17 abril 2009

Sentado en el muelle

De pequeño me escapaba cuando podía al puerto, que tenía cerca de casa. Allí pasaba muchas horas, sentado en el muelle, con los pies colgando sobre un agua sucia e irisada, en la que flotaban todo tipo de detritus, botellas, ratas muertas, condones... Y mirando un paisaje urbano que entonces era bastante distinto: los grandes barcos mercantes atracados, donde hoy en día solo hay yates. Los tinglados donde se almacenaban las mercancias, con un incesante tráfico de gruas y "toros" entre los barcos y los almacenes.

Y yo miraba hacia la bocana, pensando en los paises extraños que habría al otro lado del mar. Levantaba la vista hacia la estatua de Colón con su brazo extendido y el dedo señalando hacia la hipotética dirección de Las Américas y sentía un estremecimiento al pensar en todo lo aún desconocido pero presentido por mi.

Aún recuerdo que estaba allí cuando llego el Semiramis, sin entender porqué estaba presente toda aquella gente y mucho menos el sentido de lo que estaba ocurriendo, ni, por descontado, qué habian hecho o de donde venian los que bajaban por las pasarelas del buque.

Cualquier día me voy al puerto, para sentarme otra vez en el muelle...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Recuerdos junto al mar...tu al menos,lo tienes cerca, yo en el corazón y la memoria de una niñez junto al Cantabrico, tambien sentado en el muelle de una lejana Ribadesella donde me crie,tambien imaginando mil historias de viajes, tambien amando el mar, la mar, como la llaman los marineros, en femenino, como a una madre, como a una mujer amada y temida.Te envidio,¡la tienes tan cerca!
Ahhh...FELICIDADES hoy es San Jordi. Un abrazo.
CORRECAMINOS.