías de la ciudad, atravesándola en sentido inverso al que habíamos venido.


Curioseamos un poco por las abundantes tiendas de todo tipo, preferentemente orientadas a los visitantes y terminamos la visita premiándonos con una ansiada cerveza.


De regreso al barco, cenamos y asistimos al espectáculo teatral del día, en esta ocasión monólogos de humor a cargo de un humorista que no conocíamos, Joan Domínguez y que nos hizo reír francamente a mandíbula batiente.


Y ya se sabe, como decía aquella famosa revista: la risa, remedio infalible.


07 septiembre 2009

VENEZIA

Tras salir del barco, atravesamos el puerto y llegamos a al Piazzale Roma, donde subimos a un Vaporetto para que navegando por el canal de la Giudecca nos llevase a la Plaza San Marcos. El trayecto proporciona una vista de la ciudad desde el elemento más característico de Venecia: el agua.

El vaporetto estaba pilotado por una mujer joven, más bien menuda, rubia, con el cabello recogido en una cola y que se protegía los ojos con unas grandes gafas de sol. Manejaba la embarcación con la destreza propia de alguien que lleva muchas horas en ese cometido. Las maniobras de atraque y arranque en las paradas eran perfectas, como si condujese un automóvil y no un pequeño buque zarandeado por el oleaje de las otras embarcaciones que navegaban cerca en un ámbito de denso tráfico marítimo.

Mientras pilotaba no paraba de hablar con un joven que estaba a su lado en la cabina, lo que al principio me hizo temer que prestase poca atención a lo que hacia, pero no tardé en darme cuenta de que hubiese podido llevar la embarcación con los ojos cerrados.

Llegamos al desembarcadero de la Plaza de San Marcos. Tanto mi mujer como ya habíamos estado con anterioridad en Venecia y en esta ocasión eludimos visitar los centros históricos de interés turístico. Bueno, no visitamos el palacio ducal, o la iglesia de San Marcos, u otros museos. Más bien nos interesaba ver la ciudad y tratar de captar cómo es Venecia, intentando encontrar aquello que no explican los guías y no se relata en los folletos turísticos.

Esto era difícil en realidad. En primer lugar porqué para ello se necesita tiempo y el nuestro era limitado ya que el barco zarpaba al día siguiente por la tarde y en segundo porqué la bella, romántica y espectacular Venecia es un lugar turístico de primer orden y resulta muy complicado ir quitando capa por capa esta acumulación de lugares comunes orientados al visitante: los palazzos, los museos, las tiendas para turistas, la gran cantidad de personas que circulan de un lugar para otro y que agotadas por el cansancio o por el calor se sientan en las terrazas de los bares, en las escalinatas, en el suelo, en cualquier parte o deambulan con gesto maravillado la mayor parte de las veces, pero también ausente en ocasiones.

Es imposible sustraerse a los cliches de la Venecia, narrada por tantos escritores, con su peculiar punto de vista, desde Casanova, Goldoni, Hemingway, Mann, Sartre, Proust, Brodsky y tantos otros, o, como se ha puesto de moda ahora, del de los que enmarcan en esta ciudad novelas de serie negra como las que escribe Donna Leon .

Es difícil olvidar también que esta ciudad ha sido escenario para grandes compositores y cantantes como Vivaldi, Monteverdi o Cavalli. El propio Wagner vivió y murió en Venecia. O que más contemporáneamente fue cantada con nostálgica tristeza por Aznavour. Decir Venecia es empezar a canturrear la archiconocida canción.

Posiblemente en pleno verano no sea el mejor momento para visitarla, aunque creo que la temporada turística para esa ciudad debe de durar la mayor parte del año.

Por tanto nos dejamos llevar al azar, sin ir a ningún sitio determinado y con los ojos y los oídos muy abiertos. Esa tarde andamos por los alrededores de la plaza, el palacio ducal y el puente de los suspiros, haciendo muchas fotografías y empapándonos del aire brillante y del ambiente. Luego volvimos al barco por un trayecto distinto, el Gran Canal, admirando los edificios y los efectos de la luz reflejada en el agua desde el vaporetto, pasando por debajo del puente del Rialto y disfrutando de los mil colores de las fachadas asomadas a ese espejo ondulante.

Cenamos en el barco, en esta ocasión en el restaurante Mallorca de la cubierta nº 5, que no es un self-service, sino que está atendido por camareros. Salvo por algunos pequeños problemas organizativos sin importancia, la calificación a otorgar es francamente buena.

