08 noviembre 2005

DESDE LEJOS

Motivos de trabajo me han llevado a Estambul. Es una ciudad que ya conocía y que me encanta.

Encrucijada entre Oriente y Occidente, observo en ella la pujanza emergente de una sociedad que busca un sitio mejor en el concierto de las naciones occidentales y para ello creo que está haciendo un notable esfuerzo.

En los diez años transcurridos desde que estuvimos aqui mi mujer y yo la vez anterior, las diferencias que detecto son notables, unas para bien, creo notar un mejor bienestar económico y otras para no tan bien, como los apabullantes atascos de tráfico.

He leido este verano pasado dos libros de Omahn Pamuk, el escritor turco candidato al premio Nobel, que no dudo en recomendar. Paseando por las callejuelas en los alrededores del Gran Bazar o en la Plaza del Hipódromo, delante de la Mezquita Azul y circulando por las avenidas de Taksim, la Istiklâl Cadessi o en Galatasaray, he rememorado los citados libros en algunos de sus pasajes y he cerrado los ojos, mania mía que me gusta hacer cuando visito un lugar sobre el que he leido, para tratar de ver pintados en la mente y en su escenario real los personajes sobre quienes he leido.

Estambul o la antigua Constantinopla, ha sido elegida con mucha frecuencia como marco para narraciones unas veces mas cercanas y otras más alejadas a la realidad, pero casi siempre con conexiones a su abundante y rica historia. Me viene ahora a la memoria "De parte de la Princesa muerta", parte de cuya acción centrada en la realeza turca y en el Palacio de Dolmabaçe, nos deparó en la anterior visita vivencias como las que he referido para los libros de Pamuck.

Jordi Nounou

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