23 septiembre 2009

CORFU


Jueves. Hoy por la mañana temprano he querido ir al gimnasio del barco. Es como cualquier otro gimnasio, pero el amplio ventanal que hay en la parte frontal de las instalaciones es como un balcón sobre el mar, mirando hacia la proa.

Las bicicletas estáticas están instaladas ante ese ventanal, con lo que al pedalear te da la sensación que estás impulsando el barco. Eso si, con mucha imaginación.

Nos dirigíamos hacia Corfú. A babor teníamos la costa de Albania, muy cercana al atravesar el estrecho del mismo nombre que la isla.  El barco entró lentamente en una ensenada majestuosa, navegando por un mar muy calmo, delante la isla de Ptychia y entramos en el puerto de Kerkira.

La isla fue la última que Ulises visitó antes de llegar a Itaca. Contemplando el perfil costero no podía evitar pensar en los versos de Kavafis:


Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas


Bueno, un viaje turístico como el que estábamos haciendo no era comparable con el viaje de Ulises. Pero todo viaje, incluso el más sencillo y falto de riesgo a bordo de un civilizado crucero tiene mucho que ofrecerte. Si tienes curiosidad, si tienes inquietud por conocer y si tienes el mínimo interés por contemplar con ojos abiertos, descubrirás a tu alrededor muchas Itacas.

Entre las visitas teníamos para elegir entre

El palacio de Achillon – en honor de Aquiles - donde residió en temporadas veraniegas la emperatriz Sissi. Pero de la políglota, neurasténica y viajera  Sissi se me ha quedado la imagen de Romy Schneider en su ambiente austriaco, (aunque la emperatriz nació en Munich) y pensé que sería mejor que permaneciera en mi memoria asociada a aquellas tierras de nieve en invierno y grandes castillos románticos, más que asociada a la luz y al azul mediterráneos,

o

Las playas de Paleokastritsa  en la costa oeste, junto con el monasterio de Theotokos, más una visita a la capital de la isla. Nos sedujo más esta posibilidad y nuevamente un autobús nos llevó a nuestro destino.

Corfú es una isla encantadora y lamentamos no haber tenido más tiempo para visitarla con mayor detenimiento. Lo que pudimos ver desde el autobús nos mostró una densa vegetación, con abundancia de pino mediterráneo, cipreses y palmeras, mientras atravesábamos la isla para asomarnos a unos paisajes impresionantes desde el monasterio de Teothokos.


El monasterio no es demasiado grande, es luminoso y recoleto, encaramado en un promontorio desde el que se dominan las numerosas playas y calas de los alrededores y bañado por la fulgurante luz. La capilla tiene todo el sabor de las iglesias ortodoxas, con el contraste de blancos, sombras y dorados habitual. Hay además un pequeño museo de obras religiosas, pero en el que destacan también unas formidables mandíbulas de orca.



Este monasterio y  sus alrededores han sido objeto de la visita  de muchos escritores y poetas, como por ejemplo Goethe, Oscar Wilde,  Henry Miller, Lawrence Durrell (permaneciendo en la isla Durrell escribió su famoso Cuarteto de Alejandria) y hasta nuestro propio Alberti, que glosó su visita al monasterio en un artículo periodístico a mediados de los ochenta.


Para llegar al monasterio se sube por una estrecha, empinada y curvilínea carretera, que en algunos tramos no permite la coincidencia de dos autobuses en sentido opuesto y que los conductores acometen con una alegría y seguridad que pone los pelos de punta. Debe ser una cuestión isleña, .porqué  también tuvimos oportunidad de comprobar semejante actitud cuando años atrás visitamos Capri.


Después de Paleokastritsa regresamos a la capital, Corfú, o Kerkira como se llama en griego. Se trata de una ciudad muy interesante en cuyas edificaciones se observan los rastros de las circunstancias históricas por las que ha atravesado. Sucesivamente la isla ha sido ocupada y controlada por griegos, romanos,  Normandos, arabes, bizantinos, venecianos, ingleses - incluso fue protectorado británico – franceses, italianos, alemanes y finalmente, desde que fue liberada de los alemanes en la 2ª guerra mundial, quedo en la esfera del mundo griego.


En Corfú tuvo lugar uno más de los episodios tristes y penosos que suelen ocurrir en las guerras. Los soldados italianos fueron masacrados por los alemanes a partir del momento en que se conoció la firma del armisticio entre los aliados y los italianos. La mayor parte, miles, no murieron en el campo de batalla, sino fusilados por los alemanes..

Volviendo a Kerkira, la primera impresión la tuvimos viendo la fortaleza construida por los venecianos en la que de tanto en cuanto se aprecian esculturas del león de San Marcos, como elemento reafirmante del poder de la república.



Luego nos dejamos llevar por la riada de gente que andaba por las calles marcadamente comerciales del casco antiguo, que es Patrimonio de la Humanidad desde el año 2007. La mayor parte de las tiendas están orientadas al turismo y predomina la oferta de aceitunas, aceite, licores típicos (el de quinoto es una curiosidad, porqué está hecho a partir de una planta japonesa implantada por los ingleses en el siglo XVIII) y esponjas naturales, aparte de los clásicos productos manufacturados como recuerdo.

Y así, curioseando entre las tiendas nos dio la hora de regresar al punto de embarque, sin más tiempo que el de tomarnos una Mythos que seguramente no es la mejor cerveza del mundo, pero con lo fresquita que estaba nos supo como se dice vulgarmente a gloria bendita.

En el barco se celebraba aquella noche el cóctel de gala, invitación del capitán, Antonio Modaffari y que tuvo lugar en el teatro Ibiza. Como nunca habíamos asistido a un acto de este tipo, nos engalanamos a nuestra vez (la segunda ocasión en que he vestido corbata desde hace dos años) y asistimos con curiosidad a la celebración. Bueno, el cóctel no fue nada del otro mundo, pero la presentación del capitán si estuvo bien. 


Al más puro estilo del mundo del espectáculo fue presentando a sus ayudantes, tanto los que se ocupan de las cuestiones náuticas, como  los que se responsabilizan del buen funcionamiento de la nave como hotel flotante. Tan solo el jefe de cocinas – de toda la estructura de restauración – y una de las dos responsables de relaciones públicas son españoles. El resto del personal de mando en navegación o directivo son italianos, argentinos, bolivianos, etc.












Internautas delante de la ciudadela de Corfú. La pasión por Internet….

2 comentarios:

Jerónimo dijo...

Hola Jordi !. Una pregunta o comentario: para un marinero como tú, aficionado, practicante y navegante, supongo que habrás tenido setimientos encontrados entre ser un turista inmerso en un gran navío y tu experiencia con tu barco en la mar.

Jordi Manzanera Bertràn dijo...

Jejeje, ya intenté que el capitán me dejará gobernar el Grand Mistral, aunque fuera solo un ratito. Pero que no, que era un pesado y que lo iba a echar a pique y no me dejó ni entrar en el puente de mando. Al final me tuve que resignar, pero de verdad que me hubiera hecho gracia. Eso si, le cosí a preguntas.