10 de juliol 2007

8 DE JULIO – EL AYUNTAMIENTO Y TU

Un día los vecinos de la calle Deu i Mata de Barcelona al salir de sus casas, encontraron algo que antes no estaba allí. Unas líneas blancas en el suelo dividían la calle en dos, pero no toda, solo el tramo desde la Av. De Sarria hasta la entrada del parking del Edificio Atalaya y en este tramo la dirección era contraria a la del resto de la calle.

Como no sabían nada de esta modificación urbanística, se dirigieron al Ayuntamiento para que les explicase los motivos de este cambio, a lo que los servicios de urbanismo les contestaron que se había hecho para evitar atascos en la Av. de Sarria.

Yo me maravillo de la capacidad que tienen los poderes fácticos de las ciudades para tratarnos de tontos, para decir algo suave.

No creo que haga falta explicarse mucho. ¿Quién se puede creer que este desaguisado urbanístico está destinado a evitar atascos? Mucho les importa en otros lugares de la ciudad y por otra parte la instalación de un doble sentido en una calle estrecha como esta, ¿no aumenta el riesgo de colisiones frontales?

Ante cuestiones de esta guisa, a uno le quedan un montón de dudas, entre ellas:

1- Un Ayuntamiento, amparado por la promulgación de normas de obligado cumplimiento para los ciudadanos, ¿puede hacer siempre aquello que le venga en gana? Ver por ejemplo el tema del TGV por el centro de la ciudad.

2- ¿A quien beneficia este cambio de sentido en la calle Deu i Mata? Sabiendo que en el edificio Atalaya hay unas oficinas pertenecientes a un Departamento de la Generalitat, ¿no será este el verdadero motivo, el de facilitar que quienes acudan a dicho parking no tengan que dar la vuelta por Travesera de las Corts y Calle Numancia?

3- Hay multitud de edificios, habitados por particulares eso si, cuyas entradas están situadas de forma que quienes acceden a las mismas han de dar importantes rodeos. ¿No tienen derecho estas personas a que se les facilite la entrada a su domicilio mediante soluciones similares a las de la Calle Deu i Mata?

En fin, no soy partidario de que las autoridades se plieguen a peticiones interesadas de minorías, pero desde luego deberían de tener oídos prestos a lo que respira la ciudadanía y no aplicar el autoritarismo para introducir cambios urbanísticos de difícil aceptación.

Porqué uno de los resultados de este comportamiento es del de convertir la ciudad en un ente agobiante, en lugar de la ciudad amable y atractiva que se pretende.

Pero seguro que mañana será otro día.