24 febrero 2013

Un pais de indecentes

Para evitar que me salga alguien con aquello tan rebotado de "¡Oiga, que yo no soy así!, me apresuro a decir que es verdad, que no todo el mundo es así, pero...de haberlos haylos.
No me voy a referir ahora a los corruptos, a los políticos, a los politico-corruptos, a los estafadores, a los listillos, a los "peineteros",  a los tertulianos, a los detectives y/o investigadores de no se sabe qué, no. 
En fin, voy a referirme a todos aquellos que creen que la convivencia y el respeto no es cosa que haya de ir con ellos. A los que sin aparecer en los titulares de los medios, los ves cada día haciendo de las suyas.
Para ilustrar lo que digo, permitidme referirme a algo que he visto esta mañana y lo menciono por lo reciente, no porqué haya sido la única experiencia que he vivido de esta o de similares características.
Ella, delgada, subida a unos tacones de aguja que le hacian torcerse los tobillos al apoyar los pies en el suelo y vistiendo unas medias de lastex, de esas que estan ahora de moda y que dejan poco a la imaginación. La parte superior del cuerpo, envuelta en un anorak blanco, muy amplio. Lucía cabello largo, con melena que le bajaba por toda la espalda.
No he podido apreciar otros detalles, como sus facciones, porqué en todo momento he visto a la pareja solo por detras.
El, un poco más alto, vestía una sudadera con capucha, que le cubría la cabeza, no se si por el frio, por la moda o por esconder la cara. Pantalones "cagados", que fijate lo incomodo que debe ser andar con el tiro a medio muslo y zapatillas deportivas super exhuberantes. 
El iba comiendo una pasta, envuelta en un papel blanco. La ha acabado justo cuando pasaba por delante de una papelera y se la ha mirado, si se la ha mirado. Incluso, me ha dado la impresión, parecía que iba a detenerse, suponía yo que para tirar el papel en la papelera.
Pero no. Se ha apartado un poco de la papelera y con un gesto como si fuese lo más natural de mundo, ha tirado el papel al suelo.
Lo ha tirado justo delante de la entrada de una pastelería y por ello no me atrevo a afirmar si su gesto ha sido simplemente de mala educación, o un desprecio para demostrar que no le gustan los cruasans que venden en este comercio.
En todo caso, muy mal. Muy, muy mal. Como hacen muy mal los que tiran los paquetes de tabaco vacios por la ventanilla de los coches, o vacian los ceniceros de los coches en la calle, al pie de la acera. O como los que no recogen la mierda que sus perros dejan en la via publica.
O como aquellos que conduciendo te aprietan por detras, sobrepasando los límites de velocidad y reduciendo unicamente cuando saben que el radar está cerca. O los ciclistas que circulan por encima de las aceras sin el menor respeto por los transeuntes a quienes ponen en peligro.
O como los que dejan la basura, ropa usada, mobiliario o electrodomésticos rotos, donde les parece, excepto dentro del contenedor, porqué se creen que el mundo es una inmensa bolsa de basura.
Y eso por enumerar algunos, pero degraciadamente hay muchos, muchos otros casos de circunstancias parecidas, derivadas de la mala educación, de la prepotencia o de creerse que no existen obligaciones en la convivencia entre seres humanos, cosa que constituye un maravilloso caldo de cultivo para conductas posteriores en asuntos de mayor calado.
Por ello, y poniéndome por una vez a su altura, les dedico a ellos, exclusivamente a ellos, esta estupenda peineta, imitando conductas de alguno de estos listillos, que ultimamente ha aparecido en las páginas y en los medios y que seguramente pertenece al grupo de los que no saben mucho de lo que supone el respeto hacia la gente.




2 comentarios:

xatevexo dijo...

Un dia en la playa de Cabanas-Pontedeume le grité a una familia que se dejó las bolsas con los restos del picnic tiradas en el bonito pinar donde abundaban los contenedores : ¡ei! ¡Que se olvidan el carnet de identidad!
Cuando pillaron la puya yo ya me habia largado... Tenian aspecto de personas. Pero en realidad solo eran unos cerdos.

jeronimo carrera dijo...

"Vamos a ver, buen hombre, seguramente existirán poderosas razones para esos aconteceres. Pongamos por caso:
A) Ese joven que pasea con la respectiva y que arroja con desdén el envoltorio a la puerta de la pastelería. ¿No será una protesta pasiva contra las caries y los azúcares industriales?.
B) Y esos paseantes de perros que les permiten , yo diría que incluso los animan, a cagar en las zonas públicas. Te pongo un ejemplo. En mi zona de residencia hay bastantes jardines y zonas verdes. En una ocasión le llamé la atención a una digna señora que miraba impasible como su caniche cagaba alegremente en los jardines. ¿Sabes lo que me dijo?. "Que era una manera de abonar el cesped", así, tan pancha.
En fin...........
Ahora en serio: no podría estar más de acuerdo contigo. Hemos perdido la educación más primaria, aquella que nos enseñaban en casa en nuestros primeros años.
Si algun día tengo un perro, (no creo que me sea permitido), prometo pasearlo con cadena y abundancia de bolsitas de plástico, amén de guantes y utensilios variados.
Eso.... "