Por la mañana nos levantamos temprano y nuevamente bajamos a Venecia. Yo arrastraba las consecuencias de un pequeño tirón en los gemelos de la pierna izquierda, que fui sufriendo en mayor o menor medida durante todo el viaje. Pero era tanta la curiosidad que sentíamos que decidimos atravesar andando la ciudad, desde el puerto, hasta la plaza de San Marcos, pasando nuevamente por el puente del Rialto, esta vez por encima

Ello nos permitió conocer una Venecia distinta. Pasamos por callejas, canales y plazas más alejados de los circuitos usuales de los turistas. Fue una visión un poco diferente de la ciudad de los canales en perspectiva postal. Vimos casas, bares y tiendas en callejones de una hermosura intensa. Rincones donde nos entretuvimos contemplando como los funcionarios de la ciudad realizaban su trabajo, que es como el de cualquier funcionario en otras ciudades, pero que lo realizan en barco y no en automóviles o camiones.

Nos paramos a descansar en la terraza de una cafetería, delante de la iglesia de San Stefano, viendo pasar a la gente, como si estuviéramos en Las Ramblas. ¿Hay algo más divertido que ver pasar a la gente tratando de imaginar cómo son, que relación hay entre ellos y a que se dedican?

Pasamos delante del teatro La Fenice, renacido de sus cenizas como el ave de la que lleva el nombre, entramos en atrios de edificios normales y corrientes, tratando de adivinar cómo viven los venecianos.


Y acabamos nuevamente en la Plaza de San Marcos, contemplando los salones del café Florian y chafardeando en las mil tiendas de souvenirs, para comprar finalmente un pequeño jarrito de cristal de Murano ¿Como no?

Intuyo que hay una Venecia no tan conocida y que puede ser más sorprendente. Pero a lo mejor es que esta ciudad con sus paisajes impresionantes, su historia, su acervo cultural y su peculiar atmósfera, puede ofrecer una imagen para cada cual. Detrás de cada paisaje bellísimo puede que haya tu propio paisaje bellísimo. Detrás de los estereotipos puede que lo importante sea tu propia vivencia de la ciudad. El escenario está servido

Sede de la exposición Venecia y Catalunya



03 septiembre 2009

De libros y de viajes

Siempre me han gustado los libros de viajes. O los libros de viajeros. Que en mi opinión no es lo mismo: los primeros se centran en lo que ve el viajero, como lo interpreta y lo traslada al lector. Los segundos se enfocan en lo que le sucede al viajero en el marco de los viajes que realiza. Tampoco rechazo la lectura de guías de viaje. En este contexto recuerdo por ejemplo “El turista accidental”, libro que me causó impresión y tuvo influencia en mí.

Me gustan estos libros, quizás porqué me causan fascinación lo exótico y los ambientes distintos de aquellos en los que suelo desenvolverme y con su lectura tengo la oportunidad de escaparme a universos diferentes del mío.

He leído bastantes y siempre me han aportado algo, sea en el disfrute de su lectura o bien en las experiencias que relatan, sobre todo por el panorama que ofrecen de la actividad humana. Sobre la base de mi creencia de que el ser humano es igual, sea del color que sea y provenga de donde provenga, me entusiasma conocer realidades y costumbres distintas de las mías.

Por ello voy a hacer un breve relato de un reciente viaje que hemos realizado con mi mujer. No ha sido un viaje ni muy exótico ni muy lejano, pero durante unos días hemos participado en un crucero, forma de viaje que no habíamos experimentado anteriormente (las navegaciones en nuestra barca no son comparables a estos efectos) y visitado el Adriático, el Jónico y el Egeo, mares todos ellos del área mediterránea, que si bien hoy en día están muy asequibles para los turistas, tienen un pasado trufado de historia, origen de nuestro sistema de sociedad actual.

Y lo hago también para desafiar a la pereza galopante que me ha entrado en los últimos tiempos con respecto de la inserción de publicaciones en mi blog, a ver si con esto recupero ritmo. Por cierto, ¿os habéis fijado que cada vez hay más personas que sustituyen “a ver” (p.e. vamos a ver…) por “haber” (p.e. tenía méritos en su haber…), cuando se trata de expresar intención de examinar algo? Sobre todo en Internet, pero también en algún medio escrito. En fin.

Inicio del viaje - el barco

Nuestra primera escala fue Venecia, de donde partía el crucero y a donde nos desplazamos en avión, el 27 de julio. Lo hicimos muy temprano, porqué los vuelos desde Barcelona comprendidos en el “paquete” del crucero se habían agotado y teníamos que elegir entre desplazarnos a Madrid para salir desde allí, o bien arreglarnos el viaje por nuestra cuenta, opción que elegimos, a pesar del inconveniente de madrugar. Naturalmente esto supuso un descuento en el precio del crucero.

Pero también supuso que a las 9 de la mañana estuviéramos sentados en la terminal de embarque de los cruceros, en el puerto de Venecia, sufriendo un calor sofocante – ya a esas horas – y sin perspectivas de poder hacer otra cosa que esperar la hora oficial de embarque. El barco estaba allí, atracado, haciendo aprovisionamiento suponíamos, porqué estaban introduciendo en él la carga que llevaban unos enormes traileres con matrícula de Murcia. Esto nos llamó la atención, porqué después, durante el viaje, comprobamos que los productos de alimentación, incluso bebidas eran de origen español.

