16 abril 2014

El nombre de las cosas


Oigo la televisión como música de fondo mientras leo.  Al fin y al cabo, la locutora no hace mas que desgranar los manidos comentarios de cada año por Semana Santa: la operación salida, el incremento de accidentes, las playas llenas aquí por el buen tiempo y vacías allá por el malo...
Sin embargo, una de las noticias, la que suele hablar del notable numero de personas que se desplazan por tren o por avión, contiene un elemento nuevo.
Habla de la gente que parte del aeropuerto Adolfo Suarez Madrid Barajas. Y es nuevo porque como consecuencia del reciente fallecimiento del político se ha decidido rebautizar el aeropuerto de Madrid con su nombre. Bueno mas que rebautizarlo lo que han hecho ha sido ampliarlo, puesto que se ha mantenido el nombre del pueblo en cuya demarcación se halla instalado el aeropuerto.
Ya se, ya se, que en otros lugares también se han empleado nombre de personajes famosos para identificar edificios públicos, como el Charles De Gaulle en Paris, el J. F. Kennedy en Nueva York.
Y con todos los respetos hacia las personas cuyo nombre se ha utilizado para estos propósitos, no me parece bien. 
No me parece bien que se ponga nombre de personas a instalaciones publicas, por varios motivos. Entre ellos y como principal que, tratandose de personajes públicos que han pertenecido a determinada linea política o ideológica, cualquier vaivén que lleve a sustituir democráticamente (o no) a quienes en su momento decidieron u obtuvieron la atribución del nombre, puede significar que se pretenda cambiar y así, exagerando, podríamos entrar en una espiral de cambios continuos, suponiendo que cada cuatro años cambiase el gobierno.
¿O es que no nos acordamos de los cambios que han experimentado las leyes de educación en este país durante los dos últimos decenios? ¿O es que no nos acordamos de que cada vez mas se utiliza la amenaza por parte de la oposición de que, "cuando ganemos las elecciones esta ley la cambiaremos"?
Por tanto, nada de homenajear a personajes famosos cuando ya han fallecido, poniendo su nombre a aeropuertos, estaciones de tren, estadios deportivos, museos, avenidas o plazas, etc. Es suficiente con identificar la función de las instalaciones y el lugar geográfico donde están ubicadas. Mejor para las personas que deban acudir o hacer uso de tales instalaciones, mejor para quienes tengan la responsabilidad de atribuirles su identificación y mejor para los sistemas informativos e informáticos que deban contener esta identificación. 
Si se quiere una identificación mas romántica, puede hacerse uso del amplio elenco de nombres disponible en los diccionarios: Aeropuerto de la Libertad de...Estación del Arte...Puerto del Mediterráneo en...
Me parece mucho mas racional y menos utilizable en contiendas y disputas políticas, de las que ya andamos bastante sobrados.
Dicho esto sin menoscabo de la figura de Adolfo Suarez, que hizo lo que pudo en tiempos difíciles y que ahora parece que se le encuentran mil peros.

1 comentario:

xatevexo dijo...

Tienes razon, nombrar calles, plazass, avenidas, aeropuertos, hospitales, etc. con nombres de politicos. militares o santos es un error, cuando por suerte hay miles de nombres de escritores, poetas, medicos, cientificos, matematicos, musicos, filosofos, inventores, hombres, y mujeres que gracias a su talento o estudio o dedicación y esfuerzo ser recordada.
Pero los politicos tienen el ego subido y hoy por ti y mañana por mi. En Madrid acaban de dedicar una plaza a la Thacher, ultraliberal depredadora de los derechos de los trabajadores y fiel servidora del capitalismo mas salvaje, y de quien nuestra Espe parece ser una burda imitación. Esta tambien tendrá su momento de gloria con alguna calle o avenida a su memoria, y sino al tiempo.