24 enero 2010

Periodistas y periódicos


Hola Antonio.
Hola Mario, ¿Qué haces?
Pues ya ves, leyendo el periódico como cada día.
Oye y con lo aficionado que eres a los temas informáticos, ¿Cómo es que te veo siempre con el periódico de papel y no te aficionas a leer los periódicos digitales que hay disponibles a través de Internet?
Ya. A mi es que me gusta tocar el papel y extenderlo y sobarlo y de vez en cuando también hago algún crucigrama. Y también lo lleno de anotaciones, para mi mismo claro, como si estuviese conversando con el propio periódico. Muchas veces tan solo leo los titulares, porqué el contenido de las noticias más importantes ya lo he oído por la radio. Pero no soy capaz de renunciar a esta sensación rutinaria y cotidiana.
Pues como se está poniendo todo, es un gasto más diario.
Bueno, no pienses ¿eh?, que tarde o temprano en Internet también te pretenderán cobrar por leer los periódicos digitales. Mira, en el futuro seguramente se irá cambiando y en lugar de libros, revistas y periódicos de papel, tendremos simples ordenadores portátiles, con conexión autónoma a la red, que nos ofrecerán toda clase de lecturas, noticias, artículos, televisión, ocio, películas, en fin que la tecnología cambiará sustancialmente nuestra manera de recibir y usar la información. Y por ello lo lógico será que cobren por ese servicio.
De hecho esto ya está en marcha ¿no? Los e-books que están empezando a arrancar y en breve se convertirán en el regalo estrella de cualquier celebración entre la gente, son el inicio de lo que tu dices. Pero yo la verdad prefiero aún sostener un libro o una revista en las manos y recrearme en su lectura, a llevar encima una pantalla de cristal líquido.
Coincido contigo, a mi también me gusta esta sensación casi reverencial. Aunque hay que reconocerle muchas ventajas al e-book (¿porqué no le llamamos libro electrónico?) en el terreno práctico. Por ejemplo en materia de libros de texto, seguramente para los niños o la gente que estudia supondrá un alivio no tener que cargar con kilos y kilos de papel.
A mi también me parece una soberana tontería que nos llenen de anglicismos cuando tenemos riqueza idiomática suficiente para definir o ponerle nombre a cualquier cosa, pero claro, es la moda. Los medios van llenos de palabras que la mayor parte de la gente no entiende que quieren decir y además les da vergüenza preguntarlo. Volviendo a los libros electrónicos, está claro que otra ventaja es la del poco espacio que ocupa la cultura con ellos y habida cuenta de la cada vez más rancia superficie de las viviendas, esto también tiene su pro. ¿Quién se puede permitir tener una extensa biblioteca en su casa? Va, ¿hay algo de interesante en el periódico?
¿Qué te voy a decir? De interesante mucho, de satisfactorio poca cosa, a pesar de que últimamente parece que algunos periódicos, emisoras o canales de televisión se esfuercen en dar mejores o más positivas noticias o tratan de tamizar el impacto de las malas. Otros en cambio buscan siempre ofrecer la versión más escandalosa, la imagen más morbosa o impactante, a pesar de que no venga mucho a cuento, incluso faltando al respeto a las personas que aparecen en ellas. Días atrás, en relación con la catástrofe de Haití, tanto por la prensa escrita como por televisión o Internet nos han llenado de fotografías de muertos o heridos en estado penoso. Recuerdo especialmente la foto de una niña aparentemente adolescente, muerta, a quien la virulencia desencadenada en el momento de la muerte había arrancado parte de la ropa y el fotógrafo había buscado un ángulo para la fotografía que me pareció totalmente irrespetuoso con la pobre niña. Ya sabes que no soy ningún mojigato, pero cada circunstancia debe tener sus pautas. No creo que aportase nada a los lectores la imagen que comento.
Se busca constantemente el sensacionalismo. Y si no hay suficiente con el dramatismo de lo real, se busca la elevación a noticia de cualquier cosa banal. No es una cosa nueva, el escándalo existe desde siempre, pero lo que lo magnifica es la tremenda capacidad de difusión que hay actualmente, que nos hace vivir casi al instante y con todo lujo de detalles sucesos reales o creados ex profeso por los mercaderes de los medios. Mira yo el periódico ya sabes que lo leo con profundidad los domingos; pues bien, ayer estaba enfrascado en mi lectura y me dio por pensar en que ocurriría si desaparecieran de golpe y porrazo algunos de los espacios habituales que contiene y llegué a la conclusión de que no me daría ni cuenta. Por ejemplo, ayer venía un artículo de Joan de Sagarra, pretendido cronista de la ciudad de Barcelona, cuyo máximo interés parecía estribar en la narración de cómo entre la visita a la exposición de Quim Monzó (otro que tal, sin desmerecer su capacidad como escritor) y la cena en Can Josep, con el ínclito Monzó y con Pedro Madueño, se ventilaron un montón de Jamesons y un par de botellas de Gotim Bru. ¿Pero, a quien coño le interesa esto? Sin menospreciar el restaurante totalmente recomendable y que yo ya había descubierto antes seguramente que el tal Joan de Sagarra. O la sección de chistes surrealistas de Krahn, incluidos en el Magazine dominical. O la columna de Lucia Etxebarria. O los artículos tratando de exponer temas de enfoque social, destacando la marginalidad y la pobreza, al lado de espacios glosando y valorando mercaderías de lujo, como ordenadores, teléfonos, equipos de alta fidelidad, vestidos o complementos súper caros, viviendas inalcanzables para la mayor parte de la población o gadgets y mobiliarios destinados a gente con muchas posibilidades.
Vaya, veo que no pareces tener muchas simpatías por las autores que citas. Pero hombre, tiene que haber de todo y no me parece mal que se publiciten los artículos lujosos, porqué posiblemente su elaboración da trabajo a muchos artesanos y empleados.
Si, pero no al lado de fotografías que demuestran que en este jodido planeta aún hay mucha gente que se muere de hambre o enfermedades que serían solucionables si no existiese tanto egoísmo. Pero ya hablaremos otro día de esto.
Bueno, bueno, tranquilo, creo que nos hace falta una cañita ¿no?
Vale.

