12 enero 2011

¡¡Yo fui uno de los 20.000!!

Si, si. Ahí estábamos mi mujer y yo, entre los 20.000 que el sábado pasado visitaron la Sagrada Familia. O por lo menos esa cifra de visitantes fue la que dieron los de la organización.



No es que yo no conociese la Sagrada Familia. Siempre la he visto ahí, siempre nueva, siempre inconclusa, asomando sus torres por encima de los edificios de la ciudad. Hasta yo mismo de pequeño, junto con otro compañero de escuela, habíamos recorrido las calles de nuestro barrio hucha en ristre, participando en la cuestación para reunir fondos con qué proseguir la construcción del templo. De eso hace más de cincuenta años.


No nos podíamos imaginar entonces que algún día vendría a Barcelona un tal Ratzinger para inaugurar una parte de esa obra que lleva tanto tiempo en construcción. ¿Y quién se habría atrevido en aquella época el cuestionar tal visita? ¿Quién habría pensado entonces que a escasos metros, en el subsuelo, pasaría un tren de alta velocidad? Ni siquiera qué seria eso de un AVE. ¿O quien se habría atrevido en aquella época, proponer que se ubicase ante la fachada de la Sagrada Familia un monumento a los gays y lesbianas?


Bromas aparte, la nave de crucero, la que se ha abierto recientemente, inaugurada por el Papa, es impresionante. Pero la Sagrada Familia es un templo que se está construyendo en época contemporánea. Resulta inevitable pensar (y más después de leer los libros de Ken Follet o el de Falconés) en la diferencia de medios utilizados en la construcción de las grandes catedrales durante la Edad Media y los utilizados en la actualidad. Resulta curioso tratar de comparar los precarios andamios que se utilizaban entonces, con las enormes grúas que erizan la fábrica de la construcción en la actualidad.


Pero no quiero con ello restar méritos a los esfuerzos que se realizan para avanzar en esa creación que está ya tan vinculada con las señas de identidad de Barcelona. Aunque creo que en el interior, a pesar de los elementos arquitectónicos modernos o los notables vitrales, se ha tratado de evitar la tremenda divergencia que existe por ejemplo entre la imaginería de la fachada del Nacimiento y la fachada de la Pasión. Quizás porqué a mi – personalmente - las esculturas de Subirachs no me gustan.


Otra cosa que me llamó la atención es que por primera vez – yo por lo menos - he visto una imagen que sugiere a un Jesús crucificado, completamente desnudo, la que está suspendida encima del altar. ¿Sería esto lo que motivaría a ICV-EUiA del Ayuntamiento de Barcelona para solicitar la instalación del aludido monumento homenaje a gays y lesbianas en la ubicación que proponía?


1 comentario:

Jordi Alemany dijo...

Hola Jordi, soc en Jordi Alemany em pots enviar el teu correu, sisplau.
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