04 febrero 2007

¡Teno miedo!


¡Teno miedo! ¡Teno miedo! La niña pintaba en su cara una expresión de angustia, mientras se agarraba a la cabeza de su padre, un chico fortachón y alto que la había subido a sus hombros.

Yo miraba la escena, acordándome de mis nietas que reaccionan de la misma manera. La diferencia estaba en los rasgos de la chiquilla, francamente orientales y con esa armonía que los ingleses saben definir muy bien diciendo que una niña es “cute like a button” (una monada).

Y ayer vi un documental sobre la explotación de las trabajadoras en una fábrica de tejanos china. Una de ellas no podía regresar a su casa por año nuevo, debido a que no le habían pagado lo suficiente como para tener dinero para el viaje, pese a haber trabajado día y noche (literalmente) a fin de que el encargo que había recibido la fábrica estuviese a punto en la fecha solicitada.

La niña, una china muy joven, diría yo adolescente, rememoraba con tristeza los ritos tradicionales que su familia acostumbraba a realizar por Año Nuevo y que en esta ocasión se los perdería. Sus emociones podían ser las de cualquier habitante de este planeta que se pierda similar ocasión, sea Año Nuevo, Navidades el Día de Acción de Gracias, o el Ramadán. No se muy bien si este último es el caso, desde el punto de vista de celebración, perdón por mi ignorancia.

Todos los seres humanos son iguales. Tiene las mismas emociones y son capaces de las mismas acciones positivas o negativas. Es la cultura y el ambiente lo que determinan pautas de conducta que pueden oscilar desde la extrema solidaridad hasta la más terrible explotación y maltrato a otros seres humanos generados por el odio o la ambición. Por eso me subleva leer en el periódico de ayer que en Holanda varias personas han rechazado la intervención como oficiante para su boda del hombre que debía hacerlo, solo por el hecho de que era negro.

Me vuelve a la memoria la escena del otro día. Una vez en el suelo la niña vio a su madre, que estaba a mis espaldas. Se le iluminó la cara y fue corriendo a abrazarla. Como también hacen mis nietas. Me volví hacia su padre y le dije: hay cosas que valen la pena ¿no?

1 comentario:

DANI dijo...

No nos puede extrañar nada de eso, cuando entre nosotros mismos, que somos del mismo pais nos odiamos por la simple razón de ser de una comunidad autónoma diferente, haciéndonos boicots y tonterias de este estilo, como no se va a tratar a los que ni siquiera tienen nuestros mismos rasgos.

Hasta pronto.