Tras un rato esperando allí aparecieron unos obreros que iban a montar los mostradores para las gestiones de embarque de nuestro crucero y que nos miraban con cara divertida a nosotros y a nuestras maletas. Uno de ellos se nos acercó para preguntarnos – en inglés naturalmente – si estábamos esperando para el embarque. A nuestra respuesta afirmativa puso una cara extrañada y nos dijo que miraría si podía hacer algo, pero que aún faltaban 4 horas para el embarque. Llamo por el walkietalkie y no se que le dirían, pero desapareció de nuestra vista. Un rato después apareció otro personaje, este en uniforme marino, que también nos preguntó si esperábamos para el embarque y nuevamente, ante nuestra respuesta nos manifestó que aún faltaba mucho y que incluso se podía retrasar algo.

Pues nada, paciencia y a esperar. Habíamos acudido provistos de libros contundentes: mi mujer con el archifamoso “La reina en el palacio de las corrientes de aire” de Stieg Larsson, coincidiendo con la polémica aparecida en la prensa y que viene a tachar de borregos a quienes hacen caso de los cantos comerciales o de las modas literarias y yo con un libro de Almudena Grandes, que en esta ocasión no colmó mis expectativas, “Los aires difíciles”. Debo reconocer que hacia el final me saltaba párrafos enteros. Sin embargo esto es harina de otro costal. No parecían libros muy adecuados para viajar – no son de bolsillo precisamente, pero por el momento nos asistieron en la larga espera.

Finalmente apareció un nuevo personaje, este con acento mejicano, que nos avisó nuevamente que aún faltaba mucho para embarcar, pero que si queríamos podíamos realizar ya los trámites para el embarque. Y así fue. Tras firmar un documento por el que afirmábamos que no teníamos síntomas de la gripe esa que ahora recorre el mundo y recibir unas tarjetas magnéticas con nuestra identificación y camarote, nos dispusimos a…seguir esperando. Cierto es que cada vez se movían más personas por la sala, que eran objeto de la invitación de una fotógrafa para tomarles unas instantáneas previas al embarque, junto a un pupitre que era un remedo de rueda de timón de un barco. Esa fue una invitación constante durante toda la travesía o en las excursiones, fotos, videos… que se exponían en una zona del barco y que podías adquirir como recuerdo, a precios bastante caros. Yo, armado con nuestra parafernalia particular de cámara, video, cámara y video, etc., pensé que poco negocio iban a hacer a nuestra costa y realmente solo nos quedamos con una foto mía del simulacro de emergencia.

Cuando al final pudimos pasar al puerto, nos quedamos impresionados por el barco, el “Gran Mistral”. Se trata de un buque de bandera italiana, me imagino que fletado por la compañía organizadora de los viajes, Iberocruceros, de 216 m. de eslora, 28 de manga y 44 m. de altura de la obra muerta (desde la línea de flotación hasta el punto más alto de la chimenea) y 7 m. de obra viva (parte sumergida). Desplaza 47.300 toneladas y es impulsado por dos motores que le proporcionan un empuje de 18.000 CV. Su velocidad de crucero es de 19/20 nudos.

Vamos, como unas 4.580 “Il.lusio” (nuestro barquito), mal contadas.

Entramos subiendo por una escalera adosada al lado de estribor, tras habernos frotado las manos con un líquido contenido en un recipiente, cuyo letrero enunciaba la conveniencia de desinfectarse las manos al entrar en el barco. No se si esto sería demasiado efectivo, pero la verdad es que no costaba nada hacerlo y la sensación era refrescante.

Al acceder al barco, un vigilante de seguridad nos solicitó nuestras tarjetas y las pasó por un lector magnético. Este fue nuestro primer contacto con un sistema de seguridad que me pareció muy correcto y sin exageraciones tipo aeropuerto (descalzarse, quitarse el cinturón, etc.), puesto que a la vez que constituía una barrera para accesos no autorizados, servía para controlar que todos los pasajeros y tripulantes estuviesen a bordo cuando partía el barco.

Tras registrarnos en recepción, como la de cualquier hotel, pasamos por el camarote, donde nos instalamos y luego nos fuimos a comer, con lo cual tomamos un primer contacto con el barco.

Para acudir al restaurante self-service, atravesamos la cubierta donde están las piscinas, los jacuzzi y el solarium, primera impresión que nos hizo entrever placenteras siestas al sol.

Comimos por primera vez en el restaurante de la cubierta 11, donde una multitud de personas desplazándose arriba y abajo me llevó a pensar que aquello sería un galimatías. Pero no. Pudimos apreciar que todo estaba bien organizado y la oferta culinaria era suficientemente variada y atractiva. El servicio era diligente en aportar las bebidas y retirar los platos utilizados. Lo que si observamos a nuestro alrededor fue la cantidad de gente que solo por el hecho de comer en un self-service, abarrotaba sus platos, como si no hubiesen comido en días.

Después de la comida, bajamos del buque y nos fuimos a Venecia.