09 junio 2010

El mesón de San Roque y los designios del destino

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¡¡Malditos sean los guardias civiles tumbados!! Me refiero claro a esas jorobas asfálticas que muchos ayuntamientos han puesto para evitar elevadas velocidades intraurbanas  y que la mayor parte de las veces están pobremente señalizadas y además son anormalmente altas.
Os explico por qué. El domingo regresábamos de Vitoria a Barcelona, junto con una pareja de amigos y a su propuesta nos detuvimos en Alfaro para comer en el Asador de San  Roque. ¡Que espárragos naturales, que alcachofitas, que costillar…¡ Totalmente recomendable y además contando con la simpatía, buen hacer y atención del jefe de sala, Dionisio.
Bueno, pues andábamos buscando la calle del Asador, cuando me trague a uno de esos guardias civiles tumbados. No iba a velocidad excesiva, puesto que salíamos de una rotonda, pero para sobrepasar ese se necesitaba estar prácticamente parado.
Dimos un salto tremendo y oí el roce de los bajos del coche sobre la maldita joroba, aunque una vez superado el susto y el golpetazo que se dio mi mujer, un poco resentida de una caída anterior, no le dimos más importancia.

Comimos como he dicho bien, muy bien y luego reanudamos el viaje hacia Barcelona, sin mayores incidencias. Pero al día siguiente, cuando fui a buscar el coche, una tremenda mancha de aceite se extendía por debajo. Ahí si que me preocupé. No son buenos tiempos para cambiar de coche.
Y me fui con sumo cuidado al taller, donde me confirmaron que efectivamente me había cargado el carter.  Bueno, pues nada,  reparación al canto y consiguiente facturita…
Aún así, no había acabado todo. Cuando regresé a casa y vi de nuevo la mancha de aceite, negra y densa como chorro de tinta de calamar sobre las gafas, me dije, jodeeeeer, esto hay que limpiarlo cuanto antes. Y ahí vino la segunda parte.
Me puse a limpiar la obscena mancha y ¿cómo no?, pise el aceite. Me vi por un momento dando más traspiés que Gene Nelly en “Bailando bajo la lluvia” , para acabar estrepitosamente en el suelo, con tan mala suerte que mi brazo derecho, al resbalar también la mano en el aceite, quedó extendido delante de mi, como si hubiese cobrado una vida independiente del resto del cuerpo.
Por un momento lo miré con estupor y me dije, ¡no, otra vez, nooooooo! Pero era que sí y en la siguiente fracción de segundo me inundó el dolor. Rebozado en aceite, resbalando y sin poder agarrarme a ningún sitio para incorporarme, tuve suerte que llevaba conmigo el teléfono y pude llamar a mi mujer, a quien le di un susto  morrocotudo.
Lo demás, ambulancia, hospital, poner la articulación en su sitio, etc., ya no tiene nada de importancia. Pero desde ayer me obsesiona una idea ya vieja, la coincidencia de factores que llevan a un determinado resultado la concomitancia de circunstancias. Aquello de sota, caballo, rey….y ahora ¿qué pasará más?
Mientras, estoy aprendiendo a usar el teclado con la mano izquierda. No hay mal que por bien no venga.

2 comentarios:

Jerónimo dijo...

¡ Vaya por dios !. Yo no creo en absoluto en las conocidas y sobrevaloradas leyes de Murphi, pero si así fuera o fuese, ya lo tendrías cumplido con aquello de: "Si existe la posibilidad de que varias cosas vayan mal, la que cause más perjuicios será la única que vaya mal". ¿ Puede haber más perjuicio que rincidir en la misma caida y en el mismo brazo ?.
Un fuerte abrazo y que te mejores.
Jerónimo

xatevexo dijo...

Esos mamotretos en la calzada deberian de se ilegales. Si seguimos así acabaremos con calles en forma de laberinto como los controles en los aeropuertos.
Espero que te encuentres mucho mejor, menudo susto, pero permiteme una maldad ¿cuánto valdría el video de la caída, si lo hubiera, en el mercado del Youtube y de los programas tipo video de primera?. ¿te imaginas?.