13 septiembre 2009

DUBROVNIK

La primera noche que pasamos navegando. Nos asomamos varias veces a la cubierta para disfrutar del aire cálido de la noche y admirar una brillante luna, que yo tenía la sensación de que no estaba en su lugar habitual.


En el barco había constantemente cosas para hacer, para contemplar, espectáculos que ver. Esa noche tocaba un espectáculo, presentado en el Teatro Ibiza, de varietes que consistía en varias exhibiciones de funambulismo, magia, gimnasia, etc., todo ello culminado por un frenético can-can, al mejor estilo del Moulin Rouge. El teatro es una impresionante sala de gran capacidad, que tiene doble utilidad de teatro y de cabaret. En el espectáculo exhibió sus dotes como gimnasta quien fuera efímero marido de Carolina de Mónaco, Ivan Peres.


La mañana siguiente, ya miércoles, la dedicamos a la piscina y al jacuzzi. Magnifico invento esto del jacuzzi en la cubierta de un barco como el Grand Mistral. La fantástica sensación burbujeante se veía solamente interrumpida a veces por la afluencia de niños o niñas que se creían en una minipiscina, buceando, chapoteando y pisando a todos los que estábamos dentro.


Además hay dos piscinas, una de ellas configurada como Spa, con sus chorros de agua caliente y otra normal. También hay en la cubierta inmediata una piscina para niños, usada por los más pequeños, porqué la mayor parte prefiere utilizar las de mayores.


Sobre las 13,30 atracábamos en el puerto nuevo de Dubrovnik, donde nos esperaban unos autobuses para trasladarnos a la “perla del adriático”.


La guía nos explicó cómo era la ciudad y algo de su historia, pero también destacó enfáticamente la crisis que afectaba a la ciudad, con un elevado nivel de desempleo, pese a las fuertes ayudas de la UE que se invierten en infraestructuras, obras públicas y restauración.


Antes de llegar a la ciudad, los autobuses se detuvieron unos instantes en un mirador desde donde se apreciaba una de las más famosas vistas sobre el recinto enmurallado. Ahí no pude por menos de pensar en que tan solo hace 17 años esta ciudad, patrimonio de la UNESCO desde 1979, fue bombardeada intensamente durante 8 meses por la artillería yugoeslava, ocasionando 114 muertos, 35.000 desplazados y la destrucción de numerosos edificios. Sorprende ¿no? que la barbarie esté tan cerca de nosotros en nuestra hipercivilizada – pensamos – Europa. Siempre creemos que esto es cosa de países en otros continentes, pero nos sorprendería saber cómo la maldad puede estar muy próxima, porqué no se trata de una exclusividad de nadie. Las eclosiones de violencia, el desprecio por la vida humana, la falta de respeto hacia las creencias y los valores de otras personas….en fin no voy a embarcarme aquí en tratar sobre algo que merecería un análisis más profundo en otro espacio.



Después el autobús nos dejó delante de la entrada a dicho recinto, por el puente de Pila e iniciamos la visita tras la guía, caminando por la calle principal, la Stradun.


La arquitectura gótica está profusamente presente en todos los edificios de la ciudad intramuros. A destacar la fuente de Onofrio, el Monasterio franciscano, el palacio Sponza y la catedral.


La ciudad destacó en la edad media, puesto que constituyó un nudo comercial muy importante, catapultada en tiempos de la dominación veneciana – unos 153 años – y después durante la dependencia de la coalición hungaro-croata. Posteriormente, tras la derrota de esta coalición por los turcos, Dubrovnik pasó a ser una ciudad estado tributaria del imperio otomano, aunque ello no obstaculizaba el que siguiese con su propia organización de gobierno, su política exterior y su proyección comercial.


Durante esa época desarrolló una potente flota con la que mantenía relaciones importantes con algunos países europeos, transportando minerales desde Bosnia y Serbia a España, Francia e Italia. Curiosamente, importaba grandes cantidades de lana desde Catalunya, para elaborar paños y tejidos que luego reexportaba los antes citados países y también a otros orientales.


Visitamos el Monasterio franciscano, donde se ubica la farmacia más antigua de Europa – según la guía. Siempre había creído que este título recaía en la farmacia – museo de Llivia, de la que se tiene constancia escrita desde el año 1594. Puede ser que la actividad como tal se remonte más lejos. Pero la información documentada sobre la farmacia de Dubrovnik se remonta al año 1317.


A media tarde, ya agotados por el calor, decidimos anticipar el regreso al barco y pasando aún por el puerto, lleno de turistas griegos en aquel momento, callejeamos por las estrechas vías de la ciudad, atravesándola en sentido inverso al que habíamos venido.


Curioseamos un poco por las abundantes tiendas de todo tipo, preferentemente orientadas a los visitantes y terminamos la visita premiándonos con una ansiada cerveza.


De regreso al barco, cenamos y asistimos al espectáculo teatral del día, en esta ocasión monólogos de humor a cargo de un humorista que no conocíamos, Joan Domínguez y que nos hizo reír francamente a mandíbula batiente.


Y ya se sabe, como decía aquella famosa revista: la risa, remedio infalible.


2 comentarios:

xatevexo dijo...

estupendo los post del viaje aunque estoy seguro de que podrías escribirlos mas detallados y extensos pero lo has hecho como acortados, queriendo ahorrarnos trabajo de lectura, no lo hagas.

me parecio ver en el trasfondo de ellos mucho mas material para contar.

de lo que no dudo es de que en alguna parte del viaje, en una escondida callejuela, en algún recoveco de alguna plaza, tal vez en algun paisaje, o monasterio, habrás "visto" o sentido algo, real o no, pero que los demas no pudieron ver ni sentir.

esperamos que nos lo cuentes en otro post.

a ver si es verdad.

xmbs

Jordi Nounou dijo...

Hola amigo, tienes razón, viajando por esos lugares se ven, pero sobre todo se intuyen muchas cosas. No obstante de momento solo quiero narrar una impresión "epidérmica". Luego ya veremos...Un abrazo