15 marzo 2010

Delibes, la nieve y los postes eléctricos

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- ¡¡Antonio!!
 
- Dime Concha.
 
- Que te ha venido a ver Manolo.

- Hombre Manolo pasa, pasa, estoy en la habitación del fondo. ¿Cómo tu por aquí?

Manolo entró en la habitación, de regulares dimensiones y vio a Antonio, sentado en un butacón orejero frente a un alto ventanal que daba a un patio interior, si bien al tratarse del último piso del edificio se veía a su través un amplio lienzo de cielo azul. Detrás de él había unas estanterías de acero pulido y rejilla, llenas de libros y revistas y a su lado un mueble secreter de estilo moderno, encima del cual reposaba un ordenador portátil. Las paredes estaban pintadas de un tono fucsia y llenas de posters enmarcados y de fotografías, la mayor parte en blanco y negro. Nunca anteriormente había estado en esa casa y le llamo la atención de que con los años que conocía a Antonio y con lo que creía saber de el, no se hubiera imaginado que la decoración de su vivienda fuese como la que estaba viendo.
 
- Pues nada, que como hace días que no te veía por el bar, le pregunte a Joaquín, el dueño, que me dijo que estabas enfermo y me he decidido a venir, para ver cómo te encuentras.
 
Antonio tenía una manta cubriéndole las rodillas y entre sus manos un libro de apariencia un tanto ajada.

- Mira, que he pillado un resfriado considerable y además, ya sabes que ando un tanto perjudicado de los riñones y estos días he vuelto a notar molestias. El médico me ha dicho que nada importante, pero que por si acaso reposo, mucha agua y me ha recetado unas pastillas diuréticas. Además, con el frío que hace la verdad es que no apetece mucho salir a la calle. ¿Y tú que tal?
 
- Bien. Últimamente he estado haciendo algunos recados para mi hija por las mañanas y el resto como tu, bastante recluido, porqué tampoco encontraba incentivo en salir a pasear. Mucha televisión.
 
-¡Hay que ver lo que ha caído! ¿no? ¿Y los problemas que ha habido con los desplazamientos y los suministros y la luz? ¿Y la algarabía que se ha formado de nuevo con toda la politiquería?
- ¡Uff! No me hables. Sabes que mi hija, la que vive en un pueblo de La Costa Brava, aún no tiene luz? Y están así desde hace cuatro días. Pero bueno, no quiero hablar del tema que ya está suficientemente sobado y explotado en la radio, en los periódicos o en la tele. Y de hecho el que expriman el tema no es lo que me parece mal. Lo que me parece mal es que últimamente cada dos por tres están ocurriendo cosas que ponen en entredicho la capacidad de este país para gestionar la prevención y los resultados de eventos catastróficos, para afrontar los cuales se necesita decisión y responsabilidad.
 
- Ya sabes, los políticos están embarcados continuamente en echarse las culpas los unos a los otros y nadie asume responsabilidades. Creo no obstante que uno de los fallos más importantes es el de que los organismos correspondientes no realizan las funciones de control o de inspección que deben de llevar a cabo. ¿Tú comprendes que se hayan derrumbado treinta torres eléctricas por la nieve que ha caído? ¿Cuántas torres eléctricas hay en toda Europa que soportan nevadas mucho más importantes que la que hemos tenido? Tiemblo de pensar que pudiesen ocurrir aquí catástrofes más importantes, como las que están sucediendo en tantos lugares del mundo. Bueno, cambiemos de tema, ¿Qué estás leyendo?
 
- ¡Ah!, un libro de Miguel Delibes, “La Hoja Roja”. Es una lastima que muchas veces se haga una relectura de obras de algún escritor cuando este fallece y seguramente sabes que Delibes falleció ayer. El hecho es que este libro lo leí por primera vez hace muchos años y ahora estoy descubriendo cosas nuevas. Las situaciones me parecen más…no se como decirte…más diáfanas. Ya entonces me gustó, este y otros varios libros de ese autor que he leído, están ahí, por las estanterías. Se que eso es imposible, pero parece como si esos libros hubieran evolucionado y ahora su contenido se me antoja como más comprensible.
 
- No te engañes, quien ha evolucionado has sido tú. Delibes escribió ese libro hace mucho tiempo, pero tú seguramente te sientes más próximo al protagonista de la narración, que se jubila y afronta lo que se le antoja como la recta final de su vida. Pero lo que al principio parecen tonos sombríos, Delibes los trató con tal cuidado y ternura que el lector sigue con interés y comprensión la historia. Fíjate, compararía ese tratamiento con la forma en que Paul Auster trató la historia del protagonista enfermo de cáncer en su libro “Brooklyn Follies”. Además veo que es de libros RTV, una colección que fue famosa y asequible en su tiempo. Mi padre también los compraba y yo los heredé. Todavía los tengo.

- ¡Oye, oye! Y si los tienes todos, ¿no tendrás por casualidad uno de Pío Baroja, que se llama “La Busca”? ¿Y me lo dejas? Te prometo que lo trataré bien.
 
- Seguro que si, puesto que tengo toda la colección. Te lo dejo si me invitas a una cerveza.
 
- Vale, pero yo me tomare un a infusión. Por cierto, yo si que he evolucionado, pero también lo ha hecho todo. En la época que refleja el libro de Delibes, el jubilarse parecía la antesala del fin de la vida. Ahora ya no es así. Las personas mayores afrontan esa etapa con muchas ganas de disfrutar y aprender. Esta mañana ha venido a verme un ex colega – bastante mayor que yo ¿eh? - muy ilusionado porqué está participando en actividades que organizan en el centro cívico. Entre ellas, se han inscrito su mujer y el a un crucero por el Báltico que se realizará en el mes de Junio. Y no solo en el campo del ocio, también se están organizando para constituirse en un grupo de presión que venga a defender a las personas mayores del escaso interés que les demuestran la administración y los políticos salvo para votar claro…

- Parece interesante. ¿Vas a hacer algo tu?
 
- No se. Ya veremos. Conchaaaa, ¿nos traes algo para beber?
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