18 enero 2010

ATENAS

Este fue el punto final de nuestro viaje. Llegamos al puerto del Pireo de buena mañana, pero en lugar de abandonar el barco en ese momento nos inscribimos a una excursión de las ofrecidas, pensando que eso nos permitiría hacer una breve pero organizada visita a los puntos más importantes de la ciudad.
 
El primer lugar que visitamos fue la Acrópolis. Yo ya había estado en Grecia hace 22 años y la Acrópolis es un enclave que no aburre verlo, pero, tras 22 años ¡todavía están allí los andamios que vi en 1988! Se lo dije a la guía, que encogiéndose de hombros comentó que seguramente era muy laboriosa la reconstrucción de aquellos monumentos. Me pareció detectar un tanto de ironía en su comentario.
 
¿Qué voy a contar sobre la Acrópolis? Debe ser seguramente el monumento antiguo más visitado del planeta. O por lo menos eso nos sugerían las miríadas de personas que en grupos, siguiendo a sus guías, deambulaban de una parte a otra de la explanada. No voy a entrar en detalles de lo que vimos, puesto que no se trata de hacer una guía turística, sino de expresar nuestras impresiones del viaje.
 
Hicimos fotografías, evidentemente para consumo propio, de aquellas que sirven para acreditar que estuvimos allí y en el futuro verlas acompañando a aquella frase de ¿te acuerdas….? Porqué seguramente debe ser muy difícil hacer alguna fotografía creativa que suponga una innovación con respecto de los millones que ya se habrán hecho y forman parte de colecciones privadas, o de exposiciones, o están en facebook, twiter, panoramio, flickr, etc., etc. ¡Hay que ver como ha evolucionado el sistema con Internet!
 
Antes lo usual era hacer álbumes con las fotos familiares o de viajes y se conservaban en casa para enseñárselos a la familia y a los amigos cuando nos visitaban. Pero ahora no, ahora es muy sencillo publicar estas fotos para conocimiento urbi et orbe, con lo cual se da satisfacción al ánimo exhibicionista latente de cada cual.
Bien, dimos vueltas por allí, escuchando distraídamente las explicaciones de la guía (difíciles de escuchar en medio del gentío) y admirando los Propileos, el Partenón, el Erecteion con sus Cariátides, el Teatro de Dionisos…y las maravillosas vistas de Atenas que se divisan desde allí.
 
Luego seguimos haciendo un tour por la ciudad en autobús, durante el cual visitamos el antiguo estadio Panatinaikos, la plaza Sintagma y un poco del barrio de la Plaka, aunque no paramos demasiado tiempo en ninguno de esos sitios. Aun cuando acabamos satisfechos del viaje, no pudimos eludir el rememorar aquella famosa película: “Si hoy es martes, esto es Bélgica”. De todas maneras, habíamos concertado un día más de estancia en Atenas, por lo que regresamos al barco, esperando seguir con la visita por la tarde.
Comimos en el Grand Mistral e hicimos un pequeño recorrido de despedida antes de abandonarlo definitivamente. Tratamos de coger un taxi para que nos llevase al hotel y después de algún incidente – viéndonos con maletas trataban de cobrarnos por el trayecto más de lo habitual, hasta que dimos con uno que nos llevó por el precio correcto – llegamos al alojamiento previsto. En este punto no puedo dejar de recomendar vivamente que cuando se reserve un hotel en un destino que no se conozca, se averigüe el ámbito en que esté situado el establecimiento y si este es concordante con las expectativas que se pretenden y el precio por el que se paga.
En esta ocasión el hotel era muy correcto, tal como había apreciado en la web. Rehabilitado en ocasión de las olimpiadas del 2004, la habitación y las instalaciones eran amplias y confortables, pero el entorno lamentable. Cerca de la plaza Omonia en una calle sucia, llena de basura, calle en la que deambulaban algunos personajes de inquietante aspecto. Nada que no pueda encontrarse en muchas ciudades de este mundo, pero mejor saber antes donde vas meterte ¿no?
Tras dejar el equipaje en el hotel nos fuimos a la Plaza Sintagma para ver el cambio de guardia, con un calor de plomo derretido. Pensamos en lo que deberían de estar soportando aquellos jóvenes en su exótico uniforme. Todos ellos lucían marcadas roderas de sudor, mientras practicaban los característicos “pasos de la oca”.
Ese calor sofocante nos quitó las ganas de ver más cosas y dejamos pasar el tiempo resguardados en una cervecería, en espera de acercarnos al barrio de la Plaka para buscar alguno de los típicos restaurantes de la zona, para cenar.
 
Mientras paseábamos de camino, mi mujer exclamo “¡mira, mira, mira…!”, pero por más que miré no vi más que un trenecillo de esos turísticos que se alejaba entre los paseantes.
¿Pero no los has visto?
 
¿A quien?
 
Pues a la reina Sofia, a las princesas, a los principitos, en fin, a toda la familia real española o casi.
 
Anda – pensé – pues también es casualidad que nos los hayamos encontrado aquí. Luego supimos por la prensa que en esos días habían estado en Atenas para asistir a una comunión o a una boda, no me acuerdo muy bien.
 
Finalmente encontramos un restaurante de esos que están en la azotea de algunos edificios en el barrio de la Plaka, donde cenamos razonablemente bien, platos típicos griegos. Bien regada la cena con el clásico vino de retzina, que recomiendo beber solo allí, porqué en cuanto sale del ambiente heleno encuentro que pierde sus cualidades. También disfrutamos desde donde estábamos de unas excelentes vistas de la Acrópolis iluminada.
 
Paseamos un poco por el barrio de Plaka, que es la zona urbana pegada a la Acrópolis y centro de atracción de los turistas por sus restaurantes, tabernas y centenares de tiendas de “souvenirs”. El barrio tenía un bullicioso ambiente en la noche veraniega, con abundante colorido.
 
Al día siguiente, cogimos un funicular para subir al monte Licabetos, donde está la capilla de San Jorge y desde donde se distingue una amplia perspectiva de toda la ciudad en 360 º y especialmente de la Acrópolis. Más allá también se vislumbraban los bosques que apenas diez días más tarde serían pasto de las llamas en el voraz incendio que asoló los alrededores de Atenas a principios de Agosto. ¿Quién lo iba a pensar en aquellos momentos? Quizás teníamos más presente los que se acababan de producir en Horta de San Joan con su trágico desenlace y del cual apenas recientemente van apareciendo noticias sobre lo realmente ocurrido.

Descendimos del Licabetos y por poco nos da un pasmo andando como autómatas, a causa de la increíble calor, sobretodo a mi mujer. Así pues decidimos refugiarnos en una cervecería de la Plaza Sintagma, donde dimos buena cuenta de unas cervezas griegas, que si bien no son posiblemente las mejores del mundo, si que nos refrescaron y nos permitieron recobrar aliento.
Y de allí nos fuimos al hotel para recoger el equipaje y luego al aeropuerto, donde cogimos un avión de regreso a Barcelona.
 
A titulo de colofón de estas narraciones, el crucero como sistema de vacaciones en plan relax es muy recomendable. Por si solo el hecho de no tener que trasladar equipaje de un sitio a otro resulta de lo mas interesante. Y te permite tener un contacto aunque somero con los destinos previstos en las singladuras.
Pero si lo que interesa es el conocer con profundidad los lugares que se visitan, mejor escoger otro sistema, ya que en un crucero difícilmente se puede dar satisfacción a inquietudes culturales, visitas de museos, conciertos, espectáculos, etc., excepto naturalmente los que se proporcionan en el propio barco.








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