1 comentario:

Cayo dijo...

Querido Jordi:

Ya te comenté hace tiempo que a mí esto de los blogs se me hace extraño y más aún invitarme a la fiesta con algún comentario propio. Siempre he pensado que explayarse sobre lo divino y lo humano corresponde a la esfera de lo privado y entre amigos contrastados. Sé que mi concepto sobre esta cuestión es bastante anacrónico (posiblemente también egocéntrico y posesivo) y entiendo que cuanta más gente aporte su granito de arena a un debate más se enriquece éste, más prismas de su poliédrico meollo aflorarán. Pero, genio y figura…; ya me conoces.
Entrando al trapo de tu escrito “Periodistas y periódicos”, debo decirte que lo suscribo casi en su totalidad. Yo no escucho la radio como tú y encuentro en la lectura diaria de la prensa mi fuente de información general. No entraré a comentar los tics de este o aquel autor: con el tiempo se les nota el pie que calzan; pero también debo reconocer, al margen de las ideologías que puedan representar (ellos y el periódico en el que escriben) que, normalmente, están más documentados que yo y lo saben exponer de manera entendedora.
Otra cuestión que tú apuntas son los criterios editoriales. Pues bien, si no estás de acuerdo con ellos deja de comprar esa cabecera. A mí también me molesta el número de páginas que se dedican a la publicidad ostentosa y, en ocasiones, obscena: el sistema capitalista tiene estas cosas. Hace semanas, en la portada de un magazine aparecía un señor conocido sentado en un sillón y con los zapatos apoyados sobre el mismo. Yo estaba pensando aquellos días en escribir una carta o presentar una queja advirtiendo de la actual costumbre de muchos jóvenes de apoyar su calzado en el asiento delantero de metro y autobús. Me desencanté. Si los medios elevan a moda permitida esta costumbre, qué puedo hacer yo. Con posterioridad nos hemos visto para cenar y, entre otras cosas, me comentabas que estás harto de reprender estas actitudes.
Yo no sé si, además de hacernos mayores, cosa cierta, también estamos levantando el vuelo hacia un limbo protector que nos inmunice contra todo aquello que, por nuestra concepción del mundo y de la convivencia, consideramos inadecuado (¿amoral quizás?). En la cena mencionada charlamos sobre la cuestión y posiblemente nos quedamos con un regusto a derrota (¿a impotencia quizás?). Quiero creer que no fue así. Que no debe de ser así. Pero, aunque me vienen a la mente las controversias que tenía con mis mayores a los que consideraba anticuados respecto a determinadas actitudes mías, la dura realidad de las respuestas de esta sociedad me confunden en extremo. Y no sé qué pensar. A lo mejor es que deseo entrar en ese limbo del que te hablaba para no tener que enfrentarme a la realidad.
Sin embargo, hoy viene un artículo en La Vanguardia que diserta sobre el concepto de resiliencia. Y creo que nuestro estado de ánimo tiene que captar este sentido de resistencia, de capacidad para encajar las adversidades y superarlas. Una especie de estoicismo que encapsule nuestro espíritu de manera transparente. Al menos para dejar nuestra impronta a los que nos rodean.
Y aquí acabo. Más charla en otras cenas, querido amigo.