09 julio 2007

6 DE JULIO – ¿HAY QUE AGUANTARSE?


A Trallero le parece mal que no se pueda entrar en Boadas vistiendo pantalón corto, porqué según afirma el mismo es un devoto del pantalón corto desde que el verano asoma sus rigores.

Bueno. Me parece bien que le guste ir en pantalón corto, pero en lugar de ir a Boadas, ¿por qué no se va a tomar su cóctel a un chiringuito de la playa?

¿Todo vale? Ya se, ya se que el mundo cambia. Y muchas de las cosas que cambian son a mejor. Pero hay otras que son a peor, o por lo menos a mi me lo parece. Hay situaciones que tienen su liturgia y a mi me gustan así y creo que como a mi también les gustan a mucha gente. No veo que deban de cambiar.

Y en todo caso, el mundo es ancho y hay cancha para todos. ¿Por qué se le tiene que poner en las narices a alguien que han de servirle obligatoriamente un cóctel en Boadas, yendo en pantalón corto, habiendo tantos sitios donde puede ir y no le van a poner ninguna pega?

Pero, pareciéndome mal la insistencia del sujeto que pretendía que le sirviesen estando vestido de esta guisa, lo que me parece fatal es la intervención del Ayuntamiento de Barcelona para obligar a la dueña de Boadas a que acepte esta situación. O sea que lo del “Reservado el derecho de admisión” no vale.

Imaginemos por un momento que se le pone entre ceja y ceja a una persona el ir a un concierto en el Palau de la Música Catalana, yendo también en pantalón corto. Hasta ahí parece que no hemos llegado, pero con este precedente ¿Quién se lo puede negar?

Ya se, ya se que parece que estoy exagerando y que más de uno al leerme pensará “anda el carca este…”. Pero, al tiempo.

Días atrás tuve que pasar por delante de “La Pedrera” en el Paseo de Gracia, más o menos hacia el mediodía y justo ante la puerta del chaflán había una pareja que se estaba haciendo una fotografía. La escena era de lo más normal, porqué había muchas otras personas que estaban haciendo algo parecido. La única diferencia estaba en que ella iba en bikini, como si estuviese en la Playa de la Barceloneta. Miré a mí alrededor para ver si se trataba del rodaje de algún anuncio, o de algún programa de cámara oculta.

Pero no, se trataba de una pareja de turistas haciéndose una foto delante de La Pedrera, edificio que la gente de esta ciudad veneramos como parte importante de nuestra cultura, sintiendo un enorme respeto hacia este edificio y hacia la memoria de quien lo creó.

No pasa nada. Porqué nadie les dijo nada y seguramente mucha gente que pasaba pensaría que era inadecuado, pero nadie dijo nada, ni yo tampoco. Eso es lo que ocurre, en definitiva no vale la pena decir nada ya que esto no es tan importante y hasta nos hace gracia.

Pero claro, si nadie dice nada, los protagonistas no se apercibirán nunca que esto puede no ser correcto o que hay personas que pueden no sentirse cómodas compartiendo espacio con otras vestidas o desvestidas de esta guisa. Y cuidado, que también encuentro mal la conducta de aquellas personas que van a una playa nudista y permanecen con su traje de baño puesto.

La cuestión está en si se lo tengo que decir yo o algún otro transeúnte. O debería ser el representante de alguien con autoridad, o sea el Ayuntamiento de Barcelona, pero claro si este alguien con autoridad a quien va a llamar la atención es a quien, como la dueña de Boadas, intentan evitar que sus clientes tradsicionales soporten esta situación…pues estamos arreglados.

Claro que seguramente los agentes de la autoridad estarán más ocupados poniendo multas a los coches particulares mal aparcados en las zonas de carga y descarga, que esto si que afea a la ciudad.

Pero en fin, mañana será otro día